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Lxs vulnerables de la crisis y la presencia del Estado

Las consecuencias de la pandemia en sus aspectos sanitarios, económicos y sociales repercuten principalmente en los sectores más vulnerables de la población. En esta nota, la politóloga Victoria Eizaguirre analiza desde una perspectiva de género y derechos la situación de lxs trabajadorxs, el personal de la salud, las identidades feminizadas y las respuestas a la crisis con una advertencia: “El Estado somos todxs”. 

Por Victoria Eizaguirre (*)

Que las crisis sanitarias no nos afectan a todxs de la misma manera no es ninguna novedad. Experiencias anteriores como la del Zika o Ebola ya lo dejaron bien en claro. Los segmentos de la sociedad que son más vulnerables por su condición económica, social, migratoria y de género se ven aún más perjudicados en esta etapa. Que el Estado es sumamente necesario para poder brindar respuestas y reducir los impactos negativos que pueda generar, tampoco lo es. 

En lo económico, estas diferencias son las primeras que identificamos a simple vista. Podemos ver que hay quienes toman el aislamiento preventivo social obligatorio con cierta “tranquilidad”. Ocupan sus días con clases de gimnasia virtuales, mirando series, tomando sol, cocinando recetas que comparten youtubers. En el otro extremo, tenemos a quienes tienen que reducir la cantidad de comidas diarias por falta de dinero para comprar alimentos ya que se desempeñan en la economía informal y no pueden salir a trabajar o se encuentran desempleadxs. 

En el medio, existen MiPyMES que se están debatiendo su continuidad; monotributistas que no pueden facturar; empleadas domésticas (el 98 por ciento mujeres) que deberían cobrar sus salarios, pero sus empleadorxs no les están pagando; docentes haciendo lo posible por mantener las clases en el formato de la virtualidad; trabajadorxs que no saben si podrán conservar sus puestos; el personal de la salud abocado las 24 horas a luchar contra esta pandemia sin permiso de vacaciones ni licencias; el personal del Estado en todas sus jerarquías y todas las jurisdicciones dedicándose exclusivamente a que estas diferencias sean lo menos profundas posibles mientras otrxs ciudadanxs cacerolean para pedir la reducción de sus salarios. 

La situación económica nos queda bien clara. Por un lado, cámaras empresariales reclaman al gobierno que estos actores deben retomar su actividad porque sus ganancias se están viendo afectadas. Por el otro, lxs desempladxs y trabajadorxs informales luchan por conseguir el plato de comida del día y un 68 por ciento de niñxs que asisten a escuelas públicas dependen del comedor de la institución para alimentarse.

Sin embargo, hay diferencias que parecieran pasar más desapercibidas. Desigualdades que, pandemia mediante o no, siempre están presentes y muchas veces son invisibilizadas. ¿Cómo afecta esta crisis sanitaria a los distintos géneros? Mujeres e identidades LGTBIQ+ se encuentran de por sí en una situación de vulnerabilidad por diversas razones y estos momentos de crisis la acentúan. Entonces… ¿Qué respuestas está brindando el Estado ante este panorama? 

Al interior del hogar

En las casas, quienes se identifican como mujeres son las que desempeñan gran parte de las llamadas “tareas del hogar”, o en otras palabras,  trabajo no remunerado. El cuidado de niñxs y adultxs mayores siempre recae en ellas. Como así también preparar la comida, lavar la ropa, limpiar ambientes. A nivel mundial, según datos de la ONU, las mujeres dedican dos horas y media diarias más a estas actividades que los varones. Esto hace que, por ejemplo, opten por trabajos con jornadas laborales más reducidas para poder disponer de ese tiempo. Ante el contexto de encierro que plantea el aislamiento social y preventivo, estos quehaceres se intensifican y la carga sobre ellos aumenta. En este sentido, la campaña estatal #CuarentenaConDerechos apunta a sensibilizar a la población sobre estas desigualdades y alienta a que las tareas sean realizadas entre todxs lxs que habitan cada vivienda. 

