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Eso que llaman polvo mágico es cultura de la delga...

Eso que llaman polvo mágico es cultura de la delgadez

“Alimentarse no solo se trata de nutrir nuestro cuerpo físico. Somos seres pensantes, emocionales, sociales, que nos alimentamos socioculturalmente”

“Pese lo que pese”, Jesica Lavia y Paula Giménez

La Secretaría de Comercio Interior de la Nación, a cargo de Paula Español y a través de la Subsecretaría de Acciones para la Defensa de los Consumidores, imputó a los laboratorios Framingham Pharma y Formulab por presunta publicidad engañosa de sus productos Satial y Vientre Plano. La denuncia pone el foco en que se presentan como “suplementos dietarios” que aseguran bajar de peso manteniendo el consumo de alimentos con alto contenido calórico.

En ese sentido, las mencionadas empresas tienen un plazo de cinco días para presentar su descargo y se analizará si efectivamente hubo infracción. En caso de ser así, se enfrentan a multas que van desde los 500 mil a los 5 millones de pesos de acuerdo a la Ley de Defensa del Consumidor Nº 24.204.

Si bien la acusación sienta un precedente, muchxs profesionales de la salud salieron a manifestar su acuerdo con lo acontecido. No es nuevo que, desde hace tiempo, reconocidas influencers, conductoras y actrices promocionen en la televisión y en sus redes sociales el consumo de estos “polvos mágicos” para adelgazar. Desde la cuenta de Instagram “Bellamente”, se convocó a viralizar las redes, con el hashtag #connuestrasaludNO. “Un montón de gente se sumó compartiendo sus propias experiencias y manifestando su disconformidad”, dice Candela Yatche, fundadora y directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro “Bellamente”, en diálogo con Feminacida.

Ahora bien, ¿es suficiente la sanción aplicada? ¿Cuáles son los mitos que hay que derribar alrededor de la “cultura de las dietas”? ¿Cómo operan estos discursos en la salud? ¿Qué creencias erróneas se siguen sosteniendo alrededor de la comida y cuáles son sus consecuencias? ¿Cómo criticar al sistema desde adentro? ¿Por qué es urgente repensar la formación en salud mental y nutricional desde un enfoque de género? En esta nota, la opinión de cuatro expertas para profundizar en una problemática que sigue depositando el mandato de la delgadez centralmente en el cuerpo de las personas socializadas como mujeres y en las diversidades sexuales.

“Le pongo Satial y me lo como tranquilx”

Campaña publicitaria de Satial

“¿Qué nos están vendiendo? No nos venden sólo un producto que promete llegar al ‘cuerpo deseado’, sino que nos venden una ilusión para llegar a cumplir con ese ideal de belleza disfrazado de ‘salud y éxito’. Por otro lado, se sigue insistiendo en separar a los alimentos en saludables y no saludables. En la publicidad te muestran que este polvo se lo ponen a todos los alimentos que están considerados socialmente como ‘no saludables’ (un alfajor, una pizza, una factura), expresa a Feminacida la licenciada en Nutrición Lucrecia Francioni.

A su vez, la nutricionista remarca que este tipo de productos que ofrece el mercado de la cultura de la delgadez genera mayores sentimientos de culpa, preocupación excesiva por la imagen corporal, mayor autoexigencia por llegar a ser perfectxs, más ansiedad y pensamientos autodestructivos. “Más allá de las decisiones que se tomen, está bueno generar conciencia a nivel social y exigir responsabilidad por parte de los mensajes que emiten los medios de comunicación. Es imprescindible exigir el cuidado de nuestra salud, sobre todo de la población adolescente, que está ahí mirando ese contenido y es vulnerable a caer en el consumo”, manifiesta Candela y agrega: “La publicidad afecta a la sociedad en general, porque estas publicidades están destinadas a un público femenino y sabemos que las exigencias estéticas y el bajar de peso, se ponen mucho más en foco en las mujeres.” 

