Bellas para morir

Una premisa atravesó la historia de la “belleza femenina” desde sus comienzos: “No perdonar a lo que no encaje”. De allí parte Esther Pineda G., socióloga, escritora y feminista, en su libro “Bellas para morir” y hace un recorrido acerca de cómo se configuraron las representaciones y estereotipos de belleza desde la antigüedad hasta los tiempos que corren.

Si es posible identificar distintos modelos de belleza predominantes según cada época, quiere decir que éstos fueron construidos según diversos criterios pero con un punto en común: lo definieron los hombres, que son quienes detentan el poder político, económico y cultural.

¿Qué es la violencia estética? ¿Cómo, repensar esos procesos, puede contribuir a desarmar esas construcciones? ¿Qué rol tienen los medios masivos en la profundización de estos estereotipos?

Desde Atenea y Cleopatra hasta las hermanas Kardashian y Kate Moss, pasando por Marilyn Monroe, las concepciones acerca de qué debe tener una mujer para ser bella se fueron modificando. Lo que nunca cambió fue la presión hacia las mujeres para alcanzar cánones imposibles.

Si bien, tal como explica la autora, fue en el siglo XVII cuando el cuerpo femenino se erigió como el único poseedor de belleza; fue a partir de la invención de la imprenta y, mucho más, con la masificación de los medios, desde donde más se bombardeó con estereotipos inalcanzables para las mujeres.

Cuando surgió el primer ideal de belleza en Estados Unidos fue divulgado masivamente, lo que logró una gran penetración y aceptación en el imaginario social. Desde los años ‘30 se inició un proceso sin retorno de cosificación de la mujer y, ya en los ‘80, se profundizó el culto por los cuerpos delgados.

Liposucciones, botox, cremas anticelulíticas, pastillas adelgazantes: los métodos para “embellecer” a las mujeres se fueron proliferando y perfeccionando cada vez más, pero también son prácticas que vienen de la prehistoria: en la antigua Roma se usaba cerusa para blanquear la piel y en China era muy popular el vendado de pies, práctica que provocaba necrosis, mutilaciones y discapacidades motoras.

Con el crecimiento de las industrias que lucran con las exigencias hacia las mujeres -como  la pornográfica, la farmacéutica, la cosmética, entre otras-, se intensificó la objetualización de las identidades feminizadas. Pineda explica: “Estas industrias han convertido a las mujeres en objetos de consumo, es decir, en la atractiva carnada que se ofrece junto al producto para que sea consumido”.

En la misma línea, completa: “Este conjunto de narrativas, representaciones, prácticas e instituciones que ejercen una presión perjudicial y formas de discriminación sobre las mujeres para obligarlas a responder al canon de belleza imperante, así como, el impacto que éste tiene en sus vidas, es lo que he denominado violencia estética; la cual además se fundamenta y erige sobre la base de premisas sexistas, gerontofóbicas, racistas y gordofóbicas”. Para dar cuenta de cómo impactan cada una de estas violencias, la autora hace un recorrido de cada una de ellas.

¿Qué procesos políticos, sociales, culturales y económicos contribuyen a esta cosificación de las mujeres y producen que se sometan a procedimientos estéticos que las pueden llevar a la muerte?

Pineda realiza un detallado análisis en el que desmenuza las razones por las cuales las mujeres incorporaron la preocupación por la belleza y la necesidad de una modificación estética. Esas son: los medios y la publicidad; las patologías de orden psicológico individual (ya que, dado a que se imponen expectativas inalcanzables, se produce en la estructura socio-psicológica de las niñas y las mujeres comparación, rechazo del cuerpo propio y subvaloración); la consolidación de la industria cosmética y la democratización de la cirugía estética; el establecimiento del canon de belleza femenino como una nueva forma de misoginia y la expectativa patriarcal y la violencia estética.

Sobre estos dos últimos puntos cabe una mención especial. Por un lado, los cánones de belleza alejan a las mujeres de los espacios públicos y de toma de decisión política, ya que se relegan a lo privado para cumplir todas esas exigencias. Como señala Pineda, “se profundiza una forma de dominación y control social sobre la mujer”.

En cuanto a la expectativa patriarcal, todas estas imposiciones hicieron que las mujeres llegaran a pensarse a sí mismas como algo para ser mirado y, con ese supuesto, muchos varones lo exigen como un elemento fundamental en la pareja, lo que implica una forma de violencia estética.

¿Por qué la belleza es una exigencia exclusivamente femenina y qué consecuencias tiene esto? Hacia el final del libro, Pineda hace algunas conclusiones y propone recomendaciones para desarmar estos procesos.

Son varios y muy diversos los efectos que tienen los modelos de belleza ficticios e inalcanzables para las mujeres: ansiedad, depresión, trastornos alimenticios, intervenciones quirúrgicas. Lo que tienen en común es que todos pueden llevar a la muerte. En este aspecto, la autora es tajante: “El machismo mata, con palabras y con balas, con golpes y con armas, con cuchillos y con hachas, con violencia explícita y solapada; pero los estereotipos de belleza que el machismo ha impuesto también matan”.

Si bien empiezan a aparecer propuestas y políticas públicas para contrarrestar esto, todavía son insuficientes y tienen que expandirse. Y en eso, propone Pineda, el feminismo tiene un rol fundamental. Para dejar de querer encajar y romper con los discursos que les inculcaron a las mujeres que lo más valioso es ser bellas, es necesario deconstruir esas ideas. “Desde el feminismo es importante trabajar en el proceso de visibilización de la belleza como un instrumento de dominación patriarcal que aleja a las mujeres de los espacios de poder, organización y liderazgo político, económico y social”, concluye en su libro.

Sobre la autora

Esther Pineda G. es socióloga y Magíster Scientiarum en Estudios de la Mujer. Es investigadora en derechos de las mujeres y discriminación racial. Escribió varios libros como “Cultura femicida. El riesgo de ser mujer en América Latina” y “Morir por ser mujer. Femicidio y feminicidio en América Latina”. Ambos libros, así como “Bellas para morir”, fueron publicados por la editorial Prometeo Libros y se pueden conseguir a través de su página online y redes sociales.

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Editora y tallerista en Feminacida. Nació en mayo de 1997. Es periodista y estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Realizó un posgrado en Periodismo de Investigación en la Editorial Perfil y trabajó en ese medio. Colaboradora en distintos portales.

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