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Mundial y brujería: ¿Revalorización o banalización de lo esotérico?

Por Emilia Holstein y Victoria Eger

Argentina y México. Segundo partido de la Selección en el Mundial de Qatar 2022. El tri se paraba enfrente de la albiceleste en la cancha. Después del 2 a 1 contra Arabia Saudita, los jugadores argentinos no podían permitirse otro error si querían pasar la primera ronda. Fue en ese momento que en Twitter comenzó a circular un llamado a todas las brujas, wiccas, mais y curanderas: había que curarle el mal de ojo a Messi —o bien a todo el equipo argentino— para ganar ese partido. 

La idea se expandió en las redes sociales un poco como certeza y un poco como chiste. En el siguiente encuentro contra Polonia, las fotos de personas metiendo en el freezer el nombre del arquero Wojciech Szczęsny no paraban de llegar durante el entretiempo. De un día para otro, miles de personas agradecieron el trabajo de las brujas a la hora de salvar a la Selección. “Sirvió congelarlo, eh”, le confirmó Paloma a su tía cuando el referí dio el pitazo final. 

De cara a la disputa entre Argentina y Australia de hoy, desde Feminacida entrevistamos a hinchas, astrólogas y tarotistas para pensar este fenómeno desde una perspectiva feminista. ¿Cómo dialoga el presente futbolístico con la magia, los rituales y la tradición de las brujas? ¿Por qué repentinamente se pone toda la confianza en estas feminidades históricamente negadas y violentadas? ¿Acaso se trata de la reivindicación de esta figura a nivel social? ¿O es una banalización de la espiritualidad? ¿Es creer o reventar?

Somos brujas y somos hinchas

Mariel Tellechea es comunicadora y futura maestranda en Comunicación y Cultura. La tesis en la que está trabajando pone el foco en la figura de la bruja y su vínculo con los feminismos. Frente a este fenómeno de cábalas y rituales, avisa que se enmarcan dentro de prácticas culturales que nos acompañan desde los inicios de la humanidad: algunos más mundanos y otros más mágicos o religiosos. Y en este sentido, “el fútbol es uno de los deportes privilegiados para los rituales porque convoca lo masivo y lo popular y en esos cruces hay varias tradiciones que conviven y se tensionan”.

Mel Knarik es escritora, tarotista y autora del libro Club de Brujas junto con Ayelen Romano. Para ella, une bruje es una persona que practica la espiritualidad por fuera de los dogmas aceptados. Elles apelan a distintas fuerzas espirituales y también materiales que están por fuera de lo socialmente establecido. 

“Hace muchos siglos atrás a las aborteras, por ejemplo, se les decía brujas, a las personas que tenían una práctica sexual por fuera de lo aceptado, a las mujeres que tenían propiedades sin tener un esposo o sin tener una familia. Y de hecho la acusación de brujería siempre fue una práctica que hoy por hoy le podríamos decir de cancelación, de exclusión social”, explica. En esta línea, Mariel Tellechea redobla la apuesta: “Con el movimiento Ni una Menos en el 2015 en Argentina también reaparecieron las brujas en sus diferentes versiones: las parteras, las sanadoras, las ecofeministas, las mujeres de pueblos ancestrales”.

Sin embargo, en los últimos años ha habido un resurgimiento de este tipo de prácticas y una reapropiación de la figura de la bruja. Y también de las mujeres en el fútbol. “Creo que necesitamos pensar este fenómeno como parte del proceso de visibilización de las mujeres en el fútbol, así como el crecimiento del esoterismo en la sociedad los últimos años. Todo esto vinculado a los distintos feminismos: el del deporte y el de las brujas”, sostiene Lu Gaitán, astróloga y politóloga feminista. 

A las mujeres y disidencias siempre nos gustó el fútbol, eso no es nada nuevo. Lo que sí es una revelación es la aceptación a nivel social de que somos hinchas, de que podemos sentarnos a la mesa y gritar los goles con la misma potencia que todos los varones. La escena de la esposa que se queda en la cocina y aparece solo para traer la birra y la picada ya no va más. 

