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Mujeres gamers en un mundo de tiburones

Mujeres gamers en un mundo de tiburones

El día mundial de los videojuegos se celebra cada 29 de agosto. Entre competencias, cultura gamer y miles de fans en todo el mundo, los deportes electrónicos se erigen no sólo como un pasatiempo, sino también como una forma de vida y un trabajo del que vivir. Pero ¿qué lugar tienen las mujeres gamers dentro de los esports?

Los esports (o deportes electrónicos) constituyen un negocio mundial. Muchas empresas reúnen equipos para participar de las competencias regionales y posicionar a sus jugadores y jugadoras en lo más alto. Pero no es el único objetivo. Hay sponsors, merchandising, eventos y streaming monetizados. Hay influencers, publicidad y mucho dinero invertido. Los deportes electrónicos son una realidad que se puede poner a la altura de cualquier otro “deporte tradicional” y generar ganancias espectaculares.

En Argentina las empresas más importantes dedicadas a los esports son dos: Isurus Gaming, creada en 2011 y Furious Gaming, fundada un año después. Ambas compiten en diversos videojuegos, pero los más populares son el League of Legends y el Counter Strike. Hasta el 2020 Isurus era la única de las dos que tenía un equipo de mujeres, conformado por Julieta “Khizha” Grilla, Evelyn “Chjna” Acuña, Florencia “Flossie” Gaitán, Sol “Solxiz” Checa, Juana “Lady” Giménez y su entrenador Joaquín “lokomotioN” Abasolo. Juntas tuvieron muchos logros: en 2018 llegaron a la Liga Pro de Temporada de Juegos, la máxima categoría del país. Fueron campeonas en la Liga Femenina de Gamers Club y se convirtieron en el primer equipo argentino en quedarse con el título y en 2019 viajaron a San Pablo para las finales de la Girl Gamer Festival. 

Crédito: Micaela Acuña (@micaelaacuphotography)

“El viaje a San Pablo fue una experiencia increíble. Jugamos la semifinal de la Girl Game 2019, pasamos a la final y se nos escapó el viaje a Dubai, pero igual fue algo maravilloso”, dice a Feminacida Sol “Solxiz” Checa, ex jugadora de Isurus y actual de Aorus Latam. Su camino como gamer empezó desde chica, cuando tenía seis años o incluso antes. “Jugaba con mis papás al Family Game. Con mi mamá siempre jugábamos al Battle City y con mi papá al ajedrez. También me gustaba el Duck Hunt y los juegos de Sega”, revela. Cuando empezó a competir tenía 20 años. Buscó un equipo y formó “Primadonna” en 2017 junto a Khizha y Flossie. Luego de salir subcampeonas de las clasificaciones para la World Electronic Esports Games de Sudamérica, llegaron a las finales en marzo de 2018 y llamaron la atención de Isurus que adquirió el equipo tiempo después.

Micaela Acuña es fotógrafa y gamer bajo el nick de “MiQQa”. Acompañó en muchas competencias a su hermana Chjna y brilla en el ambiente como una de las mejores fotógrafas de los esports. “Al principio no quería ser profesional. Mi hermana Evelyn lo fue toda su vida, se lo tomó muy en serio. Yo veía todas las horas que le llevaba el entrenamiento y no tenía ganas de meterme en eso”, comenta en diálogo con Feminacida. Sin embargo, desde hace cinco años comenzó a participar en equipos y competir. “Suelo jugar en el torneo internacional de Brasil que se hace a fin de año. Todos los países tienen representantes y al haber pocos equipos en Argentina es fácil llegar a la final”, agrega. 

De chicas las hermanas Acuña jugaban mucho al Counter Strike. “Yo lo arranqué a los 10 años porque veía que Evelyn lo jugaba siempre”, comenta Micaela. Las horas en la computadora no veían solas: se hizo amigxs en varias partes del mundo, acompañó a su hermana a Brasil y consiguió contratos para trabajar como fotógrafa gamer. “Buenas experiencias hay un montón. Si estoy triste entro a la compu, hablo con mis amigxs y se arregla mi día. Paso horas ahí y no me aburro porque tengo gente con la cual compartir”, menciona. Sus dos pasiones, la fotografía y el Counter Strike, conviven sin que tenga que elegir una de ellas. Actualmente está por firmar contrato con una organización y forma parte de un equipo con el que entrena cinco horas diarias. “Ser profesional no es tan fácil. Lleva mucha estrategia y tiene que haber buena comunicación entre las jugadoras”, explica.

El mundo gamer tiene cada vez más mujeres jugando amateur y profesionalmente. Sin embargo, los deportes electrónicos siguen siendo un ámbito dominado por hombres. “Hoy en día somos más mujeres que antes, pero cuando yo tenía diez años había muy pocas. Una vez fuimos a una juntada gamer en Parque Saavedra con mi hermana donde eran 130 hombres y cuatro mujeres, contándonos a nosotras dos”, rememora y agrega: “En ese entonces si jugabas Counter, que era un juego considerado ‘de hombres’, te trataban de machona”. Los comentarios discriminadores eran el chiste fácil: desde “andá a la cocina” a “¿qué hacés jugando a esto y no con Barbies?” “Cuando prendías tu micrófono todo el server escuchaba tu voz y sabía que eras mujer. Al principio me lo tomaba como un insulto pero después te tenés que hacer respetar. Es triste pero te acostumbrás y te defendés”, declara.