Por su parte, Lucía Levenberg, médica y psiquiatra sostiene: “En primer lugar, estoy en contra de que haya publicidades de fármacos, me parece criminal porque tienen que tener una justificación, una indicación. Lo que pasa es que al promocionarse de esta forma, la gente piensa que son más inofensivos de lo que son. Pero además en este caso, generan falsas expectativas en un sector de la población que sufre mucho, y muchas veces en esta búsqueda de atajos terminan siendo víctimas de estos productos”.

Tal como señala la profesional, detrás de la compra de estas “soluciones instantáneas” hay historias de frustración, de años de dietas restrictivas, sin los resultados esperados, de autoexigencia, de sufrimiento, de sacrificios, de Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP) no diagnosticado, de comentarios no solicitados sobre el cuerpx de unx, de maltrato profesional. “Lo que nos están vendiendo en realidad es un trastorno alimentario disfrazado”, indica Lucrecia y amplia: “Que el producto se llame Vientre Plano evidencia cómo la cultura de la delgadez nos atraviesa posicionándose en que es lo ‘correcto’ o lo que deberíamos hacer para ser felices y exitosxs. Estos mensajes presentan un peligro para la salud de la persona, porque no se tiene en cuenta el daño mental y psicológico que generan, provocan ansiedad, culpa, malestar, empeoran el vínculo que tiene esa persona con la comida y el cuerpo y tristemente potencian los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) generando control y obsesión hacia el ‘cuidado’ del cuerpo”.  

Según los datos que arroja la Asociación de Lucha contra la Bulimia y Anorexia (ALUBA), Argentina se ubica como el segundo país del mundo con más trastornos alimentarios. El primero en encabezar esta lista es Japón. No obstante, lxs especialistas dan cuenta de que no hay un registro estadístico actualizado. Además, en relación a la imagen, en nuestro país el 80 por ciento de las femeneidades no se sienten identificadas con las fotos que utilizan los medios de comunicación para ilustrarlas, ni tampoco con las representaciones que se ven en las publicidades. Mientras que un 78 por ciento ha manifestado su disconformidad en la utilización de fotografías que no representan su imagen y expresan su deseo de un cambio. Estos datos se desprenden de la campaña liderada por Dove, Getty Images y Girlgaze.

“Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), son enfermedades que requieren de un tratamiento con profesionales de la salud que trabajen idealmente, de manera interdisciplinaria. Un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) tiene su origen en un factor biológico, es decir, no cualquiera tiene un TCA, hay que tener la vulnerabilidad genética para que eso se active y ahí es donde entra toda la cuestión sociocultural”, aporta Lucía, mientras que la licenciada en Nutrición Victoria Arreses amplia: “Los Trastornos alimentarios (TA) son multifactoriales. Se tienen que dar muchos factores: la predisposición genética, el factor ambiental, el factor psicológico, el factor familiar, lo individual, lo social. En nuestro país, la anorexia nerviosa representa una de las enfermedades con mayor índice de mortalidad”.

Números que alarman: urge un abordaje integral,  multidisciplinar, sociocultural y con perspectiva de género

Para Candela, en Argentina se avala la delgadez y la construcción social de belleza se sostiene con todos los mensajes publicitarios y mediáticos. Las redes sociales ocupan un lugar estratégico en la construcción de esta belleza hegemónica. Si bien hace varios años la crítica hacia estos estándares inalcanzables se acentúa más, los activismos por la diversidad corporal ganan mayor visibilidad en las redes sociales, la Ley de Etiquetado Frontal está en plena disputa y desde el corriente año, se reglamentó la Ley 27.521 de Sistema Único Normalizador de Talles Nacional de Indumentaria (SUNITI). Al mismo tiempo, estas conquistas coexisten con los discursos gordoodiantes y pesocentristas. Abundan lxs profesionales de la salud cuyos abordajes son más tradicionales, se sigue asociando la delgadez como sinónimo de belleza y plenitud y, fundamentalmente, la mirada de lxs otrxs sobre el cuerpx ajeno sigue pesando.

