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¿Qué se come en las escuelas de CABA?

¿Qué se come en las escuelas de CABA?

¿Cómo se alimentan las infancias y adolescencias en las escuelas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires? ¿Quién regula el estado de los alimentos que ingresan en las aulas y los comedores? ¿Se garantiza el derecho a una alimentación saludable? Entonces, ¿por qué en los últimos años han aumentado los casos por intoxicación en distintas escuelas de la CABA y pareciera no haber una respuesta cercana?


Ofelia Fernández, legisladora de CABA por el Frente de Todos (FdT), presentó el 11 de abril el Proyecto de Ley Integral del Derecho a la Alimentación Adecuada en las Instituciones Educativas. Un proyecto que busca transformar de raíz el sistema de alimentación de los jardines, escuelas primarias, secundarias y terciarios dependientes del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.

No obstante, para que la medida se haga efectiva, el resto de les legisladores pertenecientes al oficialismo deberían estar de acuerdo, pero hasta ahora no han manifestado su apoyo. Por tal razón, el pasado viernes Fernández, convocó a una intervención en la puerta de la Legislatura porteña que contó con la participación autoconvocada de la comunidad, estudiantes pertenecientes a centros de estudiantes, docentes, mapadres e integrantes de distintos movimientos sociales por la ciudad.

Antes de dar inicio a la jornada se preparó una mesa con el típico menú escolar: medallones de pescado, ensalada de arvejas, zanahoria y tomate, sándwich de paleta y queso y galletitas envasadas de avena. En simultaneo se pegaban los siguientes tweets alrededor de la Legislatura: “Recuerdo cuando nos dieron yogurt vencido pero nos decían que tomemos igual si queríamos”. “La experiencia de mi hija de 5 años, 4 días de la semana comen algo con carne picada”. “Frutas con hongos y bichos adentro”. “Desesperante! Mi hija tiene diabetes tipo 1 y no desayuna en la escuela”. Testimonios que dan cuenta del deterioro y la baja calidad de los alimentos que se reparten diariamente en las escuelas y en los comedores de la ciudad y que, en algunos casos, significan el acceso a la única comida del día.  

“Sabemos que la realidad es esta, por eso queremos transformarla. Acá hay que entender que intereses estamos tocando. Gastan $37 en el desayuno de un pibe en la Ciudad que tiene unas galletitas de agua, una vainilla y una magdalena que directamente está congelada con una chocolatada que tiene 1 por ciento de cacao y 99 por ciento de azúcar. Pero eso sí, cuando tienen que desayunar los funcionarios de alguna secretaría de ellos, hay tostadas de pan integral, jugo exprimido, varios tipos de té, varios tipos de cafés. Ahí se puede gastar, pero con les pibes no”, manifestó la legisladora al dar inicio a la jornada.



Fernández advirtió sobre el negocio que existe y la necesidad de transformar la alimentación escolar: “No tienen que comer cosas en mal estado para empezar. Mínimamente tienen que comer cosas saludables y cosas ricas. La escuela pública está para igualar y mostrar que cualquiera se merece el derecho a un buen plato de comida, y no que tenga que envidiar la vianda del compañero que puede llevarla”.

Un negocio que no es nuevo

María Eva Koutsovitis es ingeniera especializada en Hidráulica, políticas urbanas y cuestiones ambientales. También coordina la cátedra de Ingeniería Comunitaria de la UBA y forma parte de distintas organizaciones sociales con incidencia en distintos barrios populares de la ciudad de Buenos Aires. Además integra el movimiento La Ciudad Somos Quienes la Habitamos y desde allí vienen accionando distintas campañas.

En diálogo con Feminacida, Koutsovitis comenta que cuando tomaron conocimiento de que una vez más se reprivatizará el sistema de comedores escolares y, con está nueva concesión del servicio, se seguirá beneficiando a las mismas 19 empresas, empezaron a contactarse con las cooperadoras y con el conjunto de la comunidad educativa para en común acuerdo y colectivamente lanzar una campaña. Así fue cómo surgió la Campaña por una alimentación de calidad y gratuita para todxs, con la participación de la comunidad educativa”.

“La fruta es horrible. Toda machucada, podrida o con sabor a veneno, según los chicos”

Cartel pegado en la jornada de presentación del proyecto de Ley

“Desde hace varios años, desde mi organización venimos discutiendo la política alimentaria  en la ciudad de Buenos Aires, así como también comenzamos a poner en tensión este modelo de ciudad que hace décadas se viene consolidando y que, justamente, tiene como característica la precarización del conjunto de la vida urbana”, introduce Koutsovitis en una entrevista con este medio y continúa: “Por eso hoy la ciudad se encuentra en emergencia: ambiental, sanitaria, habitacional y con el conjunto del acceso a los servicios urbanos, privatizados y con las consecuencias que eso tiene para la vida de los porteños y porteñas, a partir del despojo del patrimonio común de la privatización de los servicios públicos. Entre ellos, el servicio de comedores escolares. Esto no es una excepción dentro del conjunto de políticas públicas en la ciudad de Buenos Aires”.

La ingeniera relata que este año, una semana antes que empiecen las clases, se enteraron que el Gobierno de la Ciudad llamaba a licitación la concesión del servicio alimentario en comedores escolares. “Revisamos los pliegos y observamos que, una vez más, esos pliegos habían sido elaborados a espaldas de la comunidad educativa. Además, el costo del pliego y el sistema de puntuación dejaba afuera la posibilidad que cooperativas o Pymes pudieran participar de la licitación y pudimos constatar que se trataba de un negocio multimillonario”, asegura.

