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La vuelta a Boedo también es un camino de inclusión y feminismo

Las audiencias públicas en la Legislatura Porteña para lograr la aprobación de la Ley de Rezonificación finalizan mañana. El Club Atlético San Lorenzo de Almagro, con esta norma, busca recuperar su estadio en Boedo. Éste es el anteúltimo eslabón de una lucha que les permitirá a lxs hinchas cumplir con el sueño de volver al barrio porteño de sus amores. El próximo paso será la construcción de una nueva cancha donde se ubicó hasta 1981 el Viejo Gasómetro. “La vuelta” también aspira con generar un espacio de referencia en materia de violencia de género para lxs vecinxs.

La historia de San Lorenzo pone en valor la idea de que un club debe atender a las demandas sociales de su gente. Gracias a la lucha de las hinchas y las disidencias fanáticas del equipo azul y rojo, las demandas del colectivo feminista impactan en la planificación que ideó el azulgrana. ¿Cómo puede la construcción de un estadio estar en sintonía con el “Ni Una Menos”? ¿Qué rol cumplen los clubes en el territorio? ¿Puede una pasión ser el vehículo para el cambio social?

El club que las vio nacer

Allá por el año 1963, Olga Sánchez se casaba con Héctor Serra. Llevaba un vestido blanco hasta el piso, elegante y sobrio, como se acostumbraba en la época. Se había peinado, maquillado y preparado en su casa ubicada en Avenida La Plata al 1800, donde vivía con su familia. En la puerta la esperaba el hombre que la acompañaría en el auto camino a la iglesia. Esa persona era su padre, Enrique Sánchez, que a su vez era el dueño de la fábrica de camisas más grande de Boedo y que, por supuesto, también se veía muy bien empilchado para la ocasión.

No era el único que se había vestido de gala, todo los vecinos y vecinas estaban de fiesta aguardando el paso de Olga rumbo al altar. A su padre lo conocían todxs. Tal era la expectativa que tuvieron que cortar la calle.  Es que así era Boedo; un barrio donde los límites entre la familia, el amor y las amistades eran difusos. Todo se mezclaba con todo. 

Olga ahora tiene 80 años y después de casarse se fue a vivir a Belgrano. Es hincha fanática y cada tanto vuelve a caminar las cuadras que la vieron nacer. Vivió toda su vida frente a la cancha hasta que en el Golpe Militar de 1976 le arrebataron su lugar de pertenencia. Se hizo cuerva por su papá y porque pisar los tablones del Gasómetro era la misa de los domingos familiares. San Lorenzo le dio a Olga la posibilidad de realizar actividad física, se pasaba los días haciendo gimnasia, básquet y patín junto a sus amigas. Además, le brindó vínculos para toda la vida. El club representó y representa un lugar de encuentro con todas ellas y un espacio que la devuelve, de a ratos, a su infancia y juventud.  

La última vez que estuvo en esa zona fue el 26 de octubre del 2016, cuando se inauguró sobre las calles José Mármol y Salcedo el polideportivo Roberto Pando en los terrenos recuperados de la Plaza Lorenzo Massa. Esa noche, el Ciclón jugaba de local contra Bahía Basket. La victoria 72 a 59 puntos que logró el equipo azulgrana dejó a las y los presentes con lágrimas en los ojos. Lo que caían no eran gotas de tristeza, era el desahogo de saber que el club volvía a jugar en Boedo. 

La historia de Olga es una de las tantas que hay dentro de lxs miles de fanáticxs que vieron cómo la última Dictadura Cívico Militar Eclesiástica Argentina en el 79′ les expropió parte de sus ilusiones cuando el 2 de diciembre el Gasómetro cerró sus puertas luego de la Ordenanza municipal N° 35.172  dictada por la intendencia de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del brigadier Osvaldo Cacciatore, quien se apoderó de los terrenos y subastó las instalaciones. Lo que vendieron no fue solo un pedazo de tierra, fue el lugar donde muchos y muchas forjaron sus valores, sus creencias y su identidad.

La vuelta a Boedo

“Vamo a volver, vamo a volver… Al barrio que San Lorenzo lo vio nacer”, se escucha cada vez que el equipo de fútbol profesional masculino o femenino juega de local en el Pedro Bidegain. Este nuevo estadio lo tuvo que construir el club en la zona del Bajo Flores y aloja alrededor de 47 mil personas. “Ya hicimos dos canchas, vamos a hacer tres”, sigue la canción. Lo que hace algunos años parecía una idea loca de algunxs fanáticxs que cantaban en las tribunas, hoy está a dos pasos de hacerse realidad si la Legislatura Porteña aprueba la Ley de Rezonificación y el Ciclón puede construir el estadio que ya tiene su estructura y que fue presentada a la comunidad el 23 de febrero mediante una maqueta y un recorrido virtual. 