“Me parece que lo que pasó con Satial es un comienzo, pero de por sí, tendría que haber más amparo, no solo desde la legislación, sino desde el Estado. Es decir, qué se permite y qué no respecto de estas cosas que son tan dañiñas y después nos cuestan tan caro al resto de la sociedad. Esto se redunda en ganancia para un sector y en pérdida para el otro. Los tratamientos de los Trastornos de la Conducta Alimentaria son muy caros, y consumen un montón de recursos. Debería haber una política pública para esto y con los TCA tiene que haber mucha más difusión”, detalla Lucía y concluye: “Está bueno que lxs profesionales de la salud nos hagamos un poco más cargo del rol que ocupamos en todo esto. No me cabe duda de que la salida es colectiva, no es individual y es política también, y para construir salud mental sí o sí hay que dar estos debates”.

“¿Qué cosas dejas de hacer por tu cuerpo por la mirada del otrx?”, indaga Lucrecia con sus consultantes . “Si al fin y al cabo esa mirada siempre va a estar. A mí personalmente me pasa que yo también tuve una historia con mi cuerpo, yo también fui paciente y desde ahí lo puedo sentir, cuando lx otrx me lo cuenta”, relata.

 Ilustración de Pink_Bits

Frenar, cuestionarse, darse cuenta

“La realidad es que nunca nos enseñaron a priorizar el autocuidado, nuestra alimentación y nuestro cuerpo. Todo lo contrario: nos enseñaron a castigarlo. Entonces cuando unx intenta ‘querer cuidarse’, es un freno en la vida de esa persona y es replantearse muchísimas cosas”, asegura Lucrecia y continúa: “Es un trabajo duro pero a la vez muy hermoso, la persona queda muy agradecida por encontrarse en ese lugar. Es necesario proponer otras formas que realmente sean amorosas y de cuidado con nosotrxs mismxs. Conectarnos con nuestro cuerpo, con nuestras señales de hambre y saciedad, con nuestro placer y disfrute”.

Por otro lado, las profesionales advierten la poca circulación de información respecto de los Trastornos de la Conducta Alimentaria. “Está faltando visibilizar y difundir las señales de alerta y qué cosas influyen negativamente. Lo más preocupante es la internalización de esta cultura dietante, ya que de chicxs crecemos con esta bajada de línea. Desde los cuatro años estamos recibiendo este tipo de información y la registramos. Unx niñx está constantemente bajo presión y el bullying también juega un papel preponderante”, explica Victoria.

Por su parte, Candela agrega: “Si no trabajamos en todo este factor sociocultural, es muy difícil sostener un cambio, es importante todo el movimiento que se está generando colectivamente. No vamos a cambiar ni prevenir trastornos alimentarios solo con el discurso de ‘ámate, acéptate’ de forma individual, porque esto tiene que ver con un cambio a nivel masivo. Es un proceso largo, pero ya comenzó y este es un muy buen punto de partida”.

Asimismo, Lucía sostiene que la perspectiva de género es fundamental para poder construir espacios más empáticos hacia las personas que sufren Trastornos de la Conducta Alimentaria y hacia la sociedad en general, en su conjunto, por eso urge que la perspectiva para trabajar estos temas sea feminista: “Me parece importante transmitir que lo saludable viene en todas las formas, en todos los cuerpos”.

Mientras tanto, desde “Bellamente” se anunció un nuevo proyecto que tiene como objetivo generar un mapeo de los centros de salud especializados en el país en los trastornos de la conducta alimentaria y además un guía de apoyo para brindarles herramientas a familiares y amigxs que tienen unx pariente con algún trastorno alimentario porque, según concluye Candela, “el apoyo es fundamental”. El proyecto podrá llevarse adelante gracias al aval del Ministerio de Salud y es fruto de convocatoria para la Promoción de la Salud Integral Adolescente y Juvenil del Ministerio de Salud de La Nación y Unicef.

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Anabela Morales eses Profesora en Comunicación Social (UNLP) y diplomada en Educación Sexual Integral en la Universidad de Buenos Aires. Co-creadora de Proyecto Marea Roja y Repensar la ESI. Forma parte de la ONG Faro Digital.

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