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Maternidades gordas

El abandono del sistema de salud hegemónico es real cuando hablamos de personas gordas. ¿Pero qué sucede cuando le sumamos el deseo de maternar? Elegirlo pareciera ser un privilegio delgado.

Fotos de portada: Pablo Strummer


“Volvé a verme cuando bajes de peso”, es una de las tantas frases que se escuchan en los consultorios cuando las personas gestantes van a consultar por sus posibles embarazos. 

Cuando me enteré que estaba embarazada de mi primera hija, me atendí en la Matenridad Sardá. Lo primero que hicieron fue pesarme y medirme para calcular el índice de masa corporal (IMC). Me hicieron esperar en un pasillo con otras embarazadas hasta que me atendió una obstetra. Yo ya sabía que estaba de 15,7 semanas, lo cual era un embarazo avanzado.

La profesional me informó que por mi IMC, yo tenía un embarazo de riesgo y me tenían que hacer una serie de seguimientos. En la pared tenían pegadas unas láminas donde había distintos tipos de indicaciones para madres con enfermedades que lo convertían en riesgo: “diabetes”, “presión alta”, “HIV”, “Obesidad”.

En cada trimestre había controles específicos. A mí me tocaban dos cosas que, en ese momento, me dejaron en shock: me recetaron heparina preventiva (que se utiliza para la coagulación y en los embarazos, para la trombosis) sin hacerme ningún estudio médico y me mandaron al espacio de salud mental para tratar mi vínculo con la comida (yo siempre digo que me lo imaginé como “gordos anónimos”).

El remate de todo fue cuando la médica me dice: “Tenés que hacer caso porque sino tu bebé se puede morir”. Perpleja me quedé, no pude decir nada más que sentir angustia. 

Ante esta situación, ¿qué podemos hacer? Estamos en un espacio dónde se supone que vamos a obtener información, buscamos contención y nos terminan violentando simplemente por tener grasa corporal, sin preguntar absolutamente nada sobre nuestras vidas y, de yapa, cargándonos con la culpa de cualquier cosa que pudiera suceder durante los nueve meses. Porque como hemos hablado otras veces, la histórica individualización de la gordura conlleva a que es nuestro mérito “tener este cuerpo” y, si queremos vivir mejor, haríamos algo para cambiarlo. ¿Cómo nos vamos a hacer cargo de otra vida si no podemos hacernos cargo de nosotras?


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“No vas a poder ser madre si no adelgazás”: el closet de la maternidad para les gordes

Pasaron casi cinco años del nacimiento de mi hija y estoy gestando de nuevo. La menstruación me dejó de venir y lo primero que hicimos fue descartar embarazos. Después pasé por varios estudios porque pensábamos que era un problema hormonal.

Me crucé con muchos profesionales gordoodiantes que, además de decirme que no iba a ser madre de nuevo (yo ya estando embarazada sin saberlo), me sugirieron hacerme la cirugía bariátrica porque era probable que mi amenorrea fuera por mi gordura. Pero para cerrar bocas, otra vez sin planificar ni nada, “de prepo”, estoy esperando mi segundo hijo. 

Cuando lo compartí en mis redes sociales, me llovieron mensajes de personas contándome sus experiencias con el modelo hegemónico de salud. Cuerpos gestantes que ni intentan “buscar un embarazo” porque les mediques ya le dijeron que NO iban a poder por el peso. A otres les da terror pensar en proyectar un embarazo porque tienen miedo de quedar y que el sistema de salud les abandone en el camino, o bien, miedo a la reacción gordoodiante.

Esto es realmente un problema de salud pública: la maternidad es un privilegio de las personas delgadas. Muchos slogans dicen “mi cuerpo, mi decisión”, pero cuando hay grasa corporal con estudios perfectos, igual te mandan a bajar de peso o te catalogan como “de riesgo”.

Sin embargo, no es solamente eso. ¿Cuál es la representatividad que tenemos las embarazadas en los medios de comunicación? “Blanca, sonriente, delgada, inmaculada, que todo lo puede”. Porque todo lo podemos, incluso habiendo tenido a nuestra cría hace dos semanas. Ahora bien, una mamá gorda no está en ningún lado. Y si llega a aparecer es “porque la maternidad la pasó por encima y se dejó estar”.

Incluso siempre digo que la única panza que aceptamos socialmente es la de embarazo, pero a los 20 días de tener a tu hije, ya tenés que bajar de peso y volver “al cuerpo en forma” (¿en forma de qué, eh?). Históricamente miles de tapas de revistas con mujeres puérperas mostrando “plenitud” posparto a través de la delgadez. ¿Cuáles son los tiempos que se nos exigen? ¿Por qué cuando hablamos de maternidad solamente hablamos de “formas del cuerpo”? ¿Qué mandatos tienen para nosotras?  ¿Y las mamás gordas dónde estamos? 


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Cuerpos que desean

Cuando hablamos del mercado del deseo, generalmente lo asociamos a la hegemonía corporal, donde estos cuerpos son validados, deseados y sujetos de deseo de les otres. Pensar en otras corporalidades deseadas y deseantes es una especie de sueño disidente, porque en el mercado del consumo no existimos.

Además siempre al deseo se lo vinculó con la sexualidad, pero en realidad abarca mucho más que eso. Podemos desear y ser deseades, y entre esos deseos, la maternidad también debe ser una elección para nosotres. El sistema de salud tiene que transformarse, con una mirada no pesocentrista, para que deje de soltarnos la mano cuando más lo necesitamos. 

Salir públicamente a decir “estoy de nuevo embarazada” no es simplemente ventilar algo personal. Soy una mujer gorda, que se embaraza, que le pasan cosas, también abandonada por el sistema de salud, con el privilegio de que algunes médiques los pago de forma particular y estoy mostrándole a ustedes que se puede. Algo tan sencillo, como aprendimos con la legalización del aborto: poder elegir. Pareciera que aun, para las gorduras, el “no” está de antemano.

Insalubres no son nuestros cuerpos, sino el gordoodio institucionalizado en el modelo hegemónico de salud que nos condena a adelgazar para tener una vida digna. 

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Estudió trabajo social en la UBA. Comunicadora feminista. Militante gorda. Es impulsora de la Ley de Talles 27.521 junto a Anybody Argentina y creadora de Kalista Sports, una marca de ropa deportiva en talles inclusivos.

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