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Eva y Aurora, las amigas peronistas

¿Cómo pintar con palabras a una amiga? ¿Cómo narrar la finitud de la intimidad, de la desfachatez, de la picardía? Aurora Venturini escribe sobre Evita, o mejor dicho, sobre el vínculo que las unía. Pero, ¿qué de todo lo que cuenta es verdad? ¿Qué de todo lo que ventila es ficción? ¿O será que las anécdotas y los recuerdos tienen un poco de cada cosa?

Eva, Alfa y Omega fue el último texto que Venturini escribió antes de cerrarle los ojos al mundo que tardó en consagrarla. El reconocimiento le llegó recién a sus 85 años, cuando ganó el “Premio Nueva Novela” de Página 12 por Las Primas, concurso al cual se presentó con un nombre ficticio.

“La ciencia histórica deberán ejercerla los historiadores y yo soy una escritora que, aunque requiera del apoyo acaecido de la realidad, crea fantasiosamente”, desafió la autora luego de la salida de su libro, actualmente reeditado por Tusquets en la Colección Andanzas. Hoy, sus lectores aceptamos el reto y elegimos creer.


—¿No sabés otro chiste?
—¿Sobre Perón, señora?
—Mirá, si es de mí, te cacheteo.
—Dicen que había en Mar del Plata una piedra enorme donde se sentaban los turistas, que de repente desapareció. De pronto, colocaron un gran cartel que decía: “Perón cumple, ampliación del Océano Atlántico”.
Ella me alaba:
—Sos una genia, hija de puta.

Aurora Venturini, en Eva, Alfa y Omega.

Tal vez nuestro espíritu curioso, o más bien entrometido, hará que el libro se lea de un tirón. Fascina la vida de María Eva Duarte y fascina también la irreverencia de una escritora que juró ser peronista para siempre.

Aurora y Evita fueron amigas íntimas. Fue cuando Venturini se desempeñó como asesora en el Instituto de Psicología y Reeducación del Menor que conoció a esa mujer de vida tan fugaz como intensa, según agudiza su memoria: “Pienso en ella y me parece un sueño. Yo conté con el privilegio de su rara amistad y les aseguro que nunca nadie me maltrató tanto ni me quiso tanto como Eva Perón”.

Un relato que se vuelve mito. Sí, uno más. De chismorreos, infidencias, historias y “sueños borrascosos”. Aurora Venturini pone en marcha su vasto aparato narrativo, escribe por los bordes e invita a coquetear entre lo real y lo inverosímil.

“No quedó ni una flor en los negocios ni en los jardines de los pobres”, jura la escritora. Cuando Evita murió se agotaron los ramos y las coronas en todo el país y eso, hoy, es una verdad rutilante que ni el más gorilas de los gorilas puede negar.

Hay una pluma que juega y que, al igual que Eva Perón, está más viva que nunca.

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Coordinadora editorial de Feminacida. Nació en Buenos Aires, en 1993. Fotógrafa, periodista y licenciada en Comunicación Social, egresada de la Universidad Nacional de La Matanza. Es profesora de Comunicación y Construcción de la Ciudadanía en escuelas de gestión pública y privada de ese distrito y tallerista de Educación Sexual Integral. Es co-autora del newsletter “No me arrepiento de esta ESI” de Feminacida.

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