Pero esto no es lo único que sucede detrás de cada puerta. Lamentablemente, muchas ven comprometida su integridad física y psicológica. La violencia de género se lleva la vida de muchas mujeres cada año. En la Argentina, durante los primeros 23 días de cuarentena se registraron 18 femicidios. El 72 por ciento ocurrió en la vivienda de la víctima y en más de la mitad de los casos fue cometido por su pareja o ex pareja, según datos del Observatorio Ahora que sí nos ven. 

A nivel nacional, específicamente desde el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, se habilitaron diversos canales para realizar denuncias por violencia machista. Se aumentó el personal de la ya existente Línea 144 que recibió un 54 por ciento  más de llamadas en este periodo; se habilitaron nuevos medios como líneas de Whatsapp (11-2771-6463 y 11-2775-9047/48) y el correo electrónico linea144@mingeneros.gob.ar; se lanzó la campaña del Barbijo Rojo en alianza con la Confederación de Farmacéutica Argentina y recientemente se aclaró que aquellas mujeres y disidencias que necesiten ir a realizar sus denuncias de manera presencial tienen permiso para circular con sus hijxs. 

Fuera de casa 

Los sectores laborales que tienen una mayor exposición en esta crisis sanitaria están altamente feminizados y de esto casi no se habla. Si nos centramos en este rubro -que también abarca limpieza,  farmacias, cajeras, y la lista continúa-  vemos que el 70 por ciento  son mujeres y tienen salarios en promedio 28 por ciento más bajos que sus compañeros varones, según datos de la Organización Mundial de la Salud. La brecha salarial, sin embargo, está presente en prácticamente todos los ámbitos. El 9 de abril fue el Dia del Pago Igualitario y desde la cartera que preside Elizabeth Gómez Alcorta recordaron que las mujeres tenemos que trabajar 98 días más para ganar lo mismo que nuestros compañeros varones. Y la salud no es la excepción. 

El personal sanitario se encuentra hoy en día dedicado casi exclusivamente a cuidarnos a todxs de esta pandemia y sus salarios no dan cuenta de su trabajo. Teniendo en cuenta que gran parte son mujeres, en su mayoría a cargo de las tareas del hogar, deberíamos entonces preguntarnos quién las cuida a ellas. El reconocimiento del aplauso de las 21  no alcanza.  A nivel nacional, se aprobó el pago de una asignación estímulo de 5000 pesos entre los meses de abril a julio para los trabajadorxs de este área. Sin embargo, hay una falta de insumos considerados críticos para su protección y el fenómeno del burnout -estar quemado- ya se comienza a evidenciar.

A su vez, se están implementando una serie de medidas económicas que involucran transferencias condicionadas y no condicionadas para aquellas mujeres y familias que se encuentran en una mayor situación de vulnerabilidad económica y social. 

Un recordatorio: el Estado somos todxs

Desde las instituciones estatales (en las distintas jurisdicciones) se están articulando activamente respuestas que tienen presente que la pandemia no nos afecta a todxs por igual. Es necesario que la perspectiva de género atraviese también estas acciones para asegurar que mujeres y disidencias estén igualmente protegidas. 

Últimamente mucho se ha dicho sobre el rol del Estado, criticando su actividad o inactividad en este momento. Aquí hace falta una aclaración. El Estado no son únicamente las personas que ocupan las cúpulas de sus instituciones; al Estado lo formamos entre todxs.  Lógicamente, quienes ocupan el gobierno tienen responsabilidades vinculadas directamente con la resolución de los conflictos. También sabemos que estas resoluciones no llegan a todxs de la misma manera. Pero no son lxs únicxs.

Hoy en día, la pandemia nos presenta el desafío de dejar de lado la individualidad y pensar en lo colectivo. En este momento es sumamente necesaria la articulación con la ciudadanía, con las organizaciones de la sociedad civil y organizaciones territoriales. Desde el respeto por el aislamiento social preventivo, las colectas de alimentos para comedores, hasta los voluntariados para cuidar de lxs mayores y las campañas de vacunación, entre otras tantas alternativasPensar y gestionar respuestas que contemplen e incluyan al conjunto de lxs actorxs politicxs y sociales será la clave para hacerle frente a esta crisis.

Fotos: Carina Lourdes Staiti Elizondo


Nació en Buenos Aires en 1994. Es Licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Trabaja en la administración pública, es docente en la carrera de Ciencia Política de la UBA y en la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT).

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