Lxs hijxs de las violencias

La violencia intrafamiliar en la niñez se manifiesta a través de diversas formas. Con su presencia, interpela a todas las personas que habitan ese espacio conocido como “dulce hogar”. Existió en el pasado y persiste actualmente. Sin embargo, no termina de ser visibilizada por remitir al “ámbito privado”. En este mismo espacio nacen, se desarrollan y crecen les hijes de la violencia. Sus infancias son moldeadas por diversas situaciones de maltrato que vulneran sus derechos y afectan a la construcción de sus identidades.

Tal es el caso de Julieta que hoy, con 23 años, se define como hija de la violencia. Actualmente está cursando la carrera de Profesorado de Educación Física. Desde su lugar como futura educadora considera importante aportar en la concientización acerca de los derechos de sus alumnes.

Reconocer y hablar de violencia

La Organización Mundial de la Salud define al maltrato infantil como “toda forma de maltrato físico y/o emocional, abuso sexual, abandono o trato negligente, explotación comercial o de otro tipo, de la que resulte un daño real o potencial para la salud, la supervivencia, el desarrollo o la dignidad del niño en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder”. Este maltrato puede darse en ámbitos públicos como privados. En este caso la violencia doméstica, caracterizada por ser intrafamiliar, se da al interior de los hogares.

En este sentido, desde el Programa Nacional por los Derechos de la Niñez y Adolescencia, se comparten algunas particularidades del maltrato intrafamiliar como “la tendencia al ocultamiento de los hechos, la noción de que se trata de un comportamiento privado o íntimo, la justificación de eventuales acciones violentas que, bajo el supuesto de constituirse en “medidas correctivas”, se toman por el bien del niño o adolescente y la creencia de que ser el padre o tutor da derecho a ejercer la autoridad en forma violenta”.

“Las cosas son así, me tenés que respetar porque sos mi hija”, o “la familia no te quiere”. Frases como estas eran cotidianas en el hogar de Julieta, sin mencionar el chirlo tan frecuentemente usado como medida correctiva en su infancia. A su vez, cuenta que en su casa ella “no tenía voz ni voto”. 

Actualmente Unicef dio a conocer en su programa de “Crianza sin violencia” que el 69,5 por ciento de les adultes reconoce utilizar la violencia física para criar a sus hijes. Sin embargo, solo el 3,7 por ciento aprueba que les niñes sean castigados físicamente. Este programa tiene como objetivo promover infancias libres de violencia acompañando con el slogan: “Ninguna forma de violencia contra los niños y niñas es justificable. Es necesario desnaturalizar la idea de que los golpes pueden ser una forma de enseñar algo, o de que sean un ‘derecho’ de las familias”.

Gabriela Poletti, trabajadora social, actualmente coordinadora del Centro Educativo Buena Gente de Benavidez y del Área Social de la Universidad de San Isidro, hace un recorrido histórico mencionando la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (1979) y la Convención sobre los Derechos de Niñxs (1989). Asimismo, manifiesta en diálogo con este medio que si bien ya han pasado 40 y 30 años de dichas convenciones, es un tiempo relativamente corto para hablar de cambios de paradigma, legislaciones y formas, sobre todo culturales. Por lo que concluye que si bien se han dado grandes pasos en materia de derechos, queda un largo camino por seguir.

La Convención sobre los Derechos del Niño manifiesta estar convencida de que “la familia, como grupo fundamental de la sociedad y medio natural para el crecimiento y el bienestar de todos sus miembros, y en particular de los niños, debe recibir la protección y asistencia necesarias para poder asumir plenamente sus responsabilidades dentro de la comunidad”.

Un cambio desde la raíz

Julieta expresó que el trato violento por parte de su padre era totalmente común para ella hasta que un día su cabeza hizo “click”. Recuerda que en una de las primeras clases de Construcción de la Ciudadanía en su escuela escuchó a su profesor decir que nadie les puede pegar, ni poner un dedo encima. A lo que Julieta, sorprendida, le preguntó: “¿Nadie me puede pegar? ¿Ni mi papá?”. Es por situaciones  y vivencias como estas que ella expresó la importancia de trabajar desde las escuelas todos los derechos que tienen les niñes, que elles puedan conocerlos y sobre todo entenderlos. 

