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La construcción de un Milagro

Nacida en el 63, es la conductora de la organización barrial Túpac Amaru. Fue parlamentaria electa del Parlasur y delegada de la Asociación de Trabajadores del Estado. Milagro Sala es militante, dirigente, indígena, madre, abuela, amiga, feminista, obstinada, desobediente e hincha de River. Feminacida la visitó en su casa de San Salvador de Jujuy, donde cursa la prisión domiciliaria. Hoy es su cumpleaños número 59 y lleva seis años, un mes y cuatro días de prisión preventiva sin sentencia firme en la causa conocida como “Pibes Villeros”. A su vez, ya cumplió dos años de condena por la causa “Las Bombachas” con la que la provincia que gobierna Gerardo Morales estuvo a un paso de poner al país en responsabilidad internacional por violación al sistema interamericano de derechos humanos. 

El 16 de enero de 2016, a pocas semanas de haber asumido la presidencia Mauricio Macri, Milagro fue detenida luego de un acampe en reclamo de la apertura de una mesa de diálogo con el gobierno provincial. El hecho inauguró una práctica sistemática, una amenaza a quien se atrevió a protestar durante su mandato. Hoy La Flaca sigue presa, pero presente.

Por Catalina Filgueira Risso y Victoria Eger

Mujeres a la obra

El fuego de la hornalla calienta bajito una cacerola con api, una bebida típica del altiplano de Argentina, Bolivia y Perú. Silvia revuelve el maíz morado con un cucharón para que no se pegue, mientras Laura y Graciela guardan bolsas de comida en la heladera y las alacenas. Milagro les sugiere nombrar con carteles a los diferentes alimentos para organizar mejor la tarea a la hora de cocinar, pero enseguida toma su celular y desliza para ver las últimas novedades. Resulta que La Flaca es fanática de River, es sábado a la noche y el club de sus amores (y desvelos) está jugando de visitante contra Unión de Santa Fe. 

La mesa que ataja los nervios de Milagro por el resultado del partido es la que en breve reunirá a sus amigas y compañeras de militancia para recordar los tiempos de picos, palas, fratachos y hormigones. La Túpac Amaru fue la primera organización social donde las mujeres, por asamblea, pidieron trabajar en las obras. Las estadísticas lo sustentan: según datos de la UOCRA, entre 2003 y 2010 la participación femenina en el rubro de la construcción incrementó un 131 por ciento. 

Silvia parece la más apasionada porque enumera con ahínco todo lo que sabe hacer: revoque fino, revoque grueso, perfiles de hierro, columnas de hormigón, mallas y losas. Fueron ellas las que cargaban bolsas de 50 kilos de cemento sobre sus hombros, las que machimbraban de noche a la luz de un Nokia 1100 para adelantarse a los plazos de entrega y así ganar tiempo para levantar nuevas casas. Fueron ellas las que doblaron hierros para darle vida a los dinosaurios que adornan el Parque Acuático de El Cantri en Alto Comedero, el barrio de la Túpac Amaru, bajo la vigilia atenta de Milagro.

¿Acaso también fueron las que con ternura y con organización, con trabajo y con amor, dignificaron la forma de habitar un lugar? “Nosotros no construimos asentamientos, construimos viviendas”, advierte La Flaca, quien propició las condiciones necesarias para que sus compañeras logren la emancipación de sus destinos de una manera integral. Qué casualidad que la mayoría de las prisiones domiciliarias también tengan nombre de mujer, ¿no? 

Mirta Guerrero, o más bien Shakira para sus amigas, recuperó su libertad en octubre pasado tras haber cumplido los dos tercios de una condena injusta en la causa conocida como “Pibes Villeros”. Milagro Sala, Patricia Cabana, Graciela López, y Adriana y María Condori todavía esperan. 

Llegó el Día de Reyes. Corría el año 2014 y la avenida 19 de Abril era un arcoiris. Las fotografías de la jornada lo confirman: un niño de unos tres años intenta maniobrar el volante un cochecito celeste y rojo, mientras otro ya se sube con una cancha difícil de superar. Al lado, una niña posa con un muñeco de plástico de Dragon Ball que, por cómo lo abraza, parece su personaje favorito. Enseguida la memoria de Laura interviene en la conversación y deja que las “pelotas de Quico” hagan una fiesta con sus recuerdos. Ese día tocó Piñón Fijo, un toro mecánico se llevó el miedo de las infancias y se repartieron 150 mil juguetes. 

