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Que cierren los números con las mujeres y disidencias adentro

Foto de portada: Anette Etchegaray

Tras la derrota del Frente de Todos en las últimas elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), los resultados dejaron en evidencia el malestar generalizado respecto a las decisiones tomadas por el gobierno durante la pandemia. La semana posterior a los comicios fue caótica y acelerada, se anunció la puesta en marcha de 25 obras públicas a llevarse a cabo en 14 provincias, se presentó el presupuesto 2022 al Congreso, hubo varias renuncias a disposición de funcionarixs y ministros y, mediante una misiva, Cristina Fernández de Kirchner manifestó públicamente la necesidad urgente de realizar cambios en el gabinete en pos de repuntar la economía y recuperar la confianza de lxs argentinxs.  Finalmente, el viernes por la noche, el área de Prensa de Presidencia de la Nación anunció la asunción de seis nuevos ministros, cuya jura terminó por efectivizarse el lunes por la tarde.

El martes se anunció oficialmente el incremento del Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM). Su ascenso representará una suba del 52,7 por ciento y se prevé que en febrero ese ingreso ascienda a $33 mil. Seguido de este anuncio, se espera que el gobierno anuncie de manera escalonada una batería de medidas económicas. Aunque el lanzamiento estaba previsto el jueves pasado, se demoró a raíz de los últimos movimientos en el gabinete.

¿En qué consisten estas medidas? En principio, se espera la emisión de un nuevo bono del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) cuyo valor será de $15 mil y está dirigido a los sectores más vulnerables. También está previsto un bono para jubiladxs que cobran la mínima a pagarse en el mes de octubre de alrededor de $5 mil a $6 mil. Lxs beneficiarixs de la Asignación Universal por Hijo (AUH) percibirán un aumento de hasta un 50 por ciento y se espera el otorgamiento de créditos a tasa cero.

Ahora bien, el escenario que se presenta es complejo y hubo que tomar acciones diligentes de cara a revertir los comicios de noviembre frente a un peligroso avance de la derecha en las urnas. ¿Serán suficientes estas medidas para contener el descontento? ¿En qué situación se halla el estado financiero de las mujeres e identidades disidentes luego de la pandemia? ¿Cómo se intensificó la pobreza en estos grupos? ¿Cuál es el impacto que tendrán estas medidas económicas en el corto plazo? ¿Por qué es necesaria una lectura en clave de género para entender el impacto de estas operaciones en la población feminizada?

Sofía Cueva es estudiante del último año de la licenciatura en Economía de la UBA y también es la persona que está detrás de la cuenta de Instagram “Feminanzas”, donde promueve de manera lúdica y accesible la autonomía financiera de las mujeres. “En la pandemia sucedió que, cuando no se pudo ir a trabajar, las primeras en empobrecer fueron las mujeres porque no tenían un trabajo registrado. Y cuando cerraron las escuelas no podían ir a buscar otro porque tenían que cuidar a les niñes cuando estaban en sus casas”, sostiene en diálogo con Feminacida.

Con respecto a las medidas que se impulsarán señala que el aumento de la AUH es muy importante “porque el 96 por ciento de las personas que reciben este beneficio son mujeres y son el sector que está más empobrecido porque su ganancia es menor”. Además, según la economista, esa brecha se amplía en las asalariadas informales, porque ganan un casi un 36 por ciento menos a diferencia de los hombres.

“La informalidad está más acentuada en mujeres que en varones, lo que hace que la mayoría de las personas más pobres sean ellas. Además estos hogares más empobrecidos son los que tienen niños, niñas y adolescentes a cargo. De hecho cuando la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género del Ministerio de Economía presentó un informe para evaluar esta situación, el 40 por ciento de las personas eran pobres en 2019. No obstante, el 56 por ciento de les niñes entre 0 y 14 años estaban bajo la línea de pobreza. Es mucho mayor la pobreza de niños, niñas y adolescentes porque en general viven con sus madres”, agrega Cueva.   

Aylén tiene 25 años y vive con sus dos hijas en Florencio Varela, partido al sur del conurbano bonaerense. En octubre de 2020 comenzó a cuidar a una adulta mayor de lunes a lunes. En abril de este año la echaron sin justificación aparente, sin contemplar aguinaldo ni indemnización. Al mes consiguió trabajo como empleada de limpieza en el barrio porteño de Saavedra. “En lo económico me mató la pandemia, yo estaba en pareja, tuve una relación de cinco años, una hija y las cosas ya no iban más debido a la violencia verbal, psicológica y física”, relata en una entrevista con este medio y continúa: “Sabía lo que se venía después, pero lo importante era que comieran mis hijas y rebuscármelas para que a ellas no les pasara nada. Yo pagaba un alquiler, él se fue y dejó todo en banda”.

Hoy, mientras trabaja y se ocupa de sus dos hijas, está terminando sus estudios secundarios en un CENS y es beneficiaria del Programa de Respaldo a Estudiantes de Argentina (PROG.R.ES.AR), de la AUH y de la tarjeta Alimentar. “El año pasado estiraba la plata para poder llegar, hasta el día de hoy estos beneficios me fueron de gran ayuda, la plata que se cobra es de ellas, ni siquiera es mía”, cuenta Aylén.

