Norita, el hogar de todxs

“El mundo que vi me azoró. 

Los recuerdos y la memoria refuerzan la lucha

por los que tenemos el compromiso de seguir”.

Una vivienda se construye con materiales. Un hogar se habita, se recorre con sentimientos, ausencias, sensaciones, vacíos, pero siempre se anida en él la posibilidad, la esperanza de cambiarlo todo. Su casa dejó de ser sólo dormitorio, porque Cortiñas, es Norita la de la calle. Hoy se protege allí y sus palabras dan un refugio a todxs y a aquellxs que se vuelven visibles en sus reclamos. “En la lucha no sobra nadie”, sostiene. ¿Cómo lleva estos días una mujer que peleó tantas batallas? ¿Cómo resignifica su disputa, la de la calle, al interior de su hogar? ¿Cómo es un día de Norita en cuarentena? Es jueves y Norita recibe a  Revista Sudestada con un memorando de todo lo que pasó. Sus palabras dan lugar a lxs pibes que arrebató la bala policial, a las vidas que se llevó el sistema “perverso y patriarcal”, a lxs que tiene hambre, a lxs que tienen frío

Una llamada que se hace esperar pero se concreta. Se ríe y dice: “Estoy redescubriendo mi hogar”. El sol recorre su casa, se posa desde distintos ángulos, entra por el dormitorio y la ilumina más que nunca. Porque en plena pandemia mundial y aislamiento social en Argentina, su corazón sigue en la calle. “Estoy muy vinculada con la realidad”, afirma y las palabras adhesión y repudio resuenan. Abarcan todos los aciertos y todo el dolor. Sus certezas son las de todxs: “No puede faltar el agua, el pan, la vivienda”. 

Su mamá nació en la calle Viladomat 29, en Cataluña. Su papá también, pero se conocieron en Argentina. Cuando era niña tenía de mascota un chancho. Lo llamó “Violeto” sin saber que el tono de ese nombre caracterizaría un pronunciamiento mundial, un grito de esperanza y justicia. Un presagio feminista. A Violeto se le sumó el verde y hoy está Norita alzando el puño con nosotras.

“Pensar el feminismo como un sentir, pensar, actuar”. Con estas palabras Norita invita a adaptarlas a nuestras vidas,  al ritmo diario, a no sentirse mal cuando no se puede con todo. Evoca a levantar nuestros corazones y flamear nuestra bandera en lo cotidiano. Desde Violeto pasaron muchos años hasta que participó de su primer Encuentro Nacional de Mujeres en 1986. Con una firmeza inigualable y dulce asegura que el amor filial tiene un límite y antes de colgar el llamado sostiene: “Ustedes son compañeras, van a seguir llevando la bandera de la lucha, que era la de nuestros hijos”. Norita convoca y estremece aún sin poder abrazar la calle.  

Incansable, tenaz, tierna, coherente, lúcida, empática, solidaria, comprometida. Los atributos hacia Nora, Norita para todxs, son muchos, son interminables, igual que sus pasos, que han avanzado irrumpiendo las causas injustas con una bondad inmensurable, capaz de conquistar los siete reinos si los habría. En el escenario se hace inmensa e invita constantemente a ser parte de la historia, de nuestra historia, de la historia de los derechos humanos. “Todos ustedes son la memoria, ustedes van a seguir”, asevera. 

Un día en la vida de Norita arranca temprano con llamadas y una agenda repleta de memoria, verdad y justicia. Extraña  caminar entre la multitud, ser reconocida con guiños, sonrisas,  abrazos y besos. Un día en la vida de Norita en cuarentena es un día sin olvidar a lxs vecinxs de la Villa 31, castigadxs por la falta de agua y la muerte de Ramona.  Un día en la vida de Norita en cuarentena es un día sin olvidar los pedidos a la Anses para que acompañe a las comunidades originarias en la inscripción al IFE. Un día en la vida de Norita en cuarentena es un día sin olvidar a Alex que fue asesinado por entrar a un campo a cazar para comer. Un día en la vida de Norita en cuarentena es un día sin olvidar a  Karina, quien perdió su pensión por tener el 70 y no el 80 por ciento de su cuerpo quemado. “Hay que seguir la lucha, hay que hacer un esfuerzo más y si no alcanza otro esfuerzo más”: así todos los días. Un día en la vida de Norita en cuarentena es un día rodeada de afecto al hilo telefónico, con sus hermanas “las madres”, con su familia reuniéndose al horario de la cena convocadxs con el reto de cocinar la misma comida, para ver cuál sabe más rica.

Fotos: Revista Sudestada

– Este artículo fue producido en el marco del Taller de Periodismo Feminista de Feminacida –


Profesora en Comunicación Social UNLP- Licenciada en Comunicación Social UNLP. Comunicadora y docente feminista. Actualmente se desempeña en escuelas orientadas en comunicación.

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