Hacia un feminismo libre de racismo

Foto de portada: Victoria Eger

Hoy me permito

estar orgullosa. 

Por mi herencia,

por mi historia,

por mi piel.

Esa, 

por la cual,

durante siglos,

generaciones,

y décadas,

me hiciste sentir

avergonzada.

Esther Pineda G – Resentida 

Cada año, el 21 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, establecido en 1966, seis años después del trágico día en que la policía abrió fuego y mató a 69 personas e hirió a 180 en una manifestación pacífica contra la Ley de Pases del apartheid que se practicaba en Sharpeville, Sudáfrica. 

A 61 años de la masacre racial en el país africano, surgen preguntas. ¿Realmente el contexto ha cambiado para las personas negras, afro o indígenas? ¿Qué prácticas racistas reproducimos en nuestra cotidianidad? ¿Qué ocurre en el interior del movimiento feminista? ¿Es un espacio libre de racismo? ¿Cuántas mujeres negras aparecen a diario en espacios de visibilidad?

Cuestionar los privilegios blancos

“En nuestro país no existe el racismo”, suele afirmar una persona blanca sentada arriba de sus privilegios. Sin embargo, según ejemplifica Gladys Flores, educadora popular, feminista y activista afro, “si alguien te roba la bicicleta, es un ‘negro’; si no tuviste un buen día, fue un ‘día negro’; si trabajas de manera informal, estás ‘en negro’; si el dinero no está declarado, está ‘en negro’”. 

El lenguaje es la expresión de nuestra realidad y la herramienta que utilizamos para construir sentido. No es casualidad que la expresión “negro” adquiera una connotación negativa en nuestro imaginario social. Entonces, ¿por qué se insiste en que el racismo es cosa del pasado?

Esther Pineda G., socióloga, magíster en Estudios de la Mujer e investigadora en materia de derechos de las mujeres y discriminación racial, afirma: “El racismo es una ideología que tiene siglos de existencia y sigue tan vigente como en el pasado; lo que han cambiado son las formas en las que se expresa”. 

Hoy en día, el racismo ya no se manifiesta en la segregación racial, sino en la ridiculización y folklorización de cultura. Ya no se prohíbe legalmente el acceso a espacios, pero sí existe la pauperización de la población racializada y la reducción de sus oportunidades. El trato diferenciado, los insultos y las burlas por la pertenencia étnico-racial en los espacios públicos, el cuestionamiento a las relaciones interraciales, la criminalización de la racialidad, la brutalidad policial y la hipersexualización de las mujeres, son otras de las cuestiones que, según Pineda, evidencian que en la Argentina el racismo todavía persiste.

Por otro lado, Gladys Flores afirma que el racismo está tan naturalizado que hay una negación constante. Ante las personas blancas que intentan defender sus privilegios diciendo que también son discriminadas, responde: “Para que haya discriminacion racista, toda mi familia del mundo debería torturar, exponer, matar e imponer la religión a personas blancas durante 500 años”. Y concluye entre risas: “Decí que nosotras queremos reparación histórica y no venganza, sino la historia sería otra”.

Lo progre no quita lo racista

“En la actualidad el pensamiento feminista que más se consume, se reproduce y se debate es aquel producido en Europa y los Estados Unidos, por lo cual las experiencias específicas de las mujeres racializadas al interior del feminismo latinoamericano siguen siendo desatendidas y la denuncia de esta invisibilización es recibida con rechazo”, explica Pineda en diálogo con Feminacida

En un movimiento donde la inclusión es la consigna número uno, muchas veces las identidades negras, afro o indígenas quedan entrampadas en la simple mención de la palabra. “No dejamos de ser exóticas en este país que nos ha ocultado. Te miran como el cupo”, señala Flores.

“Si vos pensas que me tenés que incluir es porque me estás viendo como una otra. Si vos me incluís me vas a meter en un lugar que vos consideras que merezco estar -sostiene la activista-. En realidad, yo ya no soy esa otredad, porque nosotras hemos salido de los márgenes en estos últimos años como movimiento de mujeres negras y afro, y tenemos nuestra propia voz y con ella estamos reconstruyendo nuestra historia”. 

En la misma línea, Pineda sostiene: “La realidad es que hay racismo en el feminismo porque las mujeres también han sido socializadas en esa ideología racista, porque se desestima la problemática, porque el feminismo hasta ahora carece de autocrítica, interés y voluntad para erradicar el racismo dentro del movimiento, y porque pocas feministas quieren hablar de ello”. 

Hablemos de interseccionalidad

Se reconoce la opresión innata que sufrimos las mujeres por el simple hecho de serlo. El sexismo alcanza a todas y genera diversas manifestaciones de violencia. Pero este tipo de opresión se profundiza para las mujeres racializadas, y esto es lo que demuestra la importancia de la perspectiva interseccional.

“Una mujer negra o indígena no solo vive la violencia y la crueldad del sexismo sino que éste también se articula con el racismo y el clasismo y la aleja aún más de las oportunidades, la expone aún más a la discriminación y la violencia”, explica Esther Pineda. ”Reconocer esto implica admitir las ventajas de la blanquitud, es admitir responsabilidad social, e implica tomar acciones para transformar la desigualdad”, agrega. 

En este sentido, la activista afro invita a reflexionar sobre estas cuestiones: “Ninguna persona blanca que vive hoy es responsable de la esclavitud, pero disfruta de los privilegios. Y la mayoría de las personas negras de hoy, que no hemos sido esclavizadas, guardamos las heridas”.

Los medios como reproductores del racismo

“Las mujeres negras en cualquier época han sido las más invisibilizadas en los medios de comunicación, y cuando aparecen es siempre reproduciendo prejuicios y estereotipos sexistas y racistas en los cuales se les asocia a la pobreza, a la promiscuidad, a la prostitución, a las adicciones, a la delincuencia, al trabajo precario y de servicios, al conflicto y a la violencia; las mujeres negras nunca han sido representadas de forma positiva en los medios de comunicación y esto tiene consecuencias en la vida cotidiana”, aseguró Esther a Feminacida.

Además, la escasez de representación genera falta de autoestima en las niñas. Flores analiza: “Queremos ser como lo que vemos, pero en realidad no tienen nada que ver con lo que soy o como me veo”.  Pineda, en el mismo sentido, agrega: “Impide que las niñas y mujeres negras aspiren a roles, posiciones y escenarios en los cuales nunca se han visto representadas y las condena a la exclusión, la precariedad y estigmatización”.

Estos estereotipos arraigados en la sociedad generan múltiples consecuencias de carácter estructural. Tal como menciona Pineda, “si se cree que las mujeres negras son adictas, delincuentes, conflictivas, prostitutas e ignorantes esto favorece que sean desestimadas en los espacios educativos y laborales lo cual crea las condiciones para la deserción escolar, para que sean solo consideradas para el trabajo no calificado y por tanto impide sus posibilidades de movilidad social”.

En la misma línea, concluye: “Favorece que sean hipersexualizadas, objetualizadas y consideradas como mujeres de poco valor para relaciones afectivas estables, lo cual ha contribuido a que las mujeres negras tengan mayores índices de embarazo adolescente, ausentismo paterno, jefatura de hogares, y estos estereotipos también han contribuido a la pornificación de la imagen de las mujeres negras lo cual contribuye a que se encuentren en mayor riesgo de ser víctimas de la explotación sexual”.

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Creadora de contenidos en las redes sociales de Feminacida. Nació en noviembre de 1998. Militante feminista. Estudiante de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires.

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