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Soltrecha, la primera cooperativa de cuidadoras de Argentina

Josefina es la presidenta de Soltrecha, la primera cooperativa de cuidados del país. En el Día Internacional del Trabajo Doméstico, reflexiona sobre la importancia de las cuidadoras domiciliarias y su trabajo que, pese a ser esencial para la vida cotidiana de muchas personas, carece de condiciones laborales mínimas. ¿Por qué se lo asocia al trabajo doméstico cuando su labor está relacionada a la salud? ¿De qué se trata el proyecto de Ley que busca reconocer su labor? ¿Por qué encontraron en la cooperativa una salida colectiva?


La primera vez que Josefina Sánchez ejerció como cuidadora tenía, entre muchas dudas, una certeza: necesitaba trabajar. El dinero que su marido traía a la casa, ubicada en la ciudad de Fontana del Gran Resistencia, provincia de Chaco, ya no era suficiente para mantener a sus cuatro hijes, que a finales de aquel 2008 tenían entre 6 y 13 años.

Pero había algo más que la empujaba hacia adelante: el linaje de mujeres autosuficientes que la precedía. Como su abuela, que se hizo cargo sola del campo luego de enviudar. O su madre, que se separó cuando divorciarse todavía estaba mal visto y, pese a esos prejuicios, pudo sostener económicamente el hogar.

“Sentía que necesitaba una realización personal, por eso empecé a capacitarme. Era difícil teniendo hijos chicos, porque el mercado laboral te exige ciertas condiciones que para las madres es difícil de cumplir”, cuenta con su pelo negro bien atado detrás de la nuca y una sonrisa amable que cruza su cara.


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En esa búsqueda de trabajo se encontró con Soltrecha, la primera cooperativa de cuidados del país. Creada en 2001 en la provincia de Chaco, surgió como un proyecto de la Asociación Trentinos en el Mundo, una ONG proveniente de la ciudad de Trento, Italia.

En aquel momento, el objetivo de la asociación era brindar asistencia a los y las descendientes trentinas en esa Argentina de la crisis, que para octubre de 2001 tenía a 2,5 millones de personas desocupadas según datos del INDEC.

“Detectaron que las mujeres eran las que más sufrían la crisis, algunas porque sus maridos se habían quedado sin trabajo y otras porque eran jefas de familia con chicos pequeños a cargo”, explica Josefina. “Entonces, trajeron el modelo de cooperativa de cuidados que allá funcionaba desde hace 20 años para solucionar dos problemas: una, darle trabajo a mujeres y otra, brindar acompañamiento a muchos adultos mayores que estaban solos en áreas rurales muy vulnerables”.


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La cooperativa se independizó de la Asociación y actualmente funciona de manera autónoma. La integran 83 cuidadoras y cuidadores domiciliarios, 13 de ellos varones. “Fue todo un logro que los varones se sumen a la cooperativa, al principio tuvimos que luchar con que el cuidado era solo un tema de mujeres”, reconoce Josefina.

El trabajo de las cuidadoras domiciliarias es esencial, aunque muchas veces invisibilizado. Se encargan del cuidado de personas mayores, que transitan alguna enfermedad, discapacidad o que requieren de ayuda para su vida cotidiana.

Desde su oficina y al final de una larga jornada laboral, Josefina recuerda a Alejandra, la primera mujer que cuidó. Con 30 años -casi lo mismo que ella en ese momento-, tenía un daño neurológico severo debido a una mala praxis. O a Norma y Paco, una pareja mayor que la ayudaron a cambiar su mirada sobre el cuidado. 


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“Pensaba que el mejor cuidador era el que hacía todo por el adulto mayor y lo dejaba sentado divino, perfumado y sin hacer nada. Pero hoy esa imagen que tenía de los viejitos mirando la nada me da una tristeza terrible”, afirma.

Para Josefina Sánchez, quien actualmente preside la cooperativa Soltrecha, cuidar significa “ayudar al otro”. “Es acompañar respetando su individualidad, gustos y tradiciones”, agrega. “Pueden tardar horas en abrocharse los botones de la camisa, pero si les hace bien, los espero. Todo lo que hace la persona por sí misma le da sentido a su vida”, ejemplifica.

Al abrir la puerta de un nuevo hogar comienza a crearse un vínculo de ida y vuelta entre cuidadora y paciente. Cuidando a un hombre que había sido guerrillero en El Chaco, Josefina aprendió lo que significaba el sandinismo, conoció la Casa de la Memoria de Resistencia y saboreó la música que se escuchaba en las montañas de Ecuador en tiempos de exilio durante la última dictadura militar argentina.



Sumergirse en esos mundos íntimos, cruzados por historias familiares, enfermedad y soledad en algunos casos, es un trabajo de gran carga física, pero también emocional que no es reconocida.

Muchas de las mujeres que se incorporaron a Soltrecha venían de trabajar solas en domicilios donde las estafaban, no les pagaban o les asignaban tareas que no les correspondían y que debían hacer para conservar su fuente de trabajo. Otras venían de empresas privadas donde los sueldos eran bajísimos.

La organización en cooperativa fue la manera que Soltrecha encontró de sortear esta precarización laboral que caracteriza el trabajo de cuidados. “La cooperativa nos da trabajo, pero también contención”, dice Josefina. “Todas estamos mejor que cuando empezamos. Algunas pudieron recibirse, otras salir de situaciones de violencia porque tenían un respaldo atrás”.


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Pese a lo esencial de su tarea, las cuidadoras domiciliarias carecen de seguridad social, aportes jubilatorios, obra social, sindicatos, vacaciones, regulación de horarios ni referencia tarifaria. “Nosotras estamos categorizadas dentro de lo que es servicio doméstico, pero tenemos más que ver con salud y no existe una legislación específica que regule, jerarquice y nos reconozca como profesionales”, señala la presidenta de Soltrecha.

Durante el aislamiento social las cuidadoras continuaron asistiendo a los hogares de quiénes lo necesitaban, pero a la vez se vio que su labor estaba profundamente invisibilizada. “En el momento que nos tenían que poner las vacunas no lo hicieron porque no éramos personal de salud”, apunta.

La diputada por el Frente de Todos, Mónica Macha, presentó en mayo de este año nuevamente el proyecto de Ley de Cuidadores Domiciliaries para formalizar y jerarquizar este trabajo. La iniciativa promueve la profesionalización, la capacitación y la creación de un Registro Nacional con la nómina de cuidadores. Además, incorpora a las cooperativas de trabajo que presten el servicio de cuidados.

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Periodista feminista, socorrista y sureña. Nacida en 1995, se recibió en la Universidad Nacional de La Plata y actualmente trabaja en comunicación institucional, colabora como redactora en Feminacida e integra la Comisión de Comunicación de Socorristas en Red.

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