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Licencias igualitarias: una reforma para redistribuir los cuidados

El presidente Alberto Fernández firmó ayer el proyecto de Ley “Cuidar en Igualdad”, el cual plantea una reforma en relación a las licencias por nacimiento y adopción, y reconoce el cuidado como una necesidad, un trabajo y un derecho. Además de proponer la creación de un Sistema de Cuidados para ampliar políticas públicas en la materia, extiende la licencia para varones y personas no gestantes de 2 a 90 días en ocho años. Para personas gestantes pasa a ser 126 días, y por primera vez, habría licencia para adoptantes por 90 días.

De esta manera, según informaron desde el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, 6 millones de personas van a tener extendidas sus licencias y 2 millones la obtendrán por primera vez. En caso de aprobarse, monotributistas, monotributistas sociales y autónomos cobrarán una asignación por maternidad, paternidad y adopción: un salario mínimo por cada mes en el que estén cuidando. En el caso de las trabajadoras de casas particulares, se asegurará un mínimo en la licencia del salario mínimo vital y móvil.



El anuncio que realizó ayer Fernández, al enviar al Congreso el proyecto para mejorar las licencias familiares, no es más que una respuesta a una falencia histórica que viene a atender las nuevas formas que existen para conformar una familia: ensambladas, monoparentales u homoparentales. 

Las licencias por “maternidad” y “paternidad”, términos que perdieron vigencia hace tiempo, cumplen un rol fundamental a la hora de construir una sociedad más equitativa. En primer lugar, por el hecho de que así se coloca en igualdad de condiciones a ambos progenitores y, segundo, porque es una forma de armonizar la vida productiva con la reproductiva. Además, protege los derechos de las infancias garantizando su cuidado desde los primeros momentos de su vida como está establecido a nivel internacional en convenciones como la de los Derechos del Niño (art. 18) o en la Observación General número 7 (art. 29) y a nivel nacional en la ley 26. 061 de Protección Integral de los Derechos de las Ñiñas, Ñiños y Adolescentes, donde también se establece que ambos xadres tienen las mismas responsabilidades a la hora de los cuidados.

Cualquier persona que ha estado cerca de una madre o un padre en los inicios de una crianza sabe que las semanas posteriores al parto son, tal vez, de las más complicadas para atravesar. ¿Por qué? Porque toda la vida que conocían hasta ese momento se ve transformada por una nueva persona que llega para reorganizar prioridades. Lo mismo sucede en el caso de adopción, donde la adaptación e integración juegan un rol fundamental desde el primer momento. Entonces, ¿por qué no deberían gozar estas familias conformadas de distinta manera los mismos derechos? En este contexto, en nuestro país la legislación a nivel nacional y estatal que indica cuánto tiempo el progenitor no gestante puede estar presente es la ley número 20.744 de Contrato de Trabajo (LCT) y le otorga dos días de corrido con licencia paga (a cargo del empleador). La normativa tiene 48 años de vigencia y es una de las más atrasadas del mundo, ya que no contempla la paternidad por adopción, los nacimientos múltiples, nacimientos pretérmino o nacimiento de hijas/os con discapacidad. 


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Esto se dificulta en el ámbito privado porque no todas las empresas del país respetan lo que establece la ley. “En algunos casos, se incumplen las normas legales restringiendo el acceso a estos derechos mientras que en otros (pocos) casos las empresas privadas han extendido los tiempos de licencias más allá de lo que requiere la ley”, según detalla el informe realizado por Unicef “Apuntes para repensar el esquema de licencias de cuidado”.

En un relevamiento realizado por el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) se encontró que el 38 por ciento de los 69 proyectos presentados en esta materia y relevados hasta el 2021 se focalizan exclusivamente en la modificación de la LCT. Lo cual ya implica un problema pensar una ley sólo en estos términos porque abarcaría exclusivamente a los empleados dentro del sistema formal del trabajo y el 47 por ciento de las y los trabajadores de Argentina no se encuentra en relación laboral de dependencia.

¿Y en el país?

Al mirar esta legislación por regiones, la reglamentación mejora en provincias como Mendoza, donde en el ámbito público hay 120 días de licencia, y empeora en lugares como Santiago del Estero, donde la cantidad de jornadas es nula. 