Pero este proyecto no surgió de la nada, es el resultado de una lucha que viene a ponerle fin a una injusticia. Una batalla que “nació el 17 de julio de 1998, en una charla de café entre los hermanos Adolfo y Diego Res”, según indica la página “Proyecto Boedo” donde se detalla la cronología del recorrido que los trajo hasta acá. Cuatro años después de que San Lorenzo inauguró su estadio en Av. Perito Moreno 2145, la cabeza de lxs hinchas ya estaba puesta en volver a Boedo. La chispa estaba prendida, la ilusión se había instalado en la tierra que, por esos años, todavía le pertenecía a la cadena multinacional de distribución de origen francés más grande de la Argentina. 

¿Un plan demente? Puede ser, pero que, poco a poco, —y después de mucha difusión— fue ganando adeptxs. El 2 de diciembre de 2005, a 26 años del último partido en el estadio expropiado, sucede uno de los primeros actos masivos para encaminar este reclamo; el “Abrazo al Gasómetro”, convocado por la Subcomisión del Hincha de San Lorenzo de Almagro. El sueño comenzaba a ser una realidad.

Luego, hubo tres eslabones fundamentales para lograr la vuelta. El primero fue en 2007 con la aprobación de la Ley de Reparación Histórica que le permitió al club recuperar un terreno de 4.501 metros  ubicado a pasos del Carrefour y donde, tiempo después, se ubicó el actualmente conocido “Pando”. Predio destinado a la actividad de deportes como el básquet, futsal y voley, entre otras tantas acciones culturales y de recreación. El segundo fue la ley de Restitución Histórica que se sancionó en el 2012 y que obligaba a Carrefour a venderle el predio a San Lorenzo. El tercer y último baile del público sanlorencista es la construcción del estadio, que será posible si la Rezonificación tiene el visto bueno.  

“Todavía no se restituyó todo lo que había en avenida La Plata, falta un paso que es la aprobación de esta ley que estamos apoyando y defendiendo las personas que tenemos sentido democrático, sentimiento, identidad y pertenencia”, dice Diego Res, socio del club y uno de los que gestó esta locura, junto a la Subcomisión del Hincha, en la primera jornada de exposiciones vía zoom. 

Un club que nunca se fue

Él no es el único que se enamoró de la idea de volver a gritar un gol de San Lorenzo en su barrio, en las audiencias públicas participaron más de 1200 personas. Otra de ellas fue Camila Serrao, socia y vecina de Boedo. Según cuenta, su familia llegó a la Argentina al mismo tiempo que nació el club. A partir de ahí, todas las generaciones venideras fueron fanáticas de esos colores. Desde hace más de 100 años que viven en la zona.

Para ella el Cuervo ya es más que una camiseta, es parte de su identidad. “Este barrio hace muchos años que se vino a menos. Le falta política pública, jardines maternales, espacios verdes,  salas de atención médica. El proyecto del Ciclón va mucho más allá de los 90 minutos de un partido. Lo que viene a desarrollar es un espacio de integración que no solo será para lxs hinchxs sino para todxs lxs vecinxs”, cuenta como boedense militante del retorno. 

Una realidad que expresa Serrao, cuando habla de este amor por San Lorenzo, es la que se ve y se siente en las calles del distrito y que reflejan que el club jamás se fue ahí. Los murales, las intervenciones artísticas y las banderas que cuelgan de los balcones demuestran que hay un vínculo estrecho entre el lugar y el azul y rojo. “Al Bidegain lo queremos mucho, nos ha dado muchas alegrías, pero nunca fue nuestra casa como lo es Boedo”, confirma. No hace falta más que mirar el vacunatorio que existe sobre avenida La Plata o la posibilidad que da San Lorenzo abriendo las puertas del club para que personas en situación de vulnerabilidad puedan acceder a baños y duchas, para entender que lo que se está definiendo acá es mucho más que dónde colocar el césped verde para hacer rodar una pelota.  

“Los clubes son un bastión fundamental para lograr la inclusión social y también una de las principales barreras. San Lorenzo tiene una cantidad de deportes increíble, donde asisten muchas pibas y pibes de los barrios, y en donde encuentran una alternativa a las situaciones bastante feas que viven en sus hogares. Estos espacios sirven de contención y justamente por esto necesitamos que estén atravesados por la perspectiva de género”, resalta Serrao y reflexiona acerca de la urgencia de desarticular a los espacios deportivos como la trinchera de la misoginia, la homofobia y la transfobia. En ese sentido, considera que el trabajo en conjunto de los distintos espacios feministas sin distinción de banderas fue clave para romper con las dinámicas machistas.

