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Fragmentos de un ghosteo amoroso

La dificultad para construir vínculos valiosos no es noticia este 14 de febrero: sería muy fácil poder sincronizar relojes hasta el punto exacto en que lxs dos, o por qué no más de dos, se dejan de querer. Sin embargo, ¿cómo enfrentar el desafío de construir y disfrutar una relación cuando no sabés lo que lx otrx quiere? ¿Y cuando te dice lo que quiere pero no condice con sus acciones? ¿Qué implicancias tiene ghostear, es decir, desaparecer de un día para el otro? Los protocolos no existen y la diversidad de experiencias es infinita, aunque una cosa es clara: la responsabilidad afectiva es necesaria.

La película “Simplemente no te quiere” abre con esta idea: las mujeres hemos sido engañadas históricamente por nuestros pares, amistades, familia y consumos culturales para pensar que si la otra persona manifiesta algún tipo de desinterés es porque hay amor. “A las niñas les enseñan muchas cosas, entre ellas, que si un niño te molesta es porque le gustás”, reflexiona la protagonista en los primeros minutos. Si bien el film explota innumerables lugares comunes que pueden ser puestos en debate, tiene un punto que oficia de disparador: ¿Todo vale en el juego del amor? La danza del coqueteo no es para nada lineal y requiere un análisis más profundo. ¿Quién no se ha quedado pensando si la otra persona no quiso decir lo que dijo o si existe algún tipo de voluntad no manifiesta? 

Juan tiene 25 años y la semana pasada recibió un mensaje de Clara, con quien había tenido un par de citas el año pasado. Juan está saliendo con otra persona ahora, pero no quería ser cortante. Así que cuando Clara le dijo que podrían coordinar para verse, él respondió que cuando volviera de vacaciones le escribiría. Juan no piensa escribirle y tampoco siente que sea una forma de ghosteo, sino simplemente un poco de tacto. “Creo que tiene que ver con cuánto conozcas a la persona. Si es alguien con quien estás empezando a salir y no querés hacerlo más, tenés que hablarlo porque ya estás compartiendo cosas y sería feísimo”, reflexiona y comenta estar en contra del ghosteo.


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Luego de las primeras citas, algunas veces mucho antes de la cuarta, comienzan los malabares y las dudas. ¿Cuánto tiempo hay que esperar para mandar el primer mensaje? ¿Le escribo yo o me escribe ellx? ¿Será que me está ghosteando? Mimi tiene 34 años y detecta la práctica del ghosteo mucho antes de que se instalara como un chiste twittero: “Con mis amigas siempre le dijimos ‘la del mago Emanuel’ a esa situación en la que estás lo más bien con un pibe y de la nada, pum, bombazo de humo y desaparece”. Si bien no existe un paso a paso correcto para decirle al otrx que no te interesa, Mimi cree que hay formas que no pueden dejarse pasar. “Yo entiendo que no funcione, no interese o que te empieces a ver con otra persona que te vuela más la peluca, pero lo que no entiendo es cómo una persona puede desaparecer sin más. Me parece terrible y te re daña eso”, avisa.

Los matices: ¿millennials descubren el amor?

En la diversidad de vínculos se manifiesta la complejidad que el término representa para distintas personas: no sólo su significado presenta discrepancias enormes, sino también los tiempos y maneras de hacerlo. Cristian es muy estructurado e inventa sus propias reglas en sus vínculos sexoafectivos. Este protocolo amoroso, si bien es muy personal, lo ayuda a ordenar criterios cuando conoce a alguien: “Yo creo que luego de una sola cita no está tan mal desaparecer, pudo haber salido mal o pudo no haberte gustado, es algo que puede pasar. Pero si salís más de una vez y ya empezaste a construir un vínculo con la otra persona, por más sencillo y descontracturado que sea, es cualquiera clavarle el visto y no responder nunca más, ahí sí lo tenés que hablar”. 

¿La clave estará entonces en hablarlo? ¿Qué decimos? Cuando unx amigx cuenta que está siendo ghosteadx el código universal de buenas prácticas de sororidad estipula que hay dos salidas. La primera es la más común e implica decir: “Es unx boludx, no te merece” y la segunda se utiliza cuando la otra persona está muy afectada por el tema: “Tal vez le está pasando algo más que vos no sabés”. El problema está en si realmente queremos averiguar qué le pasa a lx otrx en realidad, o bien, si podemos tolerar esa verdad que creemos añorar. Solana opina al respecto: “¿Por qué hay que decirlo todo? Es una fantasía creer que tenemos derecho a saber todo sobre el silencio del otro. La claridad de los diálogos no asegura nada”. Redobla la apuesta diciendo que el ghosteo no es necesariamente desinterés y que en realidad son espacios vacíos: “En muchos casos eso que llaman ghosteo es simplemente lo que no sabemos y hay que ir viendo qué pasa”.