Festejo de Reyes – Crédito: Prensa Túpac Amaru

El cuchillo contra la chaira devuelve un sonido que apenas aturde, pero que lucha por fundirse con la canción que acaba de empezar. ¿Una premonición? ¿Un acto de justicia poética, tal vez? Señora si usted supiera las cosas que yo le haría es una inyección para los pies de una profesora de danzas folclóricas a la que le gusta bailar de todo un poco, pero que enseguida avisa con picardía: “Era machista Cacho Castaña, eh”. 

Ya de bebé

Milagro Sala nació un 20 de febrero de 1963 en San Salvador de Jujuy. Su nombre hace referencia a la alegría de haber llegado luego de sus tres hermanos varones. Su madre, Desideria Leiton, era supervisora en el Hospital de Niños. Su padre, Miguel Sala, trabajaba en la Universidad Nacional de Jujuy. Con una pierna en cada tierra y el corazón partido, su ascendencia oscila entre la colonia española y la resistencia boliviana. La Mila, como le decía su mamá, o La Flaca como le decía su papá, fue siempre la rebelde de la familia, como quien dice la oveja negra. Siempre una respuesta, siempre un retruco y siempre una certeza: nunca agachar la cabeza.

Con la enseñanza de su padre a bancarse la que viniera cuando uno tomara una decisión, Milagro pasó de una familia de clase media trabajadora que contaba con auto, acceso a la educación y a la salud, a vivir en la absoluta pobreza a sus 16 años. Nunca renegó de su origen, pero gran parte de lo que formó su carácter fue encontrarse de la noche a la mañana sin nada y tener que buscarse sus propios medios para reconstruirse. 

En la escuela, siempre rechazó la historia y con el tiempo se dio cuenta por qué. Ni Colón, ni Belgrano, ni Sarmiento, ni San Martín fueron protagonistas de los relatos que su abuela boliviana le compartió de chica. Desde entonces eligió a la Abya Yala como su matria, esa tierra de sangre vital que conforma el territorio americano. 

Con sus hermanos le gustaba jugar a los indios. Lo que menos disfrutaba eran las chozas de arcilla y paja que le hacían construir en la clase de plástica. ¿Quién iba a pensar que esa asignatura sería el germen que habilitaría las construcciones de estructuras firmes y duraderas sobre las arcillas movedizas en el barrio de Alto Comedero?

Milagro no sabe coser ni bordar, ella abrió la puerta para militar. Como primer y gran maestro tuvo a su papá que, agarrándola del mentón y levantándole la cabeza, le mostró que nadie la tenía que hacer agachar. De su mamá heredó el carácter fuerte y la voz firme, sostenida. Esa mujer, trabajadora de la salud, fue la que increpó al gobernador Gerardo Morales afuera de la comisaría cuando comenzaron a hostigar a su hija y fue, también, la que encargó a sus hermanos que la protegieran. 

La militancia llegó a su vida junto con la pobreza y fue entonces cuando se hizo peronista. Se formó entre compañeros de la organización Montoneros y su cuna estuvo entre el justicialismo y el sindicalismo con las asambleas nacionales que desembocaron en la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). Su habitus militante es el que la acompaña las 24 horas. Caminando por los barrios y habitando las calles cuando estaba libre, gestionando desde su casa ahora que está presa. 

A La Flaca la acompaña hace 25 años, Raúl Noro, ex periodista de La Nación, de quién prescindieron sus servicios al enterarse de su relación con la dirigente tupaquera. 

Raúl Noro y Milagro Sala – Crédito: Prensa Túpac Amaru

La banda de La Flaca

La Túpac Amaru nació a fines de la década del 90 como consecuencia de la crisis económica y social, fruto de la implantación de las políticas menemistas en la Argentina. Entre 1993 y 2001, la desocupación jujeña aumentó un 13 por ciento. El telón de fondo de esos años fueron los despidos, las privatizaciones, el cierre de fábricas y la crecida del empleo estatal a costa de endeudamiento provincial que continúa al día de hoy. De acuerdo con un informe publicado por la Fundación CECE en 2020, la gobernación del radical Gerardo Morales, títere del neoliberalismo de la alianza Cambiemos, acumula el mayor peso de la deuda en relación a sus ingresos con un 82 por ciento. 

Las grandes masas de trabajadores y trabajadoras desplazadxs de sus fuentes de ingresos fueron la base que permitió el surgimiento de organizaciones sociales con un fuerte anclaje territorial vinculadas al movimiento sindical. Para ese momento, Milagro era secretaria gremial de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) a la que la llevó a militar Fernando “Nando” Acosta. 