“Estamos hablando de una licitación de comedores escolares por cuatro años, que involucra un presupuesto de 50 mil millones de pesos. Solo para este año están destinados 12 mil millones de pesos. Es decir, un servicio que alcanza a casi 300 mil estudiantes. En este momento, 240 mil estudiantes desayunan todos los días en la escuela un mate cocido, con una barrita de cereal de tercera marca o con algún alimento altísimo en azúcares y ultra procesado, como puede ser una magdalena o una vainilla, cientos de miles de estudiantes reciben refrigerios de bajísima calidad nutricional”. detalla Koutsovitis.

Para contrarrestar los efectos de este acuerdo, comenzaron a elaborar algunas propuestas alternativas. En primer lugar, intentar recuperar los comedores escolares, tal como funcionaban hace décadas: volver a cocinar en las escuelas. En segundo lugar, rediscutir el contenido de los pliegos. Para ello, están preparando una acción judicial de amparo para frenar esta licitación que está en curso y así democratizar la discusión en torno a la alimentación en los comedores escolares de las escuelas públicas de la ciudad.

“En ese punto, ya hemos logrado incorporar a la campaña más de 40 cooperadoras, cientos de padres y de madres”, suma la especialista. Además, lanzaron una campaña de firmas que ya cuenta con 21 mil adherentes y, por otro lado, impulsaron un documento para la acción judicial. “La campaña, de alguna manera, ha empezado a instalar el tema en la agenda pública de los comedores escolares, y por supuesto que la presentación del proyecto de Ofelia también”, asevera Koutsovitis.

Hacia una soberanía alimentaria para todes  

Aniela Morales es licenciada en Nutrición y se desempeña como nutricionista comunitaria en el ámbito social, en tareas técnicas y de asistencia en jardines maternales y comedores infantiles. Sus tareas principales consisten en una readecuación de los menús infantiles procurando promover una alimentación saludable, real y sostenible. En diálogo con Feminacida y en relación al proyecto presentado sostiene: “Me parece muy prometedor. Es urgente intervenir en la alimentación de niños, niñas y adolescentes. Es necesario entender que muches de elles realizan una única comida fuerte en el día y tiene lugar en la escuela. Entonces, por lo menos debería ser nutritiva, real y sobre todo rica”.

La especialista aporta: “Tenemos que tener en cuenta los resultados arrojados por la 2° Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNYS) del Ministerio de Salud y Desarrollo Social en la se deja en claro que un 41,1 por ciento de les niños, niñas y adolescentes entre 5 a 17 años presentan malnutrición por exceso. Es decir, esto no se debe a la carencia de alimentos, como se suele pensar comúnmente, sino que más bien se vincula al exceso de alimentos ultraprocesados, como snacks, galletas y principalmente bebidas azucaradas”.

Morales indica que las consecuencias que se producen por una alimentación deficiente en la actualidad contemplan un alto índice de sobrepeso y obesidad en las infancias, con mayor prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles: diabetes, hipertensión arterial, accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer. “Los patrones alimentarios de la población son escasos, por eso es urgente implementar un cambio de hábitos, y si eso no sucede en las casas, la escuela podría ser un buen lugar”, alerta la nutricionista comunitaria. 

Que nadie se quede afuera

La extensión del proyecto, además de promover alianzas con grupos asociativos que integran la Economía Popular, Social y Solidaria, también tiene en cuenta a vegetarianes y celiaques. Para elles no será obligatoria la presentación de un certificado que los avale. Asimismo, se prevé la creación de una comisión interdisciplinaria, entre las familias, les estudiantes, docentes y nutricionistas especialistas en infancias y adolescencias que trabajarán mancomunadamente en pos de garantizar la implementación adecuada de los menús.

“La idea es que el servicio sea universal, gratuito, para todas y todos. Que a la hora de pensar quiénes lo lleven adelante, la prioridad no sea la renta privada de una empresa amiga, sino por el contrario la gestión directa de cooperadoras de las escuelas. Contratación directa a cooperativas rurales, cooperativas productivas, cooperativas gastronómicas, pequeñas y medianas empresas. Y si hay una empresa que quiera concursar, que lo haga, pero si está sancionada o multada se va”, desarrolló la legisladora porteña.



“Nadie puede concentrar más del 5 por ciento del servicio. Para que el trabajo sea dedicado y más fácil de controlar. Les legisladores tienen tres opciones: una es acompañar el proyecto. Si no les gusta, presentar uno mejor. Y si no, que vengan a almorzar esto elles”, sentenció Ofelia Fernández refiriéndose a la comida servida.

“Se ha puesto de manifiesto que estas empresas, en realidad, son las intermediarias del hambre y de la precariedad”, asegura Koutsovitis y argumenta: “El Estado con esos mismos recursos podría incorporar muchísima mano de obra para llevar adelante las tareas de elaboración de alimentos en los comedores escolares, brindar además un servicio público de alta calidad y por supuesto permitirnos recuperar la soberanía en relación al acceso a la alimentación en las escuelas públicas porteñas”.

En relación al rol de la institución educativa, Morales concluye: “La escuela es un actor político fundamental que puede y debe garantizar un entorno saludable con alimentos de buena calidad nutricional, para niños, niñas y adolescentes, porque su desarrollo lo merece. Me parece fundamental esta propuesta, el panorama no es muy lejano en provincia y de más está decir que debería ser extensiva a nivel nacional”.

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Anabela Morales es Profesora en Comunicación Social (UNLP) y diplomada en Educación Sexual Integral en la Universidad de Buenos Aires. Co-creadora de Proyecto Marea Roja y Repensar la ESI. Forma parte de la ONG Faro Digital.

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