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Lia Thomas y los discursos transodiantes en el dep...

Lia Thomas y los discursos transodiantes en el deporte

Lia Thomas es una nadadora de la Universidad de Pensilvania y fue la primera mujer transgénero en ganar un título de la primera división de la Asociación Nacional Deportiva Universitaria de Estados Unidos (NCAA, por sus siglas en inglés), cuando terminó en primer lugar en la prueba femenina de 500 yardas el 17 de marzo. Con su victoria también resurgieron los discursos de transodio que cuestionan su participación en los eventos deportivos y sostienen que ella tendría ventaja sobre las demás competidoras por ser trans.  

Medios de comunicación, usuaries de redes sociales e incluso políticos estadounidenses hablaron del tema y lo convirtieron en una “polémica”. En un primer momento, incluso circuló una foto en la que aparecen las compañeras de podio de Thomas, Emma Weyant y Erica Sullivan, alejadas de ella en un aparente gesto de rechazo. Sin embargo, esta imagen fue malinterpretada y sacada de contexto: las nadadoras estaban tomándose una segunda foto, luego de la oficial, porque son amigas desde hace tiempo. “Todes les atletas -incluso les atletas transgénero- merecen ser respetades e incluides, exactamente como nosotres”, explicó Sullivan en una nota de opinión.

“Tuve la suerte de ser recibida con los brazos abiertos en la comunidad de la natación cuando declaré que soy gay”, dijo Sullivan en su comunicado y agregó: “A partir de mi buena experiencia personal de hablar sobre mi orientación y sentir todo ese amor y apoyo dentro de mi comunidad de nadadores, siento que [Lia] se merece lo mismo”.


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¿Cómo pensar un deporte fuera del binarismo?

La discusión sobre la ventaja o desventaja que pudiera existir por la diferencia física sirve como chivo expiatorio al discurso transodiante que se apoya en argumentos biologicistas para expresarse. Lo cierto es que las identidades travestis y no binarias desafían al orden social en todas sus aristas, y el deporte no escapa a este reto. ¿Es posible repensar a las disciplinas deportivas que, inscritas en esta misma sociedad, resultan expulsivas de todas las identidades que escapan al binomio hombre-mujer, sin problematizar sus estructuras?

El problema es el modelo, no los cuerpos que terminan en el margen. ¿Qué quiere decir esto? Que hay una discusión de fondo para dar sobre cuáles son las reglas que rigen el deporte actualmente, necesaria si se busca lograr espacios libres de violencia, que no reproduzcan situaciones hostiles cada vez que una persona que no encaja en la norma quiere participar. Si queremos transformarlo todo, que sea desde el principio. Para eso, se tiene que debatir por fuera de los argumentos biologicistas, por fuera del binomio mujer-varón. Y sí, es difícil pero esta es la única manera de reconocer la diversidad de géneros, identidades y cuerpos a la vez que de incluirlos a todes.

De todas maneras, mientras los debates continúan, las personas trans y no binarias ya están compitiendo, ganando y perdiendo, en diversos deportes. Por ejemplo, en las Olimpiadas de Tokio 2020 hubo al menos tres atletas más allá de la norma binaria: Laurel Hubbard, Chelsea Wolfe y le futbolista canadiense queer, Quinn. Entonces, también es necesario crear estrategias que permitan su participación hoy.

Los estatutos de la NCAA permiten la participación de personas trans en las categorías femeninas luego de un año de supresión de testosterona, una cláusula que Thomas cumplió. En enero, la Ivy League -grupo de universidades prestigiosas de EEUU- declaró: “Lia y la Universidad de Pensilvania han trabajado con la NCAA para seguir todos los protocolos apropiados para cumplir con la política de la NCAA sobre la participación de atletas transgénero y competir en el equipo femenino de natación y clavados”.


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Nadar contra la corriente

Lia Thomas nada desde los 5 años y fue en 2018 que se reconoció como una persona trans. “Había mucha incertidumbre, no sabía qué sería capaz de hacer, si sería capaz de seguir nadando. Entonces, decidí nadar el año 2018-2019 como un hombre, sin salir, y eso me causó mucha angustia”, dijo en una entrevista con el podcast SwimSwam. En el 2020 hizo visible su transición y a partir de ahí continuó en el equipo masculino mientras realizaba el tratamiento de reemplazo hormonal. Finalmente, empezó a nadar en el equipo femenino en el 2021. Sobre los discursos que buscan descalificarla sostuvo: “Trato de concentrarme en mi natación, en lo que debo hacer para prepararme para mis carreras, y solo trato de bloquear todo lo demás”.

En la Argentina, Lia estaría amparada por la Ley 26.743 de Identidad de Género que proclama el derecho de todas las personas a reconocer su propia identidad de género. “La respuesta más sencilla es que no soy un hombre”, dijo Lia en una entrevista con Sports Illustrated a comienzos de marzo. “Soy una mujer, así que pertenezco al equipo femenino. Las personas trans merecen el mismo respeto que cualquier otro atleta”.


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La pregunta acerca de lo femenino y lo masculino dentro de las disciplinas deportivas en los cuerpos que se autoperciben travestis, trans o no binarios no puede permanecer sujeta a lo físico, a lo biológico. Los cuerpos se construyen desde la niñez bajo las reglas, los estándares y los estereotipos que sugiere -por no decir impone-  la sociedad. No es lo mismo el cuerpo de una niña que crece realizando un deporte desde temprana edad que el de una que comienza a realizarlo durante la adolescencia. Esa diferencia puede tranquilamente estar determinada por el acceso -fácil o escaso- a esa práctica deportiva. Las corporalidades también están atravesadas por las construcciones sociales y es por eso que trazar las reglas del juego sólo a partir de las figuras estereotipadas que los habitan es al menos injusto. 

Ahora bien, claro que no es fácil reacomodar los espacios sociales de acuerdo a la diversidad que existe, ¡por supuesto que se trata de un desafío enorme! Pero es acaso menos violento que pretender encajar toda esa diversidad en pocas categorías ya obsoletas,  extrañamente funcionales al negocio que hace girar la rueda. 

Si existe una búsqueda por mejorar los espacios deportivos, desde lo amateur hasta la competencia profesional más sofisticada, y transformarlos en juegos que desafíen la violencia y construyan valores contrarios a la discriminación, será necesario repensar las reglas. ¿Tarea difícil? Seguro. Pero si esta sociedad se acostumbró a la falta de público visitante como medida para no molerse a palos entre hinchadas, y está a punto de incorporar un elemento tan controversial como el VAR, no debería serle tan difícil pensar reglas más amables para les destinatarios de tantos aplausos y ovaciones. 


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