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Matt, un varón trans lactante

Matt, un varón trans lactante

Matt se emociona cuando recuerda la llegada de su hijo Luan, el primer bebé de la ciudad de Córdoba nacido de una mamá trans y un papá trans. Corría diciembre del 2019 cuando Matías y Celeste asistieron a la cesárea programada en la Maternidad Nacional de Córdoba para recibir a ese niño que tanto habían deseado. 

“Apenas nació, me lo llevaron a la cama. Luego de examinarlo, me lo alcanzaron. Se me estaba yendo el efecto de la peridural. Estaba nervioso, quería tenerlo ya conmigo. Cuando me lo trajeron, me morí de amor. Lloramos mucho y ahí nomás me acomodé de costado y le pelé la teta. Hacía como los perritos bebés cuando buscan alimentarse. Se la acerqué a la boca y se prendió enseguida. Fue una experiencia hermosa que no la voy a olvidar nunca en mi vida”, relata Matt en una entrevista con Feminacida

“Tuve la posibilidad de tener unos cursos de lactancia en el hospital. Me explicaron cuáles son los movimientos correctos para que baje más leche y lo fundamental e indispensable que es darle la teta a nuestros bebés. Es como una inyección de vitaminas y nutrientes. Pude amamantarlo porque no estaba operado de los pechos aún”, continúa Matías.  


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Matt advierte que aún hoy falta formación e información para acompañar gestaciones y lactancias de identidades disidentes. Cuando dejó de amamantar a Luan retomó la testosterona. Hoy trabaja de tatuador y peluquero, y tiene un canal de Youtube donde sube contenido sobre el tratamiento de hormonas, porque son muchos los varones trans que le escriben para hacerle preguntas al respecto. 

Luan fue amamantado hasta los 14 meses. Hoy está cerca de cumplir los tres años. Luego del nacimiento, Celeste y Matías se contactaron con una doula para que les asesore en la etapa del posparto y la lactancia. “Le preparaba cubitos de hielo con mi leche para calmarle el dolor de las encías mientras cortaba los dientes. Era una anestesia natural, de leche, y lo aliviaba un montón”, recuerda Matt cuando habla de todo lo que aprendió en compañía de la especialista. 

Además, aprendió a usar el sacaleche para tener mamaderas listas en cualquier momento. “Al año y dos meses le saqué la teta y la suplantamos por leche de fórmula, una vez que ya sabíamos sus horarios”, cuenta Matías. 


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Reivindicar la identidad propia

Matt tiene 26 años. Empezó a percibirse como varón durante su adolescencia, pero en ese momento no sabía que podía iniciar un tratamiento de hormonas.

“A los 18 años me escribió un compañero Hombres Trans Argentinos (HTA), una asociación de pibes trans muy copados, y me preguntó si yo estaba con hormonas. Me comentó de qué se trataba y al día siguiente fui a sacar turno con una endocrinóloga. Me hicieron los estudios y comencé mi tratamiento. Fue tan hermoso encontrarme conmigo mismo, me veía en el espejo esas primeras veces y me enamoraba de mí mismo. Estaba orgulloso del hombre en el que me estaba convirtiendo”, manifiesta. 

A los 21 años conoció a Celeste, su actual pareja. Ella es una una activista trans quien coordinó la Asociación de Travestis, Transgénero Transexuales de Argentina (ATTTA). Después de coincidir en varios encuentros que compartían por la militancia que los unía, decidieron formar una familia. “Primero fue un perrito, después gatos, hasta que hablamos del deseo de traerlo a Luan”, detalla Matt. 



Después de meses de búsqueda y varios abortos espontáneos, Matt logró sostener la gestación. Investigando el motivo de las interrupciones con su pareja, tuvo que dejar de tomar hormonas para poder concebir. Además, Matt hizo un tratamiento con progesterona para fijar el feto hasta los ocho meses de embarazo. “Sin embargo, no es algo específico para los varones trans. Le puede suceder a cualquier persona”, aclara Matías. Es más, fueron elles quienes le acercaron la información a su obstetra, que hasta ese momento no lo había tenido en cuenta. Un claro ejemplo de que los abordajes en salud pueden ser horizontales y amorosos. 


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Créditos: Tania Persico

A la hoguera los prejuicios

“Cele me acompañó mucho en el proceso”, agradece y destaca: “Ahora de grande, Luan juega y hace que toma de la teta de ella. Y ahí me pongo un poco celoso y en chiste le digo: ‘Luan, yo te di la teta’”, bromea. 

“Nunca tuve vergüenza en pelar la teta y darle de comer a mi hijo en cualquier lado”, asegura Matías y sostiene: “Si él lloraba y tenía hambre, a mi no me importaba quién estuviera. Si había mucha o poca gente, si estaba en el centro o en mi pueblo. Me importaba más él que lo que la gente pudiera decirme”.

“Intentaba no ponerme nervioso para no trasmitirle nada a mi bebé”, dice. Matt recuerda que había personas que lo miraban y hablaban a sus espaldas. Pero también trae a la conversación las felicitaciones de una mujer que lo cruzó en la calle y lo alentó a seguir. 

Hay una foto de Matt del día en el que se cruzó con la mirada de su hijo por primera vez. “Naturalicemos que un varón trans amamanta a su hije donde sea. ¿Que solo las mujeres pueden amamantar? Sos la sensación más linda, Luan. Te amo con todo el corazón”.

¿Tiene límites el amor?


Foto de portada: Tania Persico

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Coordinadora editorial de Feminacida. Nació en Buenos Aires, en 1993. Fotógrafa, periodista y licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Nacional de La Matanza. Es profesora de Comunicación y Construcción de la Ciudadanía en escuelas de gestión pública y privada de ese distrito y tallerista de Educación Sexual Integral. Es co-autora del newsletter “No me arrepiento de esta ESI” de Feminacida.

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