Un regreso en clave feminista

El 26 de febrero, en la tercera jornada de audiencias y pasadas las 6 horas de exposiciones, Alejandra Abregú tomó el micrófono de sus auriculares del celular y rodeada de sus hijxs, ahijadxs y sobrinxs elaboró, tal vez, uno de los discursos más emotivos de todos. Ella vive en la villa 21-24 de Barracas, se hizo hincha en 1998 o, para decirlo citando sus palabras textuales, se enamoró de esos colores cuando conoció la historia y la solidaridad del club. La inclusión social le tocó el timbre a Abregú este último año de pandemia de la mano de las pibas de la agrupación San Lorenzo Feminista, quienes la acompañaron en la la olla popular que hizo.

 “Somos uno de los barrios más pobres de este lado, pero quiero que sepan que hay una gran cantidad de chicos que conocen a San Lorenzo; y de chicas que me piden que cuando el club vuelva a Boedo, ellas quieren jugar. Nuestras pibas quieren entrenar en las inferiores de San Lorenzo, que es uno de los pocos lugares que nos abre las puertas a lxs pibxs de los barrios pobres para poder jugar”, manifiesta mientras la voz le titubeaba y estaba a punto de quebrarse.

¿Es posible pensar en la interseccionalidad entre los clubes deportivos, los barrios populares y la inclusión? ¿Cómo se transforma a la sociedad sino se piensa en espacios de cambio social? ¿Qué función cumple el deporte? Los requisitos para este proyecto son ambiciosos, y por eso el plano contempla un complejo urbano con espacios verdes,  establecimientos culturales y educativos, un centro comercial, un hotel y servicios sociales.

Un club para todxs

Mariana Cahn es parte de la Subcomisión de Género del club y, además, al igual que gran parte de su familia, es fanática del Cuervo. Según expresó en el primer día de la audiencia pública cree que “San Lorenzo puede y debe traducirse en un espacio de puertas abiertas para las vecinas que encontrarán en el club un lugar de referencia”.   

“Sin dudas, la vuelta a Boedo tiene perspectiva de género”, observa Cahn cuando es consultada por Feminacida. Ella destaca la idea de que el club nunca le dio la espalda a las demandas sociales de la gente. Es importante recordar que fue pionero a la hora de profesionalizar al plantel de primera de fútbol femenino, allá por el 2019 cuando la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) comprometió a las instituciones deportivas a dar este salto. La acción siguiente fue la firma de un protocolo para prevenir y erradicar la violencia machista en las instalaciones del club. 

La propuesta del nuevo estadio está atravesada por la quinta ola feminista y por la brutal emergencia que demuestra que una mujer muere en un femicidio cada 29 horas, según lo indica el informe que abarca desde el 1 de enero hasta el 7 de marzo del 2021 del observatorio “Ahora que si nos ven”.

Uno de los proyectos que se adjunta a la construcción de la cancha es la posibilidad de capacitar no solo al personal, deportistas y allegados al club, sino a todxs lxs vecinxs que así lo deseen en perspectiva de género. Por otro lado, también se ofrecerá la opción de participar de charlas, encuentros o acciones en la materia sin la necesidad de ser socix.  

Las instalaciones contarán con una oficina de prevención de violencia de género en donde las vecinas podrán pedir ayuda en caso de necesitarlo con un grupo interdisciplinario que les brindará atención. “Cuando decimos que el barrio está abandonado, lo decimos en todo sentido. Desde lo inmobiliario, desde lo comercial, pero también en la cuestión de género. Por eso, tiene que ser un espacio donde puedan recurrir y sepan que va a haber alguien para acompañarlas y asesorarlas”, expresa Cahn.

“El deporte es un reflejo de la sociedad, pero también es un vehículo para cambiarla”, por eso es imprescindible entender que cuando se trabaja en esa línea los clubes en los barrios demuestran ser una de las claves para deconstruir las prácticas culturales y las acciones patriarcales.

La política, los partidos y los estadios son parte de un mismo sistema que tiene la posibilidad de transformar realidades o de dejarlas en el mismo lugar. La vuelta a Boedo no sólo ilusiona por el hecho de que se le restituya a San Lorenzo un espacio identitario, sino también por la posibilidad de resignificar la violencia ejercida durante la Dictadura en clave de derechos feministas.


Co-Directora de Feminacida. Nació en julio de 1992. Es periodista egresada de ETER Escuela de Comunicación y fotógrafa de la Escuela Nacional de Fotografía. Trabajó como editora en Revista Sudestada, como productora en Radio con Vos y colaboró con distintos portales. Junto a Agustina Lanza co-editó el libro "Ahora que sí nos ven".

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