Fueron estas agrupaciones las que corrieron al séquito de gobernadores que transcurrieron entre 1990 y 1998 por corrupción. Ya para fines de la década, Nando le dijo a Milagro que tenían que formar una organización social y bajar a los territorios. Esa chispa fue la que encendió la llama de las primeras asambleas de la Túpac Amaru que, de realizarse en lugares de dos por dos, pasaron a copar las calles rebalsadas de compañerxs. Luego vinieron los asesinatos de Chirolita, Fina y Pedro, las amenazas y amedrentamientos. Aún así, ni la Túpac ni Milagro agacharon la cabeza. 

Comenzaron con Copas de Leche para darle de comer a lxs niñxs y luego continuaron con la organización de las cooperativas, la construcción de escuelas y fábricas. Con la presidencia de Néstor Kirchner comenzaron a formar parte de ese sueño de reconstruir la Patria. 

Milagro Sala y Néstor Kirchner – Crédito: Prensa Túpac Amaru

Hay un video que circula en Youtube que se titula “Lo que Lanata no te mostró de la entrevista con Milagro Sala”. Allí, Alejandro “Coco” Garfagnini, responsable de la Túpac Amaru, desmiente a Clarín cuando publicó que la organización recibía dinero sin control y a granel, directamente desde la Casa Rosada. Hay dos maneras de hacer viviendas en Argentina: con el Plan Federal y con el Plan Sociocultural, antes conocido como el Programa de Emergencia Habitacional. Mientras que en el primero las empresas privadas acceden por licitación, en el segundo son las cooperativas las encargadas de levantar las obras. 

“El presupuesto del Plan Federal es cinco veces más grande que el otro y hay viviendas que hace once años que están ejecutándose”, aclara Coco ante la postura sobrada del periodista del Grupo Clarín. Las viviendas, encargadas por adjudicación directa a las organizaciones sociales, debían ser terminadas en seis meses porque el precio se fijaba con antelación. Con respecto al pago, una vez certificado el avance de la obra, se desembolsaba el dinero. De la Subsecretaría de Vivienda a la Secretaría de Obras Públicas. Del Ministerio de Economía al Instituto Provincial de Jujuy. De los municipios a las cooperativas. Esto sin contar las auditorías y controles permanentes a las que eran sometidas. 

Para el pueblo lo que es del pueblo

Las piernas están tibias y las pestañas, empapadas. El sol del mediodía calienta el cemento y roza las pieles de seis niños que acaban de salir del agua y planean la próxima zambullida. Los toboganes son los reyes del parque. Hay dos pingüinos que escupen agua y un lobo marino que cuida la estadía: no correr, no empujarse, mantener la limpieza. Disfrutar el día. ¿Cómo narrarán ahora, ya de grandes, ese momento en que el agua pica en la panza por primera vez? ¿Habrán encontrado algún turquesa igual?

Los piletones excavados en los polideportivos fueron el sello distintivo de la obra de la Túpac Amaru. Lo que para el periodista Jorge Lanata era “la obsesión” de Milagro Sala, evitó que se sigan perdiendo vidas de niñas y niños que morían arrastrados por la corriente del río: era el único lugar que tenían para bañarse en verano. Porque si los ricos pueden refrescarse, ¿por qué los pobres no?

Parque Acuático en El Cantri, Alto Comedero – Crédito: Prensa Túpac Amaru

Un proyecto urbano que fue objeto de estudio de distintas tesis e investigaciones. Una de las acciones de mayor escala en autogestión de hábitat en América Latina, según la Red Universitaria de Economía Social Solidaria. La Túpac Amaru conformó cooperativas de construcción de viviendas en San Salvador, Calilegua, El Carmen, La Quiaca, Humahuaca, Perico, Palpalá, Alto Comedero, Parapetí, La Esperanza, San Pedro, Monterrico, Libertador General San Martín, Maimará, Tilcara y El Talar. Además, la organización excedió los límites de la provincia: Córdoba, Mendoza, Chaco, Corrientes y Buenos Aires también tuvieron sus cooperativas de trabajo. No fueron diez, ni veinte, ni cien viviendas. Fueron miles. Y miles. Y miles. 

“Construimos el futuro y le tocamos muy fuerte el culo al poder”, asegura La Flaca y también se disculpa por la grosería. Y es que la Túpac levantó siete centros de salud, 21 piletas y un parque acuático. De 2003 a 2015, la organización social edificó cuatro escuelas en la capital jujeña con anexos en las principales ciudades de la provincia. Peluquerías, consultorios odontológicos y oftalmológicos, guarderías, centros de rehabilitación para personas con discapacidad, centros culturales y canchas deportivas. No eran pelotones de personas desocupadas como el escarnio mediático quiso instalar, sino trabajadores y trabajadoras con conciencia social y popular que formaban parte de un modelo económico basado en la retroalimentación, el círculo virtuoso peronista.  