Tal como señala Sofía Cueva, las mujeres representan el 55,7 por ciento de quienes recibieron el IFE durante el año pasado. Efectivamente es una medida que contribuye a cerrar las brechas de género, porque en primer lugar está dirigida a la población informal.  

En ese sentido, Lara López Calvo, redactora de Economía y Política en el medio El Cronista Comercial, amplia: “Más del 70 por ciento de las trabajadoras del servicio doméstico son trabajadoras informales, así que claramente estás políticas van a ayudar. Además, en el primer trimestre tenemos una brecha de ingresos de más del 25 por ciento. Y si nos centramos en la AUH, el 72 por ciento de las tareas domésticas son realizadas por mujeres. Entonces se espera principalmente que estas políticas las ayuden a ellas y a las personas en situación de vulnerabilidad”.

“El IFE se hace con datos más concretos. Porque antes en las encuestas del INDEC no se tenían tan en cuenta variables relacionadas al género y a la diversidad. Entonces se garantiza el acceso al dinero por parte de las mujeres y, también, para que sea un potencial reconocimiento al trabajo doméstico. Porque en los hogares más pobres, el 98 por ciento son monomarentales. Nada más que en el 2 por ciento de los casos el hombre vive solo con lxs hijxs, casi siempre es la madre”, detalla Cueva.

Según la economista, las mujeres tendrán prioridad de cobro al momento de solicitar el IFE. “De esta forma se aseguran que ese dinero vaya a las infancias y se evita que pase lo que sucede con AUH, que es el impedimento de acceder al beneficio cuando el padre tiene un ingreso registrado, pero no pasa la cuota alimentaria”, ilustra. En relación a las identidades disidentes y no binaries, recién en el próximo censo habrá datos certeros. No obstante, el IFE tendrá impacto en la comunidad travesti trans.

Crédito: @cora.blg / 8 de marzo de 2020

Carolina Brandariz es docente, socióloga y está al frente de la Dirección Nacional de Cuidados Integrales del Ministerio de Desarrollo Social de La Nación. A propósito de las medidas, opina: “En primer lugar, me parece que es muy importante decir que el aumento del salario mínimo vital y móvil impacta directamente sobre los programas sociales como el Potenciar Trabajo porque vienen a plantear una inserción sociolaboral en aquella población que trabaja sin acceso a los derechos laborales. Datos de ello dan cuenta en el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Renater) que ya inscribió a dos millones ochocientas mil personas. Un millón de ellas perciben el Potenciar Trabajo y describen una realidad en la cual el 57 por ciento de esas personas son mujeres, un dato que no es menor y refleja como la pobreza está feminizada. El Potenciar Trabajo es exactamente la mitad del salario mínimo vital y móvil y eso tiene un efecto directo sobre las mujeres más humildes que, en general, son quienes le ponen rostro a las situaciones de pobreza”.

¿Qué se espera a futuro?

“En términos generales el poder adquisitivo está aumentando, el tema es que en el último mes aumentó un 1,4 por ciento y venimos de una pérdida del poder adquisitivo de 2015 del 20 por ciento. Lo cierto es que habrá mejorías porque la inflación se está desacelerando, pero venimos de pisos y niveles tan bajos que es muy difícil que se note un efecto contundente antes de las elecciones generales del 14 de noviembre,” indica la periodista López Calvo y desarrolla: “Todavía no se anunció el paquete de manera oficial, con lo cual hay que tener en cuenta el tiempo que lleva aplicarlo, sumado a que ese dinero debería llegar al bolsillo de la gente 20 o 30 días antes de las elecciones para que realmente tenga impacto. El gobierno tiene un margen muy ajustado de tiempo para que estas acciones que está por anunciar tengan impacto”.

Al respecto, Cueva enfatiza que se estuvo trabajando mucho, no solo en estas medidas, sino también en investigación para crear políticas públicas efectivas con perspectiva de género.

“Por otro lado, se está haciendo un ajuste porque estamos en el marco de las negociaciones con el FMI, el año que viene se espera que haya un poco menos de déficit fiscal que el corriente año. Cada vez que se ajusta estas brechas de género se expanden, porque cuanta más pobreza hay, más desigualdad empieza a haber entre los hombres y las mujeres. Las mujeres son el grupo más vulnerable, las que menos trabajo formal tienen con una brecha salarial que se amplía aún más si son trabajadoras informales”, profundiza la economista y aclara que estas medidas contribuyen a paliar la situación en el corto plazo, pero no se va a resolver el problema de fondo hasta que se genere más trabajo, se reactive la economía teniendo en cuenta la perspectiva de género y se reactiven sectores donde puedan participar las mujeres.  

“Me parece que está bueno también que el gobierno sepa escuchar lo que se planteó en las urnas, que recoja soga y que esté planteando un paquete de medidas que impacte al conjunto de los sectores humildes y trabajadores, que tenga en cuenta cuestiones que atienden a la realidad del conjunto de aquellos sectores informales, formales, sobre todo en función de lo fracturada que está socialmente la Argentina, y de poder dar respuesta a las necesidades más urgentes que evidentemente puso de manifiesto la pandemia y que se expresaron en las PASO”, concluye Brandariz.

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Anabela Morales eses Profesora en Comunicación Social (UNLP) y diplomada en Educación Sexual Integral en la Universidad de Buenos Aires. Co-creadora de Proyecto Marea Roja y Repensar la ESI. Forma parte de la ONG Faro Digital.

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