Dead to me

Dead to me, o cómo lidiar con los duelos, la dependencia, el remordimiento y guardarse todo hasta explotar.

La serie disponible en Netflix, creada por Liz Feldman y dirigida por un equipo de diez mujeres, pone en escena la construcción de una amistad entre dos personajes que se conocen en un grupo de apoyo para quienes necesitan superar la muerte de un ser querido. A primera vista, ellas no tendrían nada en común, pero entre diferencias abismales, se encuentran necesitando de alguien y se brindan un hombro mutuamente para descargar tristezas.

Así, comienzan conversando en sus noches de insomnio para levantarse al día siguiente, colocándose una coraza y actuando como si nada estuviera sucediendo, ya que pareciera que ser mujer y madre bloquea tus emociones y necesidades, dirigiendo la mirada de todo el mundo a juzgar libre y livianamente cómo actuás, qué haces y que no.

En estas dos temporadas, que cuentan cada una con 10 episodios de corta duración, se conoce la historia de Jen (Christina Applegate), quien enviuda después de un accidente de tránsito y comienza a buscar desesperadamente al culpable. Al mismo tiempo, queda como única responsable de sus dos hijos. Mientras trata de volver a adaptar su vida, le brinda un espacio a Judy (Linda Cardellini) en su hogar, de quien -al menos en los primeros capítulos- sólo se sabe que su personalidad es insoportablemente optimista y enérgica.

Las construcciones realizadas de los personajes interpretados por mujeres tienen detalles muy distintos entre sí y divertidos de ver, en donde los papeles masculinos pasan casi a segundo plano.

El foco de atención se centra en Jen y Judy y su potente química. Las dos protagonistas llevan adelante una historia en la que se aprovechan los pocos capítulos para exponer actitudes machistas que se podrían haber pasado por alto, reivindicar a toda furia que “no es no”, y derribar los estereotipos que ante cualquier situación clasifican y encasillan a las mujeres como locas o emocionales. Tanto es así, que la actriz Christine Applegate tuvo que hacer terapia al terminar las grabaciones debido al peso emocional cargado en el personaje que supo encarnar con tanta entrega.

Esta serie es la cuarta producción de CBS TV Studios para Netflix, que previamente había elaborado comedias como American Vandal o dramas como Unbelievable. Y si bien la historia puede compararse con Grace and Frankie o Big Little Lies, esta fusión entre lo cómico y lo serio, lo inquietante y lo atrapante, crea un mix de géneros muy interesante de ver y ligero de maratonear un fin de semana. Mística lograda, sin dejar de lado diálogos y escenas emotivas, cargadas de esa incomodidad que te obliga a darle click al episodio siguiente.

La trama podría haber girado fácilmente alrededor del drama, la ausencia, y la desesperación; pero el humor negro logra cambiar el rumbo cada 30 minutos. Estas revelaciones que van sucediendo de a poco nos sumergen en una historia difícil de abandonar: si bien sus espectadores podrán adivinar qué será lo próximo que ocurra, el desenlace y las consecuencias tentarán las ganas de más. Es recomendable, entonces, verla sin saber mucho de ella y dejándose sorprender.

-Este artículo fue producido en el marco del Taller de Periodismo Feminista de Feminacida-

 


Nació en junio de 1999 bien al sur de la Argentina. Militante feminista. Estudiante de Ciencias de la Comunicación.

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