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Yo, adolescente: hacer la cucharita contra el heteropatriarcado

Por Proyecto Marea Roja

Yo adolescente es una película de Lucas Santa Ana que se estrenó a mediados de julio en la plataforma Cine.Ar. Basada en el libro autobiográfico de Zabo Zamorano, transcurre en el año 2004, la misma época en la que Callejeros tocaba en República Cromañon. El contexto no es para nada menor: la clausura de espacios y la falta de lugares para refugiarse de les adultes hacen que sus protagonistas encuentren en la clandestinidad ese lugar de pertenencia. Si lo comparamos con la cuarentena, esa falta de comunidad, esa falta de tribu, es la que afecta directamente a les jóvenes hoy.

Zabo, un adolescente de Parque Chacabuco, empieza a escribir un blog esa misma noche, luego de la tragedia de fondo y de la tragedia personal: su íntimo amigo se suicida en circunstancias poco esclarecidas. Así es como tendrán lugar el duelo adolescente, la búsqueda de la identidad, las drogas, la complejidad de los primeros vínculos sexo-afectivos, la nula intervención de les adultes y las ganas de probarlo todo. Los sentimientos de soledad, vacío y falta de comprensión son los que rodean al protagonista de manera constante.

El gran acierto de esta película es que pareciera ir directamente hacia todos los lugares comunes para luego darles una vuelta de tuerca. Y es que los problemas que afectaban a les adolescentes de los años 2000, tranquilamente pueden atravesarnos hoy en día: la crisis de las nuevas masculinidades, el deseo, el homoerotismo, la culpa y el fluir de los vínculos.

Zabo enfrenta las confusiones de la adolescencia. En él florecen las dudas sobre su sexualidad y sus experiencias se vivencian a lo largo de la historia. Sin embargo, el cuestionamiento por su sexualidad no es un problema en la película: hay besos, abrazos y caricias entre varones cis género. Mientras que el protagonista mantiene un vínculo sexo-afectivo con Ramiro, en simultáneo se siente atraído por el personaje interpretado por Malena Narvay.

El silencio de les pibes

A lo largo de la película, vemos como Zabo vuelca sus experiencias en un diario virtual y relata como va viviendo la falta de compresión de su alrededor: esa falta de contención que muchas veces sentimos les adolescentes. Y esa falta de entendimiento se puede trasladar a la vida de las adolescencias, en el ámbito familiar, escolar y en la cotidianidad misma. Un mundo lleno de adultes, donde las voces de les pibes pasan a ser casi nulas, calladas por la falta de experiencia, y menospreciadas simplemente por el hecho de ser menores de edad. ¿A quiénes recurrimos les adolescentes cuándo nos falta apoyo? ¿En quiénes confiamos? Si bien Zabo está rodeado de amigues, no puede poner en palabras lo que le pasa.

La importancia de la ESI en la escuela

La escuela cumple un rol primordial en nuestras vidas. Para muches, pasa a ser el único espacio donde intercambiamos experiencias con otres chiques de nuestra edad y donde a veces encontramos, algunas figuras adultas capaces de reivindicar nuestras voces, escucharnos y permitir expresarnos. La escuela como el lugar donde debemos encontrar un espacio de confianza y apertura.

Una de las experiencias que transita Zabo es el descuido en las relaciones sexuales. Mientras mantiene un vínculo sexo-afectivo oculto con Tina, en sus últimos encuentros sospecha y duda de un embarazo. Allí también experimenta el gusto por las drogas y el exceso del alcohol con una cierta libertad. Esa falta de conciencia que corren en nuestras vidas de adolescentes es propia: la necesidad de experimentar y conocer se vuelve inevitable.

¿Cómo conocer los límites y riesgos? Si los conocimientos no los adquirimos en casa, ¿dónde deberíamos tenerlos? El tema de la falta de Educación Sexual Integral no es menor en Yo adolescente. ¿Qué hubiese pasado con Zabo y sus compañeres? Sin lugar a duda, los hechos acontecidos en la historia de los protagonistas serían distintos. Si lo comparamos con la vida misma, es un fiel reflejo de lo que viven las adolescencias: ¿Cuántas cosas experimentamos sin saber cómo vivirlas y sin tener guías o referentes que nos marquen el camino? En las aulas y en las escuelas habitan necesidades, silencios, carencias con ganas de ser atendidas y escuchadas capaces de ser salvadas con la ESI.

Este película  nos muestra que les adolescentes no somos solamente chiques con obligaciones y responsabilidades. Busca visibilizar un poco la vida de las adolescencias, nuestras carencias en un mundo adultocentrista y a contar aquellas voces calladas con justificaciones sin sentido.

Cuchareo, sí

Hay una escena clave en la película. Zabo se siente desilusionado y empieza a escribir una lista con las características que debería tener su “chica ideal”, mientras su amigo Tomas interpreta PeiPaKoa de Bom Bom Kid con la guitarra. Finalizada la canción Tomas se acerca a la cama, lo abraza por la espalda y Zabo tiene una revelación: su chica ideal, ¿es un varón?

La filósofa feminista Brigitte Vasallo cuenta que en una conferencia le preguntaron: “Brigitte, ¿qué podemos hacer para derrotar al patriarcado? Pues yo digo, que mi humilde propuesta es que los hombres heterosexuales hagan cucharita entre ellos”. Zabo y Tomás rompen con esa frialdad patriarcal, realizan la cucharita juntes, sin prejuicios de género, son adolescentes que rompen con la masculinidad hegemónica, varones cis género abrados, acostados y demostrándose cariño. ¿Es posible que dos amigos varones duerman en una misma cama haciendo la cucharita?

Si bien cucharear entre varones cis género parece un acto revolucionario, esta escena de la película resulta una paradoja de la vida real. Estas expresiones de cariño en la cultura patriarcal en la que vivimos, no se permiten, no se demuestran con tanta ligereza, aquella parte frágil, comúnmente asociada a las femineidades. ¿Cuándo será el día en que los varones hagan la cucharita entre ellos y no nos genere asombro?

Es interesante pensar cómo las adolescencias nacen libres capaces de sentir el amor entre varones sin la necesidad de reprimirse. Pero, ¿quién inculca aquellos mandatos patriarcales? La cultura en la que vivimos nos señala que si dos varones adultes cis género se abrazan automáticamente son tildados de homosexuales, porque entre hombres no se puede abrazar, ni besar, ni expresar cariño. Es el patriarcado el que limita y nos reprime.


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