Fuimos herejes, somos bisnietas de la rebeldía

En paralelo, también cobraron relevancia las prácticas esotéricas. Para Mariel Tellechea, la visibilización del universo simbólico de las brujas viene ganando terreno desde hace algunos años gracias a dos contextos. En primer lugar, las luchas feministas se encargaron de rescatar a la figura de la bruja de los manuales de demonología para contar las historias de persecución a mujeres que representaban una amenaza para el sistema. En segundo lugar, emerge una tendencia contraria vinculada a los discursos que proponen cambios mágicos, pero no consideran las desigualdades estructurales. Es decir, las filosofías positivas y las espiritualidades llamadas “new age” con un sesgo individualista. 

Las personas que practicaban la brujería fueron y son perseguidas desde hace siglos. Referentes de sus comunidades, fueron acusadas de “herejes”, condenadas e incendiadas. La caza de brujas tuvo lugar en Europa entre la segunda mitad del siglo XV y mediados del siglo XVIII, al final de la Edad Media y comienzos de la Modernidad. La escritora italiana Silvia Federici, autora de El calibán y la bruja, señala que actualmente en los países africanos como India, Nepal y Papúa Nueva Guinea las prácticas disciplinadoras contra las mujeres siguen siendo habituales: las asesinan bajo la excusa de la brujería.


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Desde las décadas de los 60 y los 70 los feminismos han reivindicado y rescatado a la bruja del silencio para restituir su complejidad. Según Mariel Tellechea, la intención fue y es “marcar diferencias con los imaginarios de maldad y terror que construyeron los inquisidores y que luego se difundieron a través de la literatura, la pintura y el cine”.

La aniquilación de la rebeldía, encarnada en cuerpos feminizados, fue la condición para el surgimiento del capitalismo moderno. “Esta persecución se extendió a nuestro continente con la colonización. Hay varias líneas que conectan a las brujas de Europa y a las de los pueblos originarios de América que fueron consideradas salvajes, indóciles e irracionales. Siguiendo esta corriente de pensamiento, podemos decir que la bruja es una figura cargada de estigma que significó la muerte de miles de mujeres”, desarrolla la comunicadora y docente.  

Por su parte, Lu Gaitán entiende que por todo esto muchas personas viven su costado esotérico en secreto. “Los aquelarres eran el espacio de encuentro de las brujas. Ahí no sólo se hacían prácticas de adoración a los árboles y los animales, también aparecen registros de travestismo, lesbianismo y homosexualidad como parte del ritual. Por eso, digo que muchas personas por estos días estuvieron saliendo del closet esotérico gracias a algo tan movilizante para la sociedad argentina como es el Mundial”, afirma. 

Quienes son brujas hoy están reivindicando una identidad y una pertenencia a un linaje asociado siempre con lo negativo. En este sentido, Mel Knarik aporta: “En vez de tomarlo como una acusación que tiene como intención excluir a la persona, intentar adueñarse del término también es una forma de volver a incluirse por lo menos en otro tipo de círculos sociales”.

Que las hay, las hay

México y Polonia terminaron 0-0 en su partido debut. Ante la derrota de Argentina en su primer partido frente a Arabia Saudita, no había mejor resultado posible que el empate sin goles. “La prendí a las 13 y tache la m*fa”, le escribe Martina a su compañero y le adjunta la foto de una vela junto a una estampita de Gilda. Él, que siempre fue escéptico y descreído, se aferró a ese ritual como nunca antes lo había hecho: “Vas a tener que hacer esa magia de acá a que termine el Mundial, lo siento”. A cambio había que poner una canción de la abanderada de la bailanta. Porque a Gilda se le pide, pero también se le agradece. 


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Para quienes se dedican a la brujería, las prácticas esotéricas no son algo con lo que se pueda jugar. Congelar a alguien sin saber hacerlo o sacarle “la mufa” a un jugador sin su consentimiento puede ser, para las brujas, algo que nos perjudique a quienes lo hacemos. 

