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Argentina, 1985: contar la historia para recuperar la empatía

Por Carmen Fernández Villa y Estefanía Thrille para Radio Puntocero


Argentina, 1985 ya está disponible en Amazon Prime Video, una plataforma on demand. A pocas semanas del estreno en cines y de ser preseleccionada para competir en los Premios Oscar, rompió los récords de ventas de entradas en todas las salas. Es la primera película sobre el “Juicio a las Juntas”: relata la condena histórica a la cúpula de la dictadura cívico militar.

Teresa Laborde es hija de Adriana Calvo, una de las principales testigos del juicio. “El Juicio a las Juntas dejó el simbólico y muy contundente “Nunca más” y eso no es menor, es la carta de la lucha popular y organizada”, manifestó en una entrevista para Radio Puntocero. En esta entrevista reflexiona sobre el rol del film y las impresiones que dejó en la audiencia.

– Se estrenó Argentina 1985, dónde uno de los testimonios que más impactó en la audiencia es el de tu mamá, ¿Cómo tomaron esta noticia?

La película es todo un fenómeno. Cuando nos enteramos que se hacía, nos contactamos junto con mi hermana con el director, Santiago Mitre, que nos atendió muy amablemente. El testimonio de mi mamá está en archivo por lo que legalmente no tienen que contactarnos, no lo digo como un reproche. Es ficción, el arte tiene eso. Tras charlar con el director nos tranquilizó. Por ejemplo, que mi mamá no aparecería fuera de la instancia del juicio, que no se iban a agregar palabras al testimonio, que se iba a realizar un recorte de las dos horas de declaración y quien iba a interpretarla. Cuando me dijo Laura Paredes, me alivió porque es una actriz que me gusta mucho y lo hace maravillosamente.

– ¿Qué impresión te dejó el film?

Me parece que instala un tema desde los anteojos de la fiscalía, que esta buenísimo para plantear algo de la correlación de fuerzas. Hay un montón de cosas que se amparan detrás de eso. Fue simbólico el “Nunca más”. Hay que decirlo todo: ese juicio fue la puerta abierta a la impunidad. Así termina la película: “¿Cómo te fue, papá? Me fue mal”. Absolución a las fuerzas aéreas: a quienes tiraban gente de un avión ni los tocaron. Y a partir de ahí vino la Ley de Punto Final, luego la de Obediencia Debida, y esa apelación con la que termina no llegó a puerto hasta 2003, que se empiezan a derogar las leyes de impunidad con la primera audiencia en 2006, cuando desaparece Julio López. Entonces, es una película que a mí me alivió. Por fin alguien lo dice, puede haber un anteojo más liberal y vea que en ese juicio se hizo justicia, pero no es verdad. No se hizo justicia. Hubo más de 600 centros clandestinos de detención. Por algo tenemos el gatillo fácil que tenemos, por algo continua la impunidad.

– Dependiendo de quien la mire, la película recibe críticas por ser “muy tibia” o, por otro lado, por “estar demasiado politizada”. ¿Qué mirada tenés sobre este aspecto?

La política está en todo, te diría mi madre. No hay manera de hacer algo no político. No existe lo apolítico, existe lo apartidario. A mí lo que me gustó de la película fue que reivindica toda la lucha, si bien mi mamá queda como una heroína aislada que no lo fue. Nosotros no nos fuimos del país, nos costó muchas amenazas. Entiendo que es un guiño del guion y que se tenía que reflejar la realidad de muchos, que era el exilio, lo más natural. Yo me hubiera ido también, pero no viví lo que vivió ella, la solidaridad de sus compañeras que le daban el caldo cada tres días porque era la única que tenía una criatura en brazos. Porque a las demás se los habían robado, y a pesar de que tenían hambre, se lo donaban porque ella era la que estaba amamantando. Volviendo a la pregunta, tiene los anteojos de la fiscalía, sino los sobrevivientes hubieran relatado que se organizaron, que eran un colectivo. Reivindica la historia de mi mamá como algo muy individual y la verdad es que no: ellos se organizaron, se juntaron y armaron la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. Se juntaban con las Madres, con Abuelas. Lo que llevó a ese juicio fue esa lucha, la de esos colectivos, y lo que hizo que declararan igual estando desprotegidos. Aun así, tenían el colchón de sus compañeras que habían pasado por lo mismo y el recuerdo de quienes quedaron adentro. Los que se tienen que ir son ellos, nosotros tenemos que ir a declarar y, bueno, fueron.