Milagro se desespera de alegría por un regalo de cumpleaños anticipado. Una pintura sobre un lienzo que rebasa con creces las medidas reglamentarias de un equipaje convencional. Una pintura grande, como la obra de la Túpac. Grande como la sonrisa de La Flaquita al descubrir los colores escondidos en el cilindro de tela. Grande, pero aniñada. Grande, pero inocente. “Por el derecho al chapuzón, será justicia”, reza la dedicatoria y Milagro no lo duda. Pide una foto con las piletas y lo manda a colgar al quincho. ¿Será su mejor cuadro? 

Los dueños de todo

Al salir del edificio que supo albergar a la radio comunitaria de la Túpac, se destaca un mural despintado. Sin embargo, hay letras que resisten porque todavía se pueden leer: “Campesino, tu patrón no comerá más de tu pobreza. Cárcel a Blaquier”.  

Carlos Pedro Blaquier y su hijo, Carlos Herminio, son los dueños del Grupo Ledesma, uno de los polos agroindustriales más poderosos de la Argentina. La única empresa que industrializa la caña de azúcar para el consumo masivo en todas sus posibilidades. De hecho, una pieza comercial publicitada en Sucesos Argentinos en la década del 70 ilustra el monopolio: “Está presente en el estimulante café, en la correspondencia de las grandes empresas, en la rica torta que hace mamá, en la revista que compra papá. Con las más exquisitas fragancias y en el cuaderno de clase. En todas estas cosas que nos rodean está presente el complejo industrial Ledesma”. 

El apellido francés también compone el canto popular que acusa a los artífices y cómplices del terrorismo de estado. ¿Por qué Blaquier es basura? ¿Por qué Blaquier es la dictadura? Un 20 de julio de 1976 el pueblo quedó a oscuras y cuando parecía ser solo un corte de luz, apareció el terror: la empresa interrumpió el suministro eléctrico para que guardias y capataces del ingenio saquearan viviendas y secuestraran personas con los vehículos de la compañía. Más de 400 estudiantes y trabajadores fueron torturados en sus galpones. Hoy, el juicio oral por “La noche del apagón” en la localidad de Libertador General San Martín está pendiente y el tiempo apremia: Carlos Pedro Blaquier tiene 94 años. 

Así como Ledesma supo acaparar todos los espacios de la vida sus trabajadores, el imperio empezó a tambalear cuando la Túpac Amaru se constituyó como la tercera fuerza empleadora de Jujuy, después del Estado provincial y del ingenio azucarero. La organización barrial estuvo presente desde la fábrica metalúrgica a la escuela, del ladrillo a la pileta, de la textil a la copa de leche, de la guardería al templo inca. No hubo margen para la suerte: todo estuvo especialmente planificado.  Había que devolverles la dignidad a lxs habitantes de una de las provincias más pobres de la Argentina. Y no por nada las paredes de Alto Comedero siguen gritando: “Cuando la voluntad existe, hay mil recursos”.  

¿Por qué molesta tanto Milagro?

Alto Comedero es un barrio ubicado a 15 kilómetros de la ciudad de San Salvador de Jujuy. En colectivo, la demora para llegar ronda entre 45 minutos y una hora. En taxi o remis, el tiempo de viaje se reduce a la mitad, pero cuesta mil pesos. Tiene construidas unas tres mil viviendas. Cuando la organización llegó al barrio los terrenos eran un porotal de tierras arcillosas. Pese a que el gobierno de Morales suspendió por decreto la personería jurídica de la Túpac Amaru luego de la detención de Milagro Sala, apropiándose de sus obras y cerrando sus cuentas, el barrio es prueba suficiente de ese pasado de derechos conquistados. 

Sobre la mano derecha de la calle La Ovejería se alza la fábrica de bloques de hormigón que, hoy, es la única que sigue funcionando bajo la conducción oficialista. Doblando a la izquierda se puede ver el viejo centro de salud, hoy ocupado por la policía de Jujuy, que conserva una fachada cuidada y pintada de verde seco, pero que al ingresar, los vidrios rotos y el saqueo de aparatos y equipamiento refleja la bronca de quienes quisieron borrar el paso de la Túpac Amaru por ahí. Sobre Las Pircas se encuentra el centro para personas con discapacidad, CEMIR, y un poco más allá se levanta la fábrica textil de la que salieron los uniformes de trabajo, los guardapolvos para las escuelas y los ajuares para lxs recién nacidxs.  

