Ni una compañera racializada menos

Se cumplen 5 años de la primera marcha de Ni Una Menos y recordamos a las compañeras racializadas del Abya Yala que sufren en carne propia los efectos de la violencia patriarcal, colonial y racista. No es sólo una cuestión de género. Es, también, racismo

Marcelina Meneses llegó a la Argentina desde Bolivia en los años 90. En 2001 viajaba en el tren Roca junto a su bebé Joshua cuando sufrió un ataque racista y xenófobo. Le gritaron “boliviana de mierda” y “volvé a tu país”. La violencia no fue sólo verbal. A Marcelina y a su hijitx los empujaron del tren y, en consecuencia, murieron en las vías de la estación Avellaneda. La empresa negó los hechos y no quiso hacerse cargo. Solo un testigo se presentó a declarar en la Justicia y contó lo sucedido. A partir del asesinato de Marcelina Meneses y de su hijx la Legislatura Porteña declaró el 10 de enero como el “Día de las Mujeres Migrantes” en la Ciudad de Buenos Aires.

Deolinda del Valle Torres tenía 31 años, vivía en la Rioja y trabajaba en un comedor. En 2017 su expareja Santiago Condorí la ahorcó y casi la mata frente a uno de sus 4 hijxs. Antes de atacarla le gritó “fea” y “negra”.  Deolinda lo denunció pero como la Fiscalía de Violencia de Género estaba en feria judicial le dijeron que volviera en otro momento. Al mes siguiente, Condorí le dio una feroz golpiza con una barreta de hierro. Deolinda murió camino al hospital.

María Magdalena Moreira desapareció el 12 de agosto de 2019 en la localidad de Miraflores, provincia de Chaco. Pertenecía a la comunidad wichi y como señala la Agencia de Noticias RedAcción (ANRed) con frecuencia le decían “india” y “sucia”. Su ex pareja, Facundo David Narciso, la amenazaba y la golpeaba. Desde el Consejo de Recuperación de Chaco lo denunciaron, pero Narciso la mató igualmente.

A Sabina Cordorí Garnica la vieron por última vez el domingo 14 de abril de 2019 a las 7 de la tarde. Había salido a comprar pan cerca de su casa, en La Rioja capital. A medianoche encontraron su cuerpo en un terreno baldío. La autopsia reveló signos de asfixia y abuso sexual. Tenía 11 años.

Lo último que hizo Liliana Flores (25) una hora antes de morir fue mandar un mensaje de WhatsApp al grupo de vecinos del barrio Los Paraísos. Más tarde se enteraron que la expareja y padre de sus hijxs violó la orden de restricción, le disparó en su domicilio y luego se suicidó. El femicida era policía y Liliana tenía miedo de denunciarlo.

Karly Sasha “Chinina” Palomino era una de las tantas mujeres trans que recurría a la prostitución para sobrevivir. Era migrante y vivía en el barrio de la Paternal. La mataron el 5 de marzo de este año. En un comunicado de Facebook la Asociación Civil “La Rosa Naranja” informa que a Karly le dispararon 3 veces con un arma de fuego. Sus asesinxs—presuntamente vinculadxs a mafias—huyeron dejándola sin vida en la calle. Según relevamientos hoy las personas trans tienen una expectativa de vida de 35 años. Karly tenía 33.

El pasado 30 de mayo fuerzas policiales chaqueñas irrumpieron en la casa de Elsa Fernández, mujer Qom. Se llevaron detenidxs a su hijo Cristián, su sobrino Alejandro, su hija Daiana y su vecina Rebecca. A los varones los golpearon y torturaron. A ellas las manosearon y abusaron sexualmente. “Ya les tiramos alcohol, ¿quién las prende fuego?”, dijeron los policías de acuerdo a lo que pudo contar Daiana entre lágrimas en un video que difundió Revista Cítrica. En una nota de ese medio, Elsa cuenta que los policías volvieron a su casa a decirle que “como no hubo violación, el abuso no fue tan grave”. La familia pide justicia y protección para toda la comunidad.

A Delia Gerónimo Prolijo la vieron por última vez el 18 de septiembre de 2018 a 500 metros de su casa. Tenía 14 años y vivía en La Paz, Córdoba. Sus padres habían migrado desde Bolivia a fines de los 90. El único sospechoso, Mauro Martinez, se suicidó poco después de haber sido denunciado por su pareja Anabel. Según el diario La Voz, Martinez le había dicho que la “iba a matar como a la boliviana”. A 20 meses, la familia de Delia sigue buscando a su hija. Hasta el momento solo pudieron encontrar objetos personales entre los pastizales.

A Andrea Mónica Tacumán también la mató su pareja. La joven tenía 27 años, vivía en Paso de los Indios (Chubut) y trabajaba de maestranza en el Juzgado de Paz. De acuerdo a la investigación, Luis Currumil (21) la golpeó ferozmente en todo el cuerpo. Andrea presentaba 27 golpes y finalmente murió de una hemorragia cerebral severa producto de los culetazos perpetrados con un rifle de aire comprimido.

Wanda Abigail Navarro desapareció el 23 de agosto de 2018 cuando iba a la escuela. La encontraron muerta y semidesnuda en Jesus María, provincia de Córdoba. Según datos de la causa la joven era amenazada y extorsionada por sus presuntos agresores desde hacía meses. Las lesiones en sus manos demuestran que Wanda intentó defenderse. No pudo. Tenía 15 años.

Ellas son tan solo algunas de las compañerxs racializadxs que han perdido la vida y han sido vejadxs por un sistema que genera y reproduce todo tipo de violencias. Sus historias no son mediáticas ni llegan a las tapas de los grandes diarios hegemónicos, pero nos importan y queremos visibilizarlas. No hay Ni Una Menos sin ellxs. No hay feminismos sin sus voces y demandas. La lucha debe ser colectiva, federal e interseccional. Sus crímenes no son sólo por cuestiones de género. Son, también, actos de racismo.

Marcelina, presente.

Deolinda, presente.

María Magdalena,

Sabina, presente

Liliana, presente

Karly, presente

Elsa, Daiana, Rebecca, presentes

Delia, presente

Andrea, presente

Wanda, presente

Hoy y siempre.

Ilustración de portada: Sabina Cordorí Garnica (Crédito: La Garganta Poderosa).


Periodista independiente especializada en ambiente y género. Desde su lugar busca visibilizar problemáticas que nxs atraviesan como humanidad con una mirada crítica e interseccional. Colabora con varios medios digitales.

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