En los tweets, memes y videos virales que circularon desde el partido contra México se mezclan los mensajes de creyentes en estas energías con los de fans que harían cualquier cosa por ver ganar a Argentina. También estuvieron aquellas personas que simplemente se reían un rato de la siguiente tendencia en Twitter. 

Pero, ¿por qué está permitido burlarse de estas prácticas y no de una religión institucionalizada? ¿Es este fenómeno una banalización de la brujería o una posibilidad de visibilizar un mundo oculto?

Knarik piensa que lo que está pasando, como todo lo que acontece a nivel social, es complejo. Hay una simplificación de lo que implica el mundo de lo ritual y de la magia, porque para empezar es muy difícil poder transmitir estos conocimientos ocultos (que no son uno sólo, sino que existen múltiples corrientes) a través de un reel en redes sociales. 

Pero además, ella se pregunta qué pasará cuando termine la copa del mundo: “Después de haberle prendido una velita al santo o haberle limpiado los ojeos a Messi pasan a decir seguramente que la astrología es una mentira o que el yoga es una secta. Cuando nos conviene para influir en lo que nos interesa, todos le pedimos a la bruja que haga de lo suyo, pero después, cuando se trata de incluir a la bruja y a sus prácticas de nuevo, va a quedar excluida”.

Si algo demuestra este evento es que “los rituales tampoco tienen género”, insiste Mariel Tellechea luego de una conversación que tuvo con un amigo varón. ¿Las brujas son irracionales y emocionales? “¿Acaso los hinchas no lloran, patalean, rezan, hacen catarsis, dejan de comer en la previa por los nervios, hacen promesas a los santos y endiosan a ídolos populares?”, indaga la comunicadora y docente.  

No hay magia que no sea colectiva

Dicen que en el mundo no hay hinchada igual a la de nuestro país. Que a los argentinos hay que sacarlos a rastras del estadio cuando termina el partido es noticia conocida. Que las multitudes viajando en subte al ritmo de La Mosca o Calamaro movilizan hasta la persona más insensible. Pero, ¿cómo explicarlo si es mejor sentirlo? 

No tengo dudas de que muchas personas concentradas en un mismo asunto y en el mismo momento tienen mucha fuerza. Lo sabemos en el cuerpo cuando vamos a un partido de fútbol, a un recital o a una marcha: tenemos piel de gallina, nos emocionamos, los sonidos y los colores se perciben distintos. Es realmente muy poderoso y creo que buscamos esos espacios porque son momentos de reunión colectiva, pero también son momentos de conexión con algo más grande que lo Humano”, asegura Lu Gaitán.

Agustina Gallo es comunicadora, docente de escuelas secundarias y consultora astrológica. Actualmente cursa una maestría donde estudia las narrativas biográficas de mujeres y disidencias que juegan al fútbol de manera profesional. Según ella, “así como la mística del fútbol excede a las cábalas y contagia y reanima la energía personal y colectiva, también es capaz de absorberla y bajar toda barrera anímica”. 

La profesora coincide con las demás entrevistadas. Y es que con las energías no se juega. Ser conscientes de lo que hacemos y comprender la responsabilidad asumida es fundamental. “El trabajo con la energía propia, los rituales de agradecimiento y limpieza distan de aquellos que pretenden opacar la fiesta ajena, lastimar o interferir en las energía de otres. No perder de vista este norte podría ser la llave para sostener la confianza en la magia y la relevancia que las brujas han cobrado en estas semanas, una vez que el silbatazo marque el final del partido. Es preciso frenar la pelota para no desconocer el cuidado y el respeto que los rituales requieren porque la energía sí se mancha”, sentencia.

Según Lu Gaitán los desenlaces posibles luego de esta ola de magia son complejos: Creo que pueden pasar varias cosas (y probablemente sucedan todas): una es que cualquiera se ponga a hacer rituales y no sea consciente de los peligros energéticos de la magia. La otra es que las brujas seamos un poco más respetadas y menos ridiculizadas, sobre todo si a Argentina le va bien en el Mundial”. Elegimos creer: que la justicia divina y feminista haga lo segundo. 

Que así sea.

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