Entre las calles La Almona, Juan Galán y Guayatayoc se extienden los complejos de viviendas construidas en diferentes etapas y el taller metalúrgico, hoy devenido lavadero de autos en desuso. Continuando por la avenida La Intermedia, sobre la mano izquierda está el Centro Cultural “Túpac Amaru” que abre paso al famoso Parque Acuático, orgullo de la organización, contenedor de las piletas más grandes de Jujuy y custodiado por el guerrero indígena y su compañera, Micaela Bastidas desde la réplica del Templo Kalasasaya.  

Hay un gesto muy sincero en la cara de quien protagonizó algo que le cambió la vida. Es una mezcla de sonrisa con nostalgia por un pasado muy cercano e inalcanzable a la vez. Ese gesto habita el rostro de Silvia, que guía el recorrido por el barrio Túpac y que va reconstruyendo a su paso el recuerdo de ese pasado que fue y que, desde enero de 2016, aguanta en la memoria.  

La evidencia empírica que tantos medios de comunicación intentaron destruir está tatuada en el cuerpo de Silvia y en los de tantas mujeres que pararon la olla, calentaron la leche, abrazaron a lxs niñxs, pero también trabajaron en la metalúrgica, construyeron casas, pintaron y parquizaron barrios enteros.

Aunque Milagro no pueda estar en la calle, sigue siendo parte de las piernas que la caminan. Su conducción sigue intacta porque mejor que decir fue hacer, mejor que prometer fue realizar. “Hacer sin esperar nada a cambio, eso nos enseñaron nuestros ancestros y eso hacemos los pueblos indígenas”, relata y explica por qué nunca se bañó en las piletas que construyó. Hoy, fondos celestes resquebrajados rodeados por pingüinos y lobos marinos sin el agua ni la alegría de lxs pibxs. 

¿Por qué molesta Milagro? ¿Será por la banda de personas que la siguen? ¿Será por los bloques de hormigón que dieron trabajo y vivienda digna? ¿Será la entubación del arroyo Las Martas para que no se llevara todo por delante? ¿Será por los tanques negros que marcan la conquista del derecho al agua? ¿Por las caras de Túpac y Eva que anuncian donde viven lxs compañerxs? ¿Será por las escuelas, esos edificios que en las paredes cuentan otra historia, la de esas sociedades que piden a la tierra y agradecen al sol, que no tienen caras blancas, ni criollas, ni cristianas?

Para Milagro, la libertad

—¿Cómo está el centro, gordito? —pregunta La Flaca.

—El centro está movido. Hoy hay gente— contesta Raúl que fue a la farmacia a comprarle una crema para una lastimadura en el brazo.

En la casa de Milagro está todo a la vista. La resistencia no pierde ternura: a la figura de Túpac Amaru la acompaña un retrato de Eva Duarte, donde luce contenta, donde luce capitana. Evo, Chávez y Fidel recuerdan cuán grande puede ser la patria. Néstor y Cristina se miran a través de Perón para saber de dónde venimos, sin perder de vista hacia dónde vamos. Una camiseta del millonario enmarcada condensa el fanatismo y la premisa de que hay que estar en la gloria, pero también cuando todo es descenso y dolor.

La palabra milagro tiene su origen etimológico en el latín miraculum que significa “admirarse o contemplar con admiración, asombro o estupefacción”. “Pertenezco al pueblo”,  sostiene y demuestra que su familia es mucho más que sus hermanxs. Su familia es la organización. Sus compañerxs aseguran que no hay potencia como la de La Flaca, que nadie mueve tanta gente como ella, que nadie empuja, que nadie logra contagiar las convicciones que trae en su cuerpo y en sus ideas. Por eso la persiguen, por eso hostigan a su familia.

Odiar una idea requiere cierto esfuerzo intelectual. Por el contrario, es más fácil odiar un rostro reconocible, tener una persona a la cual culpar de todo aquello que incomoda. Como ejemplifica la antropóloga Rita Segato, ese rostro es el del Milagro Sala, el trofeo que Morales le entrega al criollaje jujeño.

La Mila también sabe que ese es el precio que paga por mujer, negra e indígena. Ni la prisión preventiva, ni el penal, ni la domiciliaria, ni los 13 años, ni las 17 causas. Aunque sigan intentando, si alguien mañana le pregunta qué haría, La Flaca va a contestar: “Seguiré militando”. Porque no fue magia, fue Milagro. 

Foto de portada: Catalina Filgueira Risso
Fotos del interior: Catalina Filgueira Risso, Sofía Eger y Victoria Eger
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