– Si bien eras muy chica, ¿qué recuerdos tenés de esta época?

Recuerdo cuando nos sentaron en la cama para darnos algunos detalles que desconocíamos, que iban a declarar, que no iba a salir por tele, pero si por radio y en el diario. Fue como sentirse tocada por la varita mágica. Fui muy afortunada a pesar de la desgracia porque hay muchos bebés que aún estamos buscando. Algo que sí le critico a la película es que siendo una herramienta tan poderosa como es el arte, no haya puesto una placa sobre los nietos y nietas que faltan rescatar.



– ¿Recibieron amenazas fuera del contexto del Juicio a las Juntas?

En 2006 también nos amenazaron. Cuando desaparece Julio López, mi mamá declaró en el mismo juicio. Iban por la figura de genocidio, para que los manden a una cárcel común. Porque ese señor que me dejó colgando del cordón, que hizo limpiar a mi mamá, torturaba embarazadas y robaba bebés básicamente. Siguió trabajando en una clínica en Quilmes y ahora está sentado en su casa tomándose un café. Los juicios fueron muy a cuenta gotas.

–  En una nota que leímos decía que le habías cuestionado a tu mamá el nivel de exposición que tenían y ella te respondió que es preferible ser visible a ser invisible. Además, vos agregaste que la lucha de tu mamá sirvió para que la sociedad abra los ojos y cambie la historia. En esa línea, ¿vos pudiste transformar esa memoria individual/familiar con ese acercamiento al dolor? Y redoblo, como docente de arte que sos, ¿se puede construir un arte político de resistencia?

El arte siempre es político, incluso cuando es abstracto. La verdad no me plantee cambiar la historia. Mi mamá estuvo viva hasta hace 10 años y esa bandera la llevaba adelante. Yo lo canalicé más con trabajar con las primeras infancias, con los chicos que son vulnerados hoy, porque el terrorismo de estado está en los barrios, la policía es cómplice de todo mal. Eso lo vi, también me amenazaron en los barrios. Siguen ahí. Trabajé en comedores, hice alfabetización para tratar de generar igualdad de oportunidades. Siempre me incliné hacia ese tipo de militancia. En los barrios pasa de todo. Yo trabajé en un proyecto de alfabetización y trabajo con adolescentes que no terminaron la primaria. Muchos de ellos eran mulas y cuando les organizabas una contención, por ahí dejaban y en la zona estaba la policía. A mí los que me apretaron contra la pared eran dos de civil, porque nos conocemos en el barrio y cómo funcionan esas cosas. Sabían mi nombre, el de mis hijos. En fin, lo canalicé por ahí, hasta que me fui de viaje. Con mi mamá teníamos esa discusión, para mí era como una batalla perdida, era tan grande la impunidad.

– ¿Cómo se transforma ese enojo por la impunidad en algo positivo, constructivo?

Celebro mucho la vida, mi cumpleaños explota. Sentir que le debo la vida a esas mujeres me hace disfrutar cada minuto de la vida y poder contar la historia una y otra vez, cada vez que haga falta.

– Es impresionante cuando contás la forma en la que tu mamá fue contenida por otras mujeres, siendo un cordón de protección.

En esa época no había esa noción de perspectiva de género que hay ahora, la película sí la tiene. En ese momento, en el Juicio a las Juntas no la tenían. Había muchas violaciones que incluso, en los testimonios de las que las declaraban, era una parte más de la aberración. No se tomaba como un delito en especial ni agravado. No estaban los anteojos de ahora, en el juicio no pasó. En la película se toma una parte del testimonio que pensé que no iban a poner, donde lo que se trata de decir es que ahí no había ninguna ley de obediencia debida. Cuenta de una persona a la que torturaron por diversión para lograr que el detenido diga: “Me la como doblada y mi mamá es una hija de puta”. Eso lo pusieron. Mi mamá era científica, era muy detallista y ahí marcó la responsabilidad que tenían los guardias para que no pase lo que finalmente sucedió.


