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El silencio de la carne

Jorge Thefs es performer, bailarín y director. El silencio de la carne es la segunda obra que le sigue a la propuesta iniciada con Carne de consumo personal. El realizador apuesta al biodrama como programa estético-político: utilizar la propia experiencia como material escénico. A su vez, el universo de este tipo de obras se volvió cada vez más un territorio de trincheras. Una forma de habilitar la voz y la historia personal para denunciar e iluminar zonas oscuras del presente.

En escena son dos intérpretes (Jorge Thefs, Agustina Bárzola Wurth) y un músico al piano (Gabo Illanes). Entre les tres nos cuentan las experiencias vividas en una escuela de comedia musical. El método propuesto por el director y profesor de la escuela no solo implicó presiones, exigencias y agresiones verbales hacia sus estudiantes, sino también la construcción de vínculos confusos y abusivos con las mujeres.

En ese universo siniestro −detestable y a la vez familiar−Bárzola Wurth y Thefs reivindican la historia de un compañero: Napo, un intérprete que quedó atrapado en ese círculo mortal. ¿De qué se compone este engranaje? Jorge Thefs nos hace un recorrido por pequeños momentos de legitimación, por el develamiento de los privilegios de género, de clase; por la trampa de la promesa de futuro que se esconde en esta máquina, pero que representa también a otras máquinas.

En El silencio de la carne, el silencio representa el dolor vivido en carne propia, el dolor que acompañó trayectorias de vida y que, mediante la realización de la obra y la puesta en escena, se elabora, se mastica y se visibiliza para acompañar a otres. Hay una consigna que circula en la idea de poner toda la carne sobre el asador: a ese silencio no volvemos más.

Hartas de chongos del teatro

Si en Carne de consumo personal la carne, el propio cuerpo pesado en medida de consumo, era medio e instrumento para plantarse frente a un otro hetero-hegemónico y decir que allí también se alojaba una historia para contar, una vida llena de deseos y experiencias válidas, ahora la carne es eso que fue, eso que vivió, eso que lo llevó hasta ahí. El presente de la pieza anterior hace un salto al pasado para poner al performer como sujeto de las artes escénicas. Un sujeto, justamente sujeto a todo aquello que vivió y observó que no le fue permitido decir, ahora está listo para denunciar escenas, mecanismos y dinámicas opresivas y abusivas de las escuelas de teatro.

El silencio de la carne nos invita a repensar nuestro propio silencio. ¿Cuántas veces no dijimos por temor a incomodar, a quedar como locas, exageradas, escandalosas, conventilleras? Como ya sabemos, el arte no está exento de violencias. Esta obra aboga por mirar hacia adentro de nuestros espacios profesionales y nuestros consumos culturales. ¿Qué métodos de enseñanza avalamos? ¿En función de que genio nos sometemos? Jorge Thefs nos propone, una vez más, extraer de la propia experiencia las herramientas para un futuro colectivo.


Del lado brillante de la vereda

La propuesta no se queda atrás en belleza de composición. Hay una narrativa en pequeños capítulos o episodios, hay un trabajo con material de archivo (algo que ya venía haciendo el autor en su obra anterior cuando trabaja con VHS de su infancia), hay una hermosa selección de telas y texturas que acompañan la puesta en escena. Si algo es claro en los trabajos del equipo es una propuesta estética brillante, sedosa, reflectiva, holográfica. Como decía Lezama Lima: para hacer la revolución hay que estar a la moda.

Por otro lado, encontraron un ritmo de contar que escapa a los golpes bajos, imprimiéndolo humor y frescura a la densidad del tema.

Jorge Thefs es un artista del carajo. Sus movimientos al bailar construyen un lenguaje corporal que es adictivo de ver. Canta con una elegancia que fluye con su propia expresión de género. Agustina Bárzola Wurth tiene una soltura al plantarse en escena que la hace fresquita como un vaso de agua en medio del calor. Ambas, le dan vida a una historia de duelo. Son amigas y esa contención y admiración mutua se ve en escena. La obra es también, entonces, una celebración de la amistad. Por les que están presentes y por la recuperación de las ausencias, con respecto, con admiración y con alegría.



El silencio de la carne puede verse todos los viernes a las 23 en NÜN Teatro Bar (Juan Ramírez de Velasco 419, CABA).
La obra estará en cartel hasta el 30 de septiembre. Las entradas se consiguen a través de Alternativa Teatral.


Ficha artístico-técnica

Autoría: Jorge Thefs
Idea: Jorge Thefs
Performers: Agustina Barzola Würth, Jorge Thefs
Mapping: Florencia Labat
Estilismo: Chu Riperto
Diseño de vestuario: Chu Riperto
Diseño de escenografía: Julieta Capece, Camila Colombo
Diseño sonoro: Félix Land
Realización de escenografía: Julieta Capece, Camila Colombo
Redes Sociales: Boria Audiovisuales
Realización de vestuario: Titi Suárez Adrover
Música En Vivo: Gabo Illanes
Sonido: Francisco Cañadas
Diseño De Iluminación: Lailén Alvarez
Fotografía: Diego Stickar.
Diseño gráfico: Boria Audiovisuales
Asistencia de escenario: Jazmin Siñeriz
Asistencia técnica: Juliana Ortiz
Arreglos musicales: Gabo Illanes
Producción ejecutiva: Juliana Ortiz, Jorge Thefs
Colaboración en dramaturgia: Maruja Bustamante
Colaboración artística: Juliana Ortiz, Rosario Ruete
Colaboración musical: Gabo Illanes
Puesta en escena: Agustina Barzola Würth, Juliana Ortiz, Rosario Ruete, Jorge Thefs
Dirección Coreográfica: Agustina Barzola Würth
Director asistente: Juliana Ortiz, Rosario Ruete
Dirección general: Jorge Thefs
Composición Musical: Gabo Illanes

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