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Raquel Hermida Leyenda, una abogada que pisa fuerte

En el ámbito del Derecho Penal no abundan las abogadas mujeres. Históricamente ha sido un espacio reservado para varones. Se dice que “tratar con criminales no es para cualquiera”. En el marco del “Día de las abogadas y abogados”, Feminacida entrevistó en su estudio a Raquel Hermida Leyenda.


Tiene fama de siempre ganar. Hermida Leyenda cuenta que camina los pasillos de los penales a la vez que saluda a los internos que le ruegan que los defienda al grito de: “Por favor, doctora, quiero que sea mi abogada”. Dice que “ser reconocida” hace que no la quieran en Tribunales o que traten de impedir que la defensora sea ella poniéndole obstáculos puramente burocráticos.

María Raquel Hermida Leyenda nació un 19 de diciembre en el Centro Gallego porteño. Hija de padre y madre españoles, a sus 20 años debió afrontar el futuro lejos de su familia cuando ésta decidió regresar a España y ella, quedarse en Buenos Aires. Para ese momento, estaba cursando la carrera de Derecho en la Universidad Católica Argentina, institución que su padre había elegido para ella para resguardarla de los peligros de la época: su carácter rebelde, su interés por la militancia y el clima de censura política la ponían en riesgo.


Mucha abogada

Una vez obtenido su primer título, se desempeñó en la Secretaría de la Mujer de la Asociación de Supervisores Mineros, Metalúrgicos y Mecánicos de la República Argentina (ASIMRA) e introdujo la temática del acoso sexual en el Derecho del Trabajo. Gracias a su trabajo sindical, concurrió a diversos seminarios y se formó en los Derechos Laborales de la Mujer ante los organismos internacionales del trabajo durante la década del 90. 


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Su militancia y formación solo se detuvieron momentáneamente cuando, en 2004, a partir de un tratamiento de fertilidad, la diagnosticaron con miastenia gravis, una enfermedad ocasionada por una interrupción en la comunicación entre los nervios y los músculos, lo que causa debilidad en los músculos de los brazos y las piernas, principalmente, y dificultades para hablar y masticar: “Ningún posgrado me enseñó tanto como estar en terapia intensiva”, asegura.

Y es en Argentina, y en países como Inglaterra y España, realizó diversos posgrados en criminología, suicidios, perfiles criminales, violencia contra la mujer, entre otros. Se define como abogada penalista y criminóloga. “En los medios suelen llamarme abogada feminista. Pero la realidad es que suelen usar al feminismo como un ninguneo”, enfatiza.

Su currículum es amplísimo. Pero como bien ella refiere, el ámbito del Derecho Penal es sumamente temible: “Yo sabía que para poder llegar a los fines que tenía en mente, tenía que hacerme de un caso que me diera el reconocimiento de mis pares, de los medios y dinero. Sin esos elementos no hubiera llegado a donde llegué”.

Su plan fue estratégico: “Entrevisté imputados por homicidio agravado, hoy denominado femicidio y elegí un caso puntual en el que intervenir”. Junto con un equipo interdisciplinario de los más reconocidos de la psiquiatría, psicología, trabajo social y criminología, desarrolló autopsias psicológicas e intensificó el valor probatorio de las pericias psicológicas en el abuso sexual. Concibiendo la teoría de la violencia de género como una temática criminal, en noviembre de 2012, ese mismo equipo de trabajo interdisciplinario que logró conformar, comenzó a dedicarse exclusivamente a la materia “Delitos contra la integridad sexual y grupos vulnerables”, bajo el nombre de Fundación Red de Contención.

Por este trabajo es que se siente “en una trinchera”. La admiran y toman como referencia sus colegas y los medios que la eligen para que dé su palabra de experta, al mismo tiempo que la critican o la censuran algunos sectores del feminismo. “En un ámbito de varones, hay que ser estratega para poder introducirse. Sí, yo soy la peor de todas. Escuché a 46 acusados de femicidios y he defendido a criminales. Ese conocimiento fue el que, a partir de 2012, me permitió crear la Fundación y poder brindar asistencia y patrocinio a cientos de mujeres víctimas de violencia que no cuentan con el dinero que implica costear los procesos legales”.


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Actualmente es la defensora de Nahir Galarza, la joven condenada a cadena perpetua por haber asesinado a su novio, Fernando Pastorizzo, el 29 de diciembre de 2017. Y en julio pasado logró la absolución de Mafalda Secreto, la mujer de Pergamino acusada del homicidio de su marido alegando legítima defensa en contexto de violencia de género. 

Además, suma en su haber varias causas que modificaron la jurisprudencia y sentaron precedente como el de Beatriz López, presa por matar a su marido, el policía Gastón Márquez, que la violaba y golpeaba. La Cámara de Casación Penal bonaerense la absolvió por mediar violencia de género y considerar a ésta como un delito permanente. 

Otro caso que mereció la atención de los medios fue el del ex futbolista Alexis Zárate, condenado por violación. En esta causa, el trabajo de la letrada consistió en que se tuviera en cuenta el valor probatorio de las declaraciones de la víctima y de las pericias psicológicas para el fallo.


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Las mujeres en el Derecho

María Angélica Barreda fue la primera mujer argentina en obtener el título de abogada. Egresada de la Universidad de La Plata en 1910, cuando intentó matricularse en la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, la respuesta que recibió de parte del Procurador General Manuel F. Escobar fue que la mujer estaba afectada, en términos jurídicos, por una “verdadera capitis diminutio” en relación a lo que establecía la legislación civil de la época.

Este término proveniente del antiguo Derecho Romano se traduce literalmente como “disminución de la capacidad”. Además, Escobar alegó una comparación de la legislación de la Argentina de ese momento con la de otros países, en las cuales se consideraba a la mujer “con un temperamento menos fuerte que el del hombre, y más frágil y pudorosa”. 

Si hay adjetivos que no podrían calificar a la abogada Hermida Leyenda son frágil y pudorosa. Por el contrario, en cada tribunal y ante cientos de fiscales y jueces con los que debe enfrentarse, su figura se impone con seguridad y entereza. “Suelen intentar burlarse y ningunearme, pero cuando llego se encuentran con una abogada académica que los sorprende y los desestabiliza porque pongo en evidencia su desactualización y desconocimiento”, sintetiza.

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Nació en noviembre de 1988. Es Profesora en Letras con formación en género, feminista y militante. Actualmente vive y trabaja en el conurbano bonaerense y sueña con que le paguen por viajar y escribir desde otros rincones del mundo.

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