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Siguen faltando hormonas para las identidades trans

Desde finales del 2019 se hicieron visibles diversos reclamos por el faltante de los medicamentos necesarios para las terapias de reemplazo hormonal en los centros de salud pública. En un comienzo, la preocupación se circunscribía solamente a la testosterona en gel o inyectable. Sin embargo, este año también se registró la escasez de bloqueadores de testosterona para las transfeminidades. Para muches se trata de una forma de disciplinar a estas comunidades históricamente marginadas al impedirles decidir sobre sus cuerpos. 

El incumplimiento por parte del Estado no sólo perjudica ampliamente la salud de las personas que están en tratamiento sino que también viola la Ley de Identidad de Género (Ley 26.743). El artículo 11 explicita que “todas las personas podrán acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo a su identidad de género autopercibida”. Ninguna de estas consignas estarían siendo respetadas, lo que desencadena en la vulneración de los derechos conseguidos por las disidencias hace ya ocho años. 

Durante las manifestaciones del año pasado relacionadas a esta problemática, personas de la comunidad LGBTTIQ+ comenzaron a organizarse para lograr obtener una respuesta de la entonces Secretaría de Salud, pero las devoluciones fueron inadecuadas. A partir de esta lucha se conformó la Asamblea Trans-Travesti-No Binaries que aboga por el acceso a la salud integral de estas personas. “Es una asamblea abierta a todas las personas que se sientan interpeladas por esta situación”, explica a Feminacida Milly Victoria, participante de la asamblea y activista trans. Además agrega: “las consignas principales que proponemos son: que se restablezcan los tratamientos, la nacionalización de la producción de hormonas, que haya stock para quien los solicite en cualquier lugar del país ya que esto en las provincias se agrava aún más”.

Según quienes integran la asamblea, el recorte en las partidas “responde a los intereses del Fondo Monetario Internacional, es decir hay un condicionamiento por la deuda externa que tenemos como país”. En este sentido, entienden que el ajuste puede verse en todo el sistema de salud aún hoy cuando se ha recuperado el Ministerio de Salud. También reconocen que existen intereses contrapuestos entre las farmacéuticas que buscan alzar sus precios en dólares y el Estado que compra las hormonas. Por lo tanto, la nacionalización de la producción llevaría a un abaratamiento de los costos y a la posibilidad de democratizar el acceso a los tratamientos hormonales. 

En relación a las consecuencias de la interrupción de los tratamientos, Milly sostiene que “causa complicaciones metabólicas en el cuerpo, alteraciones en el funcionamiento. No podés cortar de un día para el otro el tratamiento”. Además, “algunos cambios deseados que se dan con las hormonas pueden revertirse al dejar de tomarlas”, explica la activista. La variable de ajuste en este caso es el cuerpo de las personas trans, travestis y no binaries y también su salud mental, dado que al detener la hormonización y las transformaciones que esta genera se les expropia el poder de decisión sobre la manera en la que quieren habitar este mundo.   

Las disidencias comprenden que deben activar sus propios mecanismos para revertir la situación, utilizando todas las herramientas a su alcance para visibilizar la lucha. A partir de las reuniones que nuclean a les compañeres en este y otros pedidos se organizó el relevamiento de datos sobre la falta de hormonas. Con el interés de tener una visión más clara sobre la magnitud de la problemática, se utiliza la aplicación Habitapp que permite cargar la información relacionada a los hospitales y centros de salud que tienen carencias a la hora de proveer los tratamientos. De esta manera, no sólo se cuenta con los testimonios compartidos de boca en boca o por las redes sino que se logra sistematizar los casos y lugares para poder pisar con más fuerza a la hora de reclamar. 

De camino al paro y la marcha del 8M les compañeres pretenden sumar su consigna: “nuestras hormonas no se recortan” y también apoyar otras luchas del colectivo como la absolución de Higui y la libertad de Luz Aimé Diaz. 


Nació en diciembre de 1996. Estudia Ciencias de la Comunicación en la UBA y escribe en la agencia de noticias de la carrera.

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