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Las gratitudes

“Hay que luchar. Palabra a palabra. Sin concesiones. No hay que ceder. Ni una sílaba, ni una consonante. Sin el lenguaje, ¿qué nos queda?”

Tal vez pocos párrafos ilustren mejor a Las gratitudes, la novela de Delphine de Vigan que narra la carrera a contratiempo de una anciana para no perder el habla; la cotidianeidad de un cuerpo entumecido en un geriátrico y la gratitud de quienes lo acompañan los últimos meses de su vida.

Michka intenta no olvidarse de las palabras para referirse al mundo, pero se le caen de la boca. Su memoria es caprichosa y frágil: no recuerda refranes conocidos, aunque sí a la pareja que la salvó de la persecución nazi a los judíos cuando era niña refugiándola en su casa. Y necesita encontrarlos para darles las gracias antes de morirse. Retener, por lo menos, esas dos sílabas.

La ficción está narrada a dos voces. Por un lado, desde el punto de vista de Marie, la vecina a quien Michka cuidaba cuando era niña mientras su madre se ausentaba. “¿Fui sumamente agradecida? ¿Estuve a su lado cuando me necesitó, le hice compañía, fui constante?”, son algunas de las preguntas que la invaden.


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Su relato se alterna con el del logopeda, un joven que propone ejercicios para que les ancianes del geriátrico no pierdan la memoria. En esa rutina genera una intimidad con Michka que excede el trabajo con el lenguaje, convirtiéndose en una pieza clave para que ella encuentre a la familia que la ayudó.

Los tres personajes están marcados por esa necesidad de desvestir la gratitud de su uso mundano y diario para dar las gracias, genuinamente, como nunca antes.

Las gratitudes es una novela escrita con sencillez que indaga en lo más profundo de los vínculos. Un manto de tristeza sobre la vejez, el paso del tiempo y el poder del vocabulario en el que vale la pena cubrirse. Quien lee no puede evitar anudarse a ese intento voraz de recordar la palabra justa, a esa pulsión vital para no dejar de nombrar o, como escribió la poeta Alejandra Pizarnik, “usar el lenguaje para que diga lo que impide vivir”.


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Acerca de la autora

Delphine de Vigan nació el 1 de marzo de 1966 en Boulogne-Billancourt, Francia.​ Escribió sus primeras cuatro novelas por las noches, mientras de día trabajaba en una empresa de opinión pública en Alfortville. Es autora de 11 libros, entre los cuales se destacan, además de Nada se opone a la noche (2011), Días sin hambre (2001), No y yo (2007), Basada en hechos reales (2016), Las lealtades (2018). Las gratitudes, publicado en 2019, es su título más reciente.

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Comunicadora, periodista y docente. Coordinadora de la Escuela Feminacida. También trabaja en comunicación política y como profesora de Comunicación en el nivel secundario. Fue cinco años coordinadora pedagógica de un Centro de Actividades Infantiles en el Barrio Carlos Mugica, villa 31, donde dio talleres de ESI para niñxs y adolescentes. Coordinó espacios de formación en género con adultxs en organizaciones sociales y fue capacitadora en Ley Micaela. Trabajó en comunicación de la Universidad Nacional de San Martín. Publicó artículos sobre feminismos, violencias, literatura, educación, derechos humanos y fútbol en medios como Revista Sudestada, Perfil, Cosecha Roja, ANCCOM, Noticias UNSAM, entre otros.

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