Stella Maris Cabrera, directora de la Fundación Bajo Boulogne, ubicada en San Isidro, provincia de Buenos Aires, lleva adelante un proyecto de educación integral donde se concibe a la niñez desde su totalidad, integrando tanto lo social,  lo físico y lo emocional. La Fundación está presente en el barrio hace 35 años, por lo que ya generaron un fuerte vínculo con las familias. 

Desde este espacio se percibe como fundamental trabajar con las familias en conjunto, debido a que “en algún momento esos adultos fueron niños y también fueron vulnerados en sus vidas para llegar al lugar en el que están”. Así se busca romper desde este lugar con la penalización y comprenderlas.

La directora, a su vez, destaca a este medio la importancia de no perder de vista los intereses de el/la niñe, ya que “detrás también hay un niño que está en su entorno, su familia, sus vínculos y sus afectos”. Plantea que la solución no es excluirlo, o “sacarlo como si fuera una cosa” sino que a las familias hay que escucharlas “porque a veces la ley es tan dura como la situación”.

Entre numerosas experiencias comparte la de una alumna que llegó al colegio con una venda en el brazo. La niña comentó que la pareja de su mamá la había lastimado, recibiendo como respuesta: “Bueno andá ahora a la fundación, mostrarle a los maestros y contales lo que pasó”. Ante lo ocurrido, Stella Maris comentó: “Derivaron la situación, un nivel de negligencia terrible, una falta de respeto hacia el ser humano, fue espantoso. Nosotros nos hicimos cargo de esa situación como otras muchas de chicos que fueron abusados y son violentados todo el tiempo”.

Respecto a las instituciones y su accionar, Gabriela trae a colación la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, centrándose en la responsabilidad que la comunidad tiene sobre la vida de los chicxs, desde instituciones de base, escuelas y centros educativos hasta espacios de salud o ludotecas. 

Ilustración: Carolina Vinader

A partir del relato de Stella Maris Cabrera y Gabriela Poletti es que se puede percibir la importancia de las intervenciones por parte de las instituciones. En casos donde lxs niñxs ven vulnerados sus derechos en el ámbito familiar es indispensable que no se lxs revictimice en los espacios que transitan cotidianamente, tal como la escuela. Es aquí donde tienen que ser escuchadxs y reconocidxs como sujetxs de derechos, de lo contrario son interpeladxs por otras formas de violencia.

En este sentido, el Programa Nacional por los Derechos de la Niñez y Adolescencia establece como maltrato institucional a “cualquier legislación, procedimiento, actuación u omisión procedente de los poderes públicos, o bien, derivada de la actuación individual de un profesional que comporte abuso, negligencia, detrimento de la salud, de la seguridad, del estado emocional, del bienestar físico o de la correcta maduración del/la niño/a o joven, o que viole sus derechos básicos”.

A raíz de la experiencia compartida y el maltrato institucional que se da en reiteradas ocasiones, Stella Maris menciona: “Es por eso que en un proyector integrador tenés que tomar todo, porque sabés que hay instituciones que no acompañan a las familias como tendrían, es necesaria una red de contención, eso tiene que ver con el andar de este proceso de enseñanza-aprendizaje”.

Les hijes de la violencia son infancias interpeladas por diversas formas de maltrato desde su institución primaria, la familia, hasta por instituciones que forman parte de su crianza como las escuelas. Es por eso que es preciso promover infancias libres de violencia y desembarazar al sistema de la misma a través de un trabajo en red y colectivo, apuntando que lxs niñxs ya no tengan secretos que guardar.

– Este artículo fue producido en el marco del taller de periodismo feminista de Feminacida –

Ilustración de portada: Convención de los derechos de lxs niñxs ilustrada por artistas de América Latina y el Caribe


Vive en San Fernando, provincia de Buenos Aires. Estudiante de Trabajo Social en la UBA. Feminista y peronista. Como lema “Desde el amor y hacia el amor siempre”.

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