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– Lo pudo prever de alguna forma…

Mi mamá estaba furiosa después del juicio. Estaría furiosa si hubiera visto que ponen como buenito a Arslanian, que era el presidente del tribunal. Mi mamá se lo volvió a encontrar cuando desaparece López, era el jefe de seguridad de Felipe Solá, que era el gobernador de la provincia de Buenos Aires. Se encontró frente al mismo tipo denunciando la desaparición reciente de su compañero, le decían que estaba en casa de la tía y mi mamá estaba furiosa. Si hubiera visto que a Arslanian lo pusieron como bueno, pateaba todos los tableros.

– Este año vos y tus hermanos declararon en un juicio contra represores, donde se juzgó al médico Jorge Berges. ¿Cómo transitaste esta experiencia?

Fue difícil, me costó mucho, por zoom. Está bueno que sepan que los juicios siguen porque son tantas las trabas que se ponen, que seguimos tratando de juzgarlos. Se van muriendo impunes, pero igual. Y ni hablar que no tocan a los empresarios responsables que son los mismos privilegiados de siempre que manejan el país, que ahora te manejan el extractivismo, el agronegocio, son los mismos que tienen la manija. Ir a ese juicio, sabiendo que están en sus casas, que nadie los va a mandar a una cárcel común, me daba bronca. Lo transité con una especie de descreimiento, pero después quise ponerle valor y, sobre todo, por las mujeres que me salvaron la vida a mí y a mi mamá, que eran militantes y peleaban por un mundo mejor. Yo creo que lo que nos quisieron robar, y por ahí lo lograron con este Plan Cóndor, es la empatía, es ponerse en el lugar del otro, están ahí de lograrlo.



– Todavía no lo lograron, estamos acá…

Dije vamos por eso, voy a declarar porque es lo que hubiera echo mi mamá y es lo que debo, lo que creo. Hay que seguir contando la historia para recuperar esa empatía. Si parte de la sociedad la pasa mal, no tiene acceso. Imaginate los chicos: en los barrios la pasan re mal. Se está visibilizando el narcotráfico, todo bancado por las fuerzas de Seguridad, da igual de provincia o capital. Miren si no lo que está pasando con las mapuche ahora. Presa política ilegal por el mismo Aníbal Fernández que le decía a mi mamá que Julio López estaba en casa de la tía, que se quede tranquilita.  Después de lo de López hubo muchas amenazas, a mí me llamaban y me decían: “Te vamos a buscar a vos y a tu hijo”. Yo estaba recién parida.


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– ¿Qué sentís cuando ves aflorar nuevamente los discursos negacionistas?

Siempre estuvieron latentes, jamás se fueron. Nosotros crecimos con eso, era “bueno, por algo se la llevaron”. De hecho, por un lado, teníamos la familia postiza de los organismos de Derechos Humanos y otra era los cinco hermanos de mi mamá, que mandaban a sus hijos a escuelas privadas, en un club, y ahí nos miraban re cruzado. El “por algo se los habrán llevado” siempre estuvo, lo que pasa es que se lo guardaban por que, por ahí con el juicio, que si bien fue un “vamos a hacer que juzgamos y no juzgamos un pomo”, dejó el simbólico y muy contundente, “Nunca más” y eso no es menor, es la carta de la lucha popular y organizada.

– Si bien su recuerdo sobrevoló toda la charla, no queremos dejar de preguntarte cómo recordás a tu mamá.

La extraño un montón. Me da pena que mis hijos y sobrinos no la hayan conocido prácticamente. Estaba en todo, no sé cómo hacía, la veo como una super mamá. Estaba muy atenta, no es que la militancia la alejaba de su rol. Con los cuatro nietos y nietas que llegó a conocer era pura devoción, se manejaba como pez en el agua. Me dan muchas ganas de que esté viva. Era una madre muy presente. A pesar de todo lo que hacía, era doctora en física, muy rigurosa. No solo sus testimonios fueron contundentes, además de todas las planillas de Excel que hizo, que ahora sirven en los juicios de lesa humanidad, todos los circuitos para no aislar las causas, ella organizaba todo.

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