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La 31 de festejo: egresó la primera camada de maestras del Dorita

Las primeras siete docentes de primaria formadas en la villa 31 celebraron su acto de egreso el sábado a la noche junto al colectivo del profesorado Dorita Acosta. El evento contó con la presencia de la legisladora porteña y ex rectora de la institución, Maru Bielli, Norita Cortiñas y la directora de la Escuela Isauro Arancibia, Susana Reyes.

 

“Ahí van las chicas del Dorita”, señalan quienes las reconocen en las escuelas. Esta vez, las maestras visten un guardapolvo de fiesta, con detalles de colores vivos y el tejido tradicional andino en sus bolsillos. Ingresan al salón sobre zapatos altos o sandalias, entre gritos y aplausos. Saludan a sus familiares, vecinxs, amigxs y compañerxs, se golpean el pecho y alzan los dedos en V. En sus cuellos llevan un dije con el rostro de Dora Acosta, la educadora del barrio Carlos Mugica desaparecida durante la dictadura cívico-militar a quien le rinde homenaje el profesorado popular que lleva su nombre. Se trata de la primera institución terciaria en la villa 31, un proyecto sin precedentes pero nutrido de múltiples experiencias. “Como decía Evita, donde hay una necesidad, nace un derecho”, afirma una de las autoridades entre sollozos y remata: “Tenemos las primeras siete docentes formadas en una villa de la ciudad y una patria más justa”. 

“El nombre de Dorita nos recuerda muchos nombres y nos emociona. Este barrio donde militaba Gustavo me llena de emoción y agradecimiento a todos y todas por mantener viva la memoria”. La voz de Norita Cortiñas al micrófono tiembla al nombrar a su hijo. La madre de Plaza de mayo alza el puño, el público se para y responde: “30 mil compañeros detenidos-desaparecidos, presentes”. 

Tras la apertura con las banderas de ceremonia -la wiphala, la de Argentina, Perú, Bolivia y Paraguay- y el reconocimiento al equipo docente del profesorado, las anfitrionas suben al escenario a recibir su diploma acompañadas de sus familias. Además de las ovaciones, se escucha la canción “Un derecho de nacimiento” de Natalia Lafourcade. La mayoría son madres, pero fue una decisión política que ninguna quedara fuera de las aulas por esa condición. Desde el año pasado, el Jardín de Infantes Sueños Bajitos de la villa 31 bis le presta sus instalaciones al Dorita que lleva adelante un espacio pedagógico y de cuidado para les hijes de las estudiantes. 

“Por allá, en el 2014, vinieron unos locos y unas locas a formar maestros y maestras de primaria. No les creímos porque tampoco creemos en nosotras y en nosotros. No creemos que por vivir en un barrio humilde tenemos la posibilidad de acceder a la educación terciaria. Estoy sin palabras, emocionada, porque nunca pensé que me iba a recibir de maestra y acá estamos. Con un colectivo hermoso que nos enseñó que sin amor no hay nada”, dice Gise, una de las egresadas que es maestra comunitaria en un Centro de Actividades Infantiles (CAI) de su barrio, programa del área Escuela Abierta del Ministerio de Educación de Ciudad. 

El día lo arrancó como más le gusta: rodeada de niñes y coordinando juegos recreativos, como parte del cierre del año del CAI en un parque. Su compañera Rosa, otra de las graduadas, trabaja codo a codo con ella en el mismo espacio en la promoción de los derechos de las infancias y la ESI. Articulan su tarea pedagógica con las familias, los colegios y otras instituciones por las que transitan cotidianamente los chicos y chicas. Promueven una mirada situada e integral que lxs alienta a tomar la palabra y ser protagonistas de sus procesos de aprendizaje. Entre sus próximos planes con el título en mano, se encuentra el de llevar esa experiencia y perspectiva territorial a las aulas de las escuelas públicas. 

Esta noche, Rosa celebra con su pareja e hijxs y elige a su mamá para que le entregue el diploma. “Es una mujer admirable a la cual amo profundamente, que me inculcó siempre el respeto y la lucha y tuvo que dejar muchas cosas para estar aquí conmigo hoy en el final de esta etapa, como nuestra tierra ”, explica en alusión a Bolivia. También le dirige unas palabras de agradecimiento a Norita, “la heroína” de su hija, mientras la pequeña le pasa un pañuelito por los ojos. 

“Gracias a ustedes estamos acá, llevando el nombre de nuestro barrio con mucho orgullo. Como te dije, María Bielli, hiciste la revolución en mí y estoy convencida de que este es el lugar en el que quiero estar. ‘Sí se puede’ pero en colectivo, si hay alguien que acompaña que nos brinde lo que realmente necesitamos”. La egresada elogia a sus compañerxs del Hormiguero y a lxs docentes, entre quienes se encuentran académicxs de la Facultad de Filosofía y Letras, casa de estudios con la que el Dorita firmó un convenio.

Desde abajo, dos de sus estudiantes de 10 años le hacen gestos y la buscan para felicitarla antes de que termine el acto, se saque el guarda polvo y luzca su vestido en el brindis y el baile. Hace semanas que le recuerdan a su mamá que el 14 “egresa la seño Rosa” y tienen que estar ahí. Aunque para ellas, que semana a semana juegan, aprenden y le comparten la intimidad de sus vidas, Rosa es maestra hace rato. Y, como pronunciará todo el Dorita luego, “desde hoy y para siempre, con cada una de nuestras recibidas, la educación es más democrática, popular y feminista”.

Fotos: ISFD Dora Acosta


Nació en julio de 1996. Estudia Ciencias de la Comunicación en la UBA. Trabaja en el Programa Lectura Mundi de la UNSAM y coordina talleres de expresión artística y de ESI para niñxs y adolescentes en el centro comunitario Detrás de Todo, villa 31 bis. Escribe sobre fútbol, literatura, feminismos, infancias, educación popular y violencias desde una perspectiva de derechos.

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