Los estereotipos y la violencia machista son un rasgo común en el paso por el mundo gamer de las mujeres. “Ahora ya no me pasa, creo que porque estoy compitiendo y me desenvuelvo en un ámbito profesional. La gente sabe quién soy y no bardea”, agrega Solxiz. Las jugadoras tienen que alcanzar un status avalado por ellos para ser respetadas, pero mientras tanto son el objetivo de burlas y hasta de acoso. “Cuando jugaba por hobby me encontré con muchos comentarios machistas. ‘Haceme un sánguche’, ‘marimacho’, ‘sos mujer, no podés ser buena en un juego de hombres’, etcétera”, rememora. 

Crédito: Micaela Acuña (@micaelaacuphotography)

Semiramis Piña es abogada y gamer mexicana bajo el nombre de “Sybella”. Empezó a jugar Mario Bros a los seis años con una Super Nintendo y actualmente su favorito es el Mortal Kombat. “Se ha vendido mucho la idea de que para ser gamer tienes que estar super guapa, stremeando casi desnuda. Yo estoy totalmente en desacuerdo que esa sea la imagen de una chica gamer”, asegura. Las mujeres que juegan videojuegos aparecen hiper sexualizadas, listas para el consumo masculino. “La forma en que venden la imagen de las gamers no es la correcta. No la sigue nadie si no está enseñando media bubi y eso me molesta. Hay que romper con esa idea, abrir una brecha de igualdad”, agrega.

Muchas veces Semiramis tuvo que decir que era hombre para que no la molestaran. El acoso es otra de las tantas caras de ser mujer gamer y se tuvo que enfrentar a comentarios que la cosificaban. “Tú entras a jugar y divertirte y es molesto que te sientas acosada así”, denuncia. Los videojuegos son un espacio donde las y los gamers se divierten pero muchas veces este privilegio lo tienen solo los hombres. “Ellos no pasan por eso, entran a jugar y se relajan. Y yo tengo que tener una actitud fuerte y poner límites para no tolerar esas cosas”, comenta.

“Una aprende a vivir con esto. Hoy en día ya todo el mundo me conoce, no sólo por ser jugadora sino por ser fotógrafa, así que ya no me molestan más. Se tienen que animar más chicas, que no tengan miedo a lo que les vayan a decir los hombres”, remarca Micaela. Por otro lado, Semiramis resalta: “Jugar vale la pena, te abre un mundo hermoso. A las chicas les va a costar más, pero tienen que hacer la diferencia, no ser las que se aguanten todo”.

Según un estudio de Nielsen eSports de 2019, la cantidad de mujeres que juegan profesionalmente llega a un 22 por ciento. “No somos tantas mujeres en Argentina. En Brasil y Chile hay muchas jugadoras pero acá no. Están más en Twitch o no se lo toman tan en serio. Hay pocos equipos y el más importante es en el que está mi hermana. No hay otro que las pueda ‘destronar'”, ilustra Micaela. Las razones pueden ser varias: a veces prefieren vías más sencillas como los streaming, otras el machismo las expulsa. En ese sentido, Micaela teoriza: “También sucede que las organizaciones no son como Brasil. A algunas les sirve tener un equipo de mujeres para hacer publicidad, pero lamentablemente no toman tan en serio sus equipos”.

Sin embargo, las diferencias entre hombres y mujeres en el mundo gamer implica una dimensión más: el salario. “Una mujer sigue teniendo menos valor que un hombre en el ambiente. Ellos cobran muchísima plata y ellas apenas la mitad”, revela Micaela. Las horas intensas de entrenamiento son las mismas —a veces pueden llegar a ser hasta diez horas diarias— la dedicación es igual, pero la diferencia salarial es abismal, no sólo en Argentina sino en el resto del continente. “En Brasil cobran una bestialidad los hombres, nada que ver con los honorarios de una mujer”, especifica.

Las desigualdades sociales se trasladan a los esports donde priman las faltas de oportunidades, el acoso y la diferencia salarial. Pero cuando se hace zoom sobre las vidas de las chicas, resaltan sus logros, los torneos jugados, las experiencias vividas y los vínculos que el mundo de los videojuegos les trajo. Darle más visibilidad a los equipos femeninos es poner en valor su trabajo. “En un mundo de tiburones si no te conviertes en uno, te comen”, finaliza Semiramis.

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Nació en noviembre de 1996. Estudia Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y escribe en la agencia de noticias de la carrera. Escribe ficción y forma parte del Coro Municipal de San Martín y el Coral Joven de la Sociedad Coral Alemana.

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