El jueves 24 de febrero del corriente año en el Boletín Oficial de la Provincia de Buenos Aires se publicó el decreto 140/2022 para ampliar las licencias parentales. Allí se establece que “todas las personas gestantes contarán con una nueva licencia para el cuidado de la o el recién nacido de 45 días, que son complementarios a los 90 días que ya existían, por lo que se suma un total de 135 días. Para los casos de nacimientos de niña o niño con discapacidad, contarán con 180 días corridos. Además de la extensión en los días de licencia, si ambos progenitores prestan servicio en el ámbito de la provincia, podrán optar por elegir quién será la persona que goce de la licencia de cuidado. La licencia para el o la corresponsable parental se extenderá de 3 a 15 días. También se amplían los días de licencia por adopción de 90 a entre 120 y 180 días, según la edad del niño o niña, eliminándose el límite de edad de 7 años. 


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“Este nuevo régimen de licencias va a implicar un cambio en la vida laboral y familiar de toda la comunidad, representando un inmenso avance en la Provincia que esperamos que acompañen otros sectores y ramas de la actividad”, afirmó el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, en la firma del acuerdo. Es evidente que esta medida mejora las condiciones establecidas hasta el momento, pero aún así deja un sabor amargo cuando analizamos qué rol cumplen los varones en la cuestión. 

Tres problemas que son de todes

Cuando se retoma el debate sobre las licencias laborales igualitarias hay algunos problemas generales que se deben considerar para tener en cuenta el impacto que podría implicar esta política, tanto en el ámbito público como en el privado. Según el INDEC, “la población argentina se encuentra en un proceso de envejecimiento de larga data: el peso relativo de los grupos de edad más jóvenes se reduce, producto de la baja en las tasas de fecundidad, a la vez que el aumento en la esperanza de vida genera un incremento en el porcentaje de adultos mayores respecto del total de la población”. Es decir, hay una tendencia que desciende en materia reproductiva: la sociedad tiene cada vez menos hijes. 

Como indica un informe desarrollado por Cippec llamado “Más días para cuidar: Una propuesta para modificar el régimen de licencias desde la equidad” desarrollado por Gala Díaz Langou y Florencia Caro Sachetti, en 2043 esta predicción será una realidad. “La necesidad de las familias de contar con más tiempo para cuidar y ser cuidados es particularmente relevante en la fase de transición demográfica que atraviesa Argentina”, afirman las investigadoras en esta propuesta que en 2017 ya establecía recomendaciones muy pertinentes en la materia. 

La segunda complejidad que se encuentra plenamente ligada a la primera es la urgencia de entender el problema que causa que la división de las tareas cuidado impacten, por el momento negativamente, en el acceso al empleo de las mujeres y las condiciones laborales y económicas en las que estas pueden desempeñarse. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH, Segundo Trimestre, 2020), las mujeres a pesar de tener mejores niveles educativos se incorporan mucho más lento al mercado laboral que los varones y en la franja de 20 a 39 años, considerada la “edad fértil”, su inactividad es mayor que las del género opuesto. En cambio, la inactividad de los hombres desciende a medida que aumentan su edad.


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Según el INDEC, en las edades centrales (30-64 años) mientras 8 de cada 10 varones participa en el mercado laboral, solo 5 de cada 10 mujeres lo hacen y mientras 5 de cada 10 varones realizan tareas del hogar, más de 8 de cada 10 mujeres lo hacen. “Hoy en día las mujeres debemos planificar detalladamente cuándo y cómo tener hijos, porque sabemos que la vida laboral y la maternidad no son compatibles ni fáciles de llevar”, comenta a Feminacida Laura Tarulli, madre de dos hijos, quien estuvo dos años sin trabajar después de su segundo parto porque si se reinsertaba laboralmente “perdía plata”. 



Esther Vivas, periodista española y autora del libro “Mamá Desobediente”, aseguró, en una entrevista con este medio, que “el estado le da la espalda al cuidado porque el sistema económico se sustenta en este trabajo invisibilizado, y lo hace cuando desde las políticas públicas intentan que la maternidad encaje en el modelo de trabajo”. La participación en el mercado laboral de las mujeres es un pilar fundamental para lograr el empoderamiento económico de las mismas, el problema es que la etapa de vida que transitan impacta automáticamente en sus posibilidades.

