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Granizado de lo viejo y lo nuevo

La nueva película de Marcos Carnevale producida por Netflix y protagonizada por Guillermo Francella es la más vista de Argentina y ya sucitó debates. ¿Es machista? ¿Es porteñocéntrica? ¿Es entretenida? Las respuestas son todas mixtas.

Un meteorólogo exitoso de la televisión que viene huyendo de la culpa y las responsabilidades debe volver a su Córdoba natal a reencontrarse con su hija cuando el primer yerro de su carrera lo convierte en un personaje odiado en la Capital Federal. La película falla en los ritmos y en algunas formas maniqueas, pero podemos hablar de al menos un acierto.

Hay una tensión reduccionista entre lo nuevo y lo viejo. Por un lado, la televisión y Facebook donde el protagonista navega cómodamente con su público, y por otro lado, las redes sociales de moda y les jóvenes que amenazan la vigencia, la profesionalidad y el respeto que se arroga el protagonista. Algo similar sucede con la polaridad Buenos Aires-Córdoba. Lo urbano, rápido y rico se opone a la los ciclistas, las casas y un Francella que camina en vez de andar en remis. Sin embargo, la pica vive en boca de les cordobeses. ¿Seguimos creyendo que en las provincias es todo ruralidad y calma pero nosotres somos el centro de sus vidas?

En términos de género, los permanentes latiguillos de Francella llenos de las palabras “puto” y “puta” sin darles ninguna vuelta, ¿siguen valiendo? La idea de que cuando los varones son “cancelados” -que, de hecho, no es lo que sucede y se utiliza ese término a repetición más bien para confundir- son reemplazados por mujeres tilingas, ¿hacía falta reforzarla?



Sin embargo, hay una luz de esperanza. Si bien en Buenos Aires el paisaje es ciertamente machirulo y tradicional (las mujeres te levantan con café en la cama, te dan gotitas en la boca y están muy lejos del control o los puestos de decisión en el canal de televisión, o son unas reclamadoras seriales maltratadoras), hay una sorpresa refrescante en el personaje de la hija del meteorólogo. Carla es médica, tiene relaciones sexo-afectivas que no conducen a la pareja monogámica que convive y quiere construir una familia y, sobre todas las cosas, no se deja boludear ni da explicaciones sobre nada. La verdad, una genia. Y no es de esos personajes femeninos que desaparecen cuando los protagonistas varones ya aprendieron las lecciones de vida que necesitaban, sino que es un personaje tridimensional, creíble y querible sin ser una complaciente.


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La pregunta es: ¿deberíamos conformarnos con un personaje femenino entero y subestimar la caricaturización violenta sobre Bernardo? El final pseudo-civilizatorio donde para poder darle reconocimiento y no apropiarse 100 por ciento de los saberes del “campechano”, desoye sus preferencias de modo de vida, sin electricidad en las sierras, y le tira a toda la maquinaria televisiva encima; ¿deja, además, entrever que a él en realidad le encantan las cámaras?

Esta película dispara varias preguntas, y es más de lo que podemos decir de otras producciones locales y/o de los responsables de este film. No es mucho, ¿es algo?

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Martina Saleme Licenciada en Socióloga de la UBA y Mg. en Guion, Narrativa y Creatividad Audiovisual de la Universidad de Sevilla. Trabajó en Derechos Humanos y en la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Actualmente se encuentra desarrollando distintos proyectos audiovisuales y hace críticas de series con mirada sociológica en Todo lo que sí (@todo.lo.que.si).

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