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El cuento de la criada: coqueteo entre realidad y ficción

The Handmaid’s Tale es una de las series más impactantes de los últimos años. En su cuarta temporada siguen los desafíos de las Criadas en su viaje por la libertad. El estreno en los Estados Unidos sucedió, por sorpresa, días antes del 28 de abril, para cuando estaba planeado, por la plataforma Hulu. A Latinoamérica llegará el próximo 2 de mayo a través de Paramount+. 

Esta historia es una distopía despiadada que colecciona diez premios Emmy en el 2017 y tres globos de oro en el 2018. Fue creada por el guionista Bruce Miller y está inspirada en la novela ideada en 1985 por la escritora canadiense Margaret Atwood. La autora, una adelantada para muchos críticos, cuenta en el prólogo de su libro que el argumento de la obra surgió a partir de la expropiación de niños en la última dictadura militar argentina y el nazismo.

Luego del debate por la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso Nacional, el revuelo con esta serie fue contundente. Incluso, la propia escritora se involucró en la lucha y escribió en más de una oportunidad a los distintos gobiernos nacionales entre 2018 y 2020 para que se apruebe la ley. 

El argumento de esta mega producción se basa en lo que sucede en la vida de la protagonista, June, a partir de que en los Estados Unidos, luego de una supuesta guerra civil,  asume un gobierno dictatorial profundamente cristiano, teocrático y machista. La sociedad se encuentra sumergida en un contexto de grave crisis de contaminación ambiental en donde distintas enfermedades hacen descender  el índice de natalidad. El poder es tomado por los hombres y las mujeres solo pueden corresponder a roles extremadamente patriarcales. 

Una historia distópica

June, la protagonista, es representada por la inmensa actriz Elisabeth Moss. Inmensa porque encarna un personaje que sufre brutalmente, pero que posee una fuerza arrolladora que nadie sabe bien de dónde sale, y ha decir verdad, descolla. Ella es una criada: el rol por excelencia asignado para las pocas mujeres fértiles que quedan. Su función es tener hijos para los círculos poderosos de la sociedad y, para esto, tiene que soportar un ritual en donde  el hombre cabeza de familia abusa de ella mientras la “esposa” (otro de los roles fundamentales de este relato) le sostiene las manos, observa y calla en complicidad con su marido. June ya no se llama así desde que es una criada, ahora es Defred. Es decir, de su “dueño”.  Fred Waterford, papel desempeñado por el actor Joseph Fiennes, es el nombre del jefe de familia quien ocupa un alto rango en el gobierno.  Ella, antes de que asuma este régimen, tenía una vida, una familia y una hija que también fue capturada por el sistema.

La religión y la interpretación a gusto de la Biblia es siempre el condimento fuerte del argumento ¿Algún parecido con la realidad? Mera coincidencia. La Génesis 30:1-5 es utilizada para justificar la violación del marido a la criada: “Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre? Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella. Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob”.

Mujeres dentro del sistema

Los otros roles principales en los que se clasifican a las mujeres son las amas de casa, llamadas “Marthas”, las esposas, las prostitutas, las “tías” que son las más religiosas de la historia, y las que trabajan la tierra en centros altamente radioactivos. La intrínseca relación que se da entre June y Serena Joy Waterford, la esposa del señor Fred, personificada por la actriz Yvonne Strahovski, es producto de un coqueteo constante entre ambas mujeres con la sororidad. Serena fue una escritora muy exitosa antes de que EEUU pase a llamarse república de Gilead y, constantemente, se ve seducida por la posibilidad de recuperar su vida.

El relato se construye entre la empatía con las criadas, la unión entre ellas y lo desquiciado que puede ser el machismo en su mayor expresión. En esta serie las mujeres son incubadoras que a través de la violación gestan hijxs —aquí el guiño con la ley del Aborto— y después son despojadas de su maternidad para ir con otra familia y repetir la ceremonia hasta quedar embarazadas de nuevo. Si eso no es lo más parecido a la tortura, que alguien explique qué es.

La fotografía de la serie es digna de admirar en varias oportunidades. Los contrastes están bien marcados, cada rol lleva un color: las Criadas se visten de rojo, las Esposas de verde, las Tías de marrones y las Marthas de grise. June en algún momento sentenciará: “Si no quieren que seamos un ejército, no nos hubiesen vestido iguales”. Y eso, es lo que ciertamente se desata: una guerra en la que en varias oportunidades explota todo por el aire. 


Co-Directora de Feminacida. Nació en julio de 1992. Es periodista egresada de ETER Escuela de Comunicación y fotógrafa de la Escuela Nacional de Fotografía. Trabajó como editora en Revista Sudestada, como productora en Radio con Vos y colaboró con distintos portales. Junto a Agustina Lanza co-editó el libro "Ahora que sí nos ven".

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