Martina sostiene a modo de mantra que las interacciones sociales son arduas y que lo importante en todo momento es no destratar o histeriquear a la otra persona. El respeto es algo que no es negociable. Sin embargo, dice que también ghosteó: “Me parece difícil la situación de ir a los bifes y ser sincera si la otra persona no te gustó o no te interesó”. Martina tuvo una cita con un pibe y decidió que no quería volver a verlx, pero como no sabía cómo manejar el momento de rechazo, puso como excusa una situación personal para no aceptar ninguna cita más. 


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“El ghosteo habla más de la imposibilidad del ghosteador para terminar algo, para irse, que del ghosteado como causa. ¿Es feo? Sí, es feo. Pero peor es creer que uno es la causa. Prefiero pensarlo así. Es una forma de irse. Quizás la única que encontró”, twitteó la psicoanalista Alexandra Kohan hace dos años. Irse es difícil por naturaleza, pero no por eso es una justificación válida para hacer sentir mal a la otra persona. El problema está tal vez en demonizar una práctica que puede ser la única manera de alguien encontró para salir de un vínculo con el que no estaba del todo cómodx. 

El fantasma de no hacerse cargo

Eugenia no es tan categórica y no le preocupa demasiado el ghosteo: “Nunca me enganché demasiado y en general no me molesta si me dejan de hablar, pero a mis amigas les pasa un montón y las pone re mal”. Ella recuerda situaciones con pibes que les han dicho “qué bien que la pasé” y desaparecieron al otro día. “Es medio feo porque vos ponés ahí tus expectativas de gustarle a alguien. Yo creo que probablemente no nos bancaríamos que alguien venga a decirnos no me gustaste, pero sí quizás que se expida y deje claro que eso terminó”, reflexiona. Unx tiene que hacerse cargo de lo que (no) siente y parte de eso que hoy llamamos socialmente responsabilidad afectiva es no lastimar al otrx. No es una cuestión de contenidos (decirle a alguien que te pareció unx taradx), sino más bien de las formas (sí explicar que no estás dispuestx a seguir saliendo).

El ghosteo también se manifiesta como una herramienta de autocuidado. Por ejemplo, Virginia lo ha hecho con personas que no entienden un no o tal vez con aquellxs con quienes no sabía cómo cortar el vínculo. Ella cree que “el ghosteo del que todo el mundo habla es cuando salís varias veces y hablás mucho, pero cuando parece que se está construyendo algo la otra persona desaparece de golpe”. Virginia sostiene que es una cuestión de cierres: el ghosteo hace que la herida quede sucia y que cueste más cicatrizarla.


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Las revistas de moda y lifestyle proponen soluciones mágicas con titulares que prometen remedios al corazón roto, pero lo cierto es que poco se habla de la responsabilidad afectiva y de que en última instancia, ¿realmente queremos que nos digan que no les gustamos? Si bien todxs pueden tener una idea distinta de lo que implica quererse o dejar de hacerlo, hay algo que debería facilitar el entendimiento de las ganas y deseos de aquellxs que estén formando un vínculo: la comunicación. Poner en palabras parece ser hoy la única manera de sortear el desamor y los desencuentros. No tiene que ser la biblia de las razones por las que dejas al otrx, pero sí se vuelve necesario manifestar decisiones radicales como no verse nunca más.

Emilia es estudiante de psicología y cree que las personas se sienten cómodas ghosteando por tres razones: porque es fácil, porque se sienten confundidas y porque es muy accesible hacerlo a través de las redes sociales. “A todo el mundo le da paja tener esa conversación incómoda”, dice convencida. Y cuando piensa en ghosteo, se acuerda de una frase que le dijo una amiga suya una vez: “Si alguien te ghostea, respetá a los muertos y dejalo ir”. 

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Nació en 1996. Estudia Ciencias de la Comunicación en la UBA. Trabaja en creación de contenidos multimedia y comunicación política. Es locutora de Intimidad Corrompida, un podcast de Feminacida.

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