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Nunca más, hacia una memoria disidente

Nunca más, hacia una memoria disidente

¿Cómo podemos reconstruir la historia argentina para incluir a las personas LGBTIQ+? ¿Qué voces nos faltan en la narrativa del “Nunca Más”? ¿Qué cambios y aportes se pueden realizar en las políticas nacionales de Memoria, Verdad y Justicia, emblemas en la región y el  mundo, para que nos alojen a todxs? Estos son algunos interrogantes que surgen a 44 años del último golpe cívico–militar– eclesiástico.

                       “No los conocimos, no los conoceremos jamás.  Son, solamente, cuatrocientos de los treinta mil gritos de justicia que laten en nuestro corazón”. 

Carlos Jáuregui en La homosexualidad en la Argentina, 1987.

Por Noelia Díaz

Las violencias hacia el colectivo LGBTIQ+ no iniciaron el 24 de marzo de 1976. Tampoco terminaron con el retorno de la democracia. Existió una continuidad entre gobiernos democráticos y de facto desde 1930, cuando un grupo de liberales, conservadores y católicos bregó por la vigilancia y la moralización de la población ante el “desorden social”. Sin embargo, la persecución y la represión a las disidencias se intensificó durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. 

A 44 años del Golpe, emerge con fuerza una pregunta: ¿cuál debe ser la respuesta del Estado al colectivo LGBTIQ+? Según Patricio Simonetto, doctor en Ciencias Sociales y autor del libro Entre la injuria y la revolución: el Frente de Liberación Homosexual, todavía “existe una gran deuda porque no se reconoce la violencia a la que fueron sometidxs”.  En diálogo con Feminacida, aseguró que “el Estado no hizo ninguna disculpa pública y tampoco hubo una política de memoria específica”.

“En este momento histórico se está disputando la memoria disidente para habilitar nuevos futuros. Crear una memoria que incluya tiene que ver con cuestionar al sujeto de la política y del Estado Nacional en la narrativa histórica. El objetivo es que esos otros pasados habiliten otros futuros posibles, donde las nuevas generaciones de personas LGBTTTIQ+ puedan decir: ‘Bueno, no soy la primera o el primero en este mundo, sino que hubo gente como yo, hay gente como yo, y puedo proyectarme hacia el futuro con otras posibilidades’”, explicó.

Ante la pregunta sobre cómo se puede reconstruir la historia del país, Simonetto invitó a pensar nuevas políticas de memoria, contenidos para las escuelas y las universidades, “no solo en las de Humanidades sino en las de otras ciencias”. 

Respecto al rol de los Organismos de Derechos Humanos, el autor sostuvo que abrieron un camino para reflexionar sobre el papel de la identidad. “Se deberá trabajar para repensar lo político y sumar en la construcción de la memoria activa, para que nunca más exista el exterminio constante y las micro violencias que destruyen las vidas de las personas y que inhabilitan futuros dignos de ser vividos”. 

Por último, recordó que las primeras en abrirles las puertas a las disidencias sexuales fueron las Madres de Plaza de Mayo. Esto ocurrió el 24 de marzo de 1986, a diez años del Golpe y bajo la consigna “Juicio y Castigo a los Culpables”, cuando la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) participó de las jornadas convocadas por las Madres y por primera vez se instaló una mesa LGBT. 

30.400 compañerxs detenidxs desaparecidxs, presentes

En 1987, Carlos Jáuregui, primer presidente de la CHA, publicó La homosexualidad en la Argentina. En este libro escribió sobre 400 personas LGBT desaparecidas en la última dictadura cívico–militar– eclesiástica: 

“Es muy difícil precisar si alguna persona desapareció a causa de ser homosexual. No hay información ni desgraciadamente la habrá. Como sabemos, los asesinos se cuidaron de borrar el mayor número de huellas posible. Pero el convencimiento íntimo nos llevaba a creer que, entre los miles de compañeros desaparecidos, víctimas del terrorismo de Estado, debía haber, cuando menos, algunos centenares que fuesen homosexuales”.

Sobre las estadísticas oficiales, aseguró que no figuran en el Informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas Nunca Más, “pero uno de los integrantes responsables de la CONADEP afirma la existencia de, por lo menos, 400 homosexuales integrando la lista del horror”.  Según informó, “el trato que recibieron fue similar al de los compañeros judíos desaparecidos: especialmente sádico y violento. En su totalidad fueron violados por sus moralistas captores”. 

A partir de esto, en las marchas del Orgullo y del 24 de marzo, algunxs militantes recuerdan a lxs 400 compañerxs desaparecidxs y denuncian que los crímenes no han sido visibilizados ni condenados. 

Además, uno de los puntos del Plan Nacional Contra la Discriminación, publicado en 2005 por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), explica que “la dictadura promovió la desaparición de estos movimientos y el escarnio y persecución para los/as homosexuales argentinos/as”. También hace mención al registro informal sobre las 110 travestis asesinadas en situaciones sospechosas. 

En diálogo con Feminacida, Silvia Delfino, licenciada en Letras e integrante de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), aseguró que la investigación sobres lxs 400 víctimas del terrorismo de Estado sigue abierta y que “en los juicios por delitos de lesa humanidad hay testimonios que dan cuenta de la represión a personas LGBTIQ+”.

Sin embargo, en estos procesos solo se registró, hasta el momento, el testimonio de Valeria Del Mar Ramírez, una trabajadora sexual travesti que estuvo detenida en el Centro Clandestino de Detención bonaerense Pozo de Banfield. 

Crédito: Facundo Nívolo

La primera vez que la llevaron a ese sitio fue a fines de 1976 cuando ella y sus compañeras fueron levantadas en una razzia. A los dos días fue liberada. En octubre del 77 estuvo secuestrada durante dos semanas en el mismo lugar. Sufrió violaciones diarias y vejaciones que relató en las audiencias por el juicio que reúne las causas del “Pozo”. 

En su declaración, contó que presenció un nacimiento: “Una mañana, un guardia joven con acento del interior, alto y flaco, de tez blanca y con cabello castaño claro, me permitió salir a higienizarme al baño. En ese momento escuché gritos de una mujer y luego el llanto de un bebé. Entré al baño y encontré una chica de menos de 30 años con pelo castaño, muy pálida, con un solero amarillo claro hasta las rodillas. No podía mantenerse en pie y estaba llena de sangre. Le ofrecí ayuda y una mujer policía me gritó: ‘¿¡y vos qué hacés, puto de mierda!?’. Me tomó de los pelos y me arrastró hacia afuera, ahí vi al policía joven con el bebé en brazos”. 

A diferencia de otrxs compañerxs, Valeria del Mar Ramírez sobrevivió a la dictadura y a las violencias ejecutadas en democracia. 

A 44 años del golpe cívico–militar–clesiástico, recordemos a lxs 30 mil compañerxs detenidxs-desaparecidxs y a todxs lxs que lucharon por un país más justo. Pensemos en nuevas formas de reconstruir la historia y cuestionar los espacios que ocupan las disidencias en el proceso de Memoria, Verdad y Justicia.

Foto de portada: Agencia Presentes 


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