“La tenencia de un hijo/a afecta diferencialmente el derrotero laboral de varones y mujeres: se asocia con una reducción o incluso con la interrupción de la dedicación de ellas a sus carreras laborales. Este fenómeno se pronuncia en el pico de la edad reproductiva y, especialmente, en los hogares de menores ingresos. La proporción de mujeres de 25 a 44 años con hijos en el hogar que transitan desde la ocupación a la inactividad es 18 veces la de sus pares varones, y asciende a 20 veces para el caso de las mujeres de 18 a 24 años con hijos en el hogar”, indica el informe de Cippec “Mujeres en el Mercado de trabajo” que relevó la EPH de 2017.

“La maternidad nos penaliza en el mercado de trabajo, pero el problema no es maternar sino es ese mercado”, agrega Vivas. Son las mujeres quienes asumen las tareas de cuidado y este es el principal problema a la hora de desarrollarse profesionalmente. ¿Qué sucedería si el Estado acompañase esta decisión? En efecto, no sólo se mejorarían las condiciones para ellas sino también, debido a la reproducción intergeneracional de la pobreza, la calidad de vida de las infancias. En la Argentina, 9 de cada 10 hogares a cargo de una persona son monomarentales y la mitad de las madres que crían solas a sus hijos e hijas viven bajo la línea de pobreza. 


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Desde ELA y UNICEF alertaron que “a diferencia de lo que comúnmente se puede creer, otorgar mayores derechos a los integrantes de las familias para cuidar significa promover beneficios antes que generar meros costos para la economía. Que más mujeres puedan insertarse en el mercado laboral en empleos de calidad permite un crecimiento de la economía (mayor PBI)… invertir en políticas de cuidado es clave para reducir la desigualdad entre varones y mujeres pero también entre las propias mujeres y contribuir a romper el ciclo intergeneracional de la pobreza”. Favorecer a las políticas de cuidado es pensar en los derechos básicos de las infancias.

El cuidado pone a jugar tres sectores claves dentro del sistema: el económico, el social y el político. Estas tareas representan un aporte fundamental para el funcionamiento de estas tres áreas. Entender su interdependencia permite generar acciones que mejoren el acceso a esta tarea como un derecho y, a su vez, soluciona a largo plazo problemas que se reflejan  en el Estado, el mercado, la comunidad y las familias. En ese sentido, CIPPEC recomienda pensar en un “régimen universal, co-parental y equitativo de licencias”. 

 ¿Y los padres dónde están?

Un caso para analizar cómo se deben construir las licencias familiares o igualitarias es lo que sucede en Chile donde, según afirma la BBC del Mundo, “la licencia paternal es de cinco días y solo el 20 por ciento de los trabajadores hace uso del derecho. Y en el caso del beneficio que permite que la madre le ceda parte de su licencia al hombre después del nacimiento, apenas un 0,2 por ciento lo utiliza”. 

No alcanza con una ley que solo contemple al ámbito público. Si se quiere realmente, como dijo Alberto Fernández alguna vez, “ponerle fin al patriarcado” hay que transformar el sistema porque todavía los estereotipos de género ejercen una fuerte presión social. “Por lo general las masculinidades, excepto tal vez las nuevas generaciones, nos encontramos con la idea de paternar una vez que somos adultos y si lo deseamos”, reflexiona Andrés Arbit del espacio Privilegiados y agrega: “Estas licencias son el Estado o la sociedad sosteniendo esta idea para que después a los varones nos sea muy fácil desligarnos de la crianza. Si ya vemos que en las reglas sociales ese espacio no nos está permitido para nosotros, esta es la consecuencia”.


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¿Y qué sucede con quienes sí quieren formar parte? Facundo Rearte tiene 42 años y dos hijos: uno de tres años y otro de siete. Es monotributista, trabaja de manera independiente arreglando cuestiones eléctricas para distintas empresas e intenta ordenar sus horarios a las necesidades de su familia. Aún así, considera que hace lo que puede y que cuenta con muchísima ayuda de sus padres para llegar a todo. “El día que tuvimos a Florentino festejé porque cayó el fin de semana. Es una locura, pero para mí dejar de trabajar implica automáticamente perder dinero. No hay licencias que contemplen esta situación”. 

Arbit, que también forma parte de la Campaña Paternar, entiende que todavía para muchas masculinidades tener dos días de licencia es una ventaja porque les permite utilizar el trabajo como un refugio para alejarse del hogar y no responsabilizarse de tareas tan importantes. Además, porque les da mayores posibilidades de acceso al mercado laboral. “Si estos sesgos no estuviesen y las licencias fueran equitativas, no sería un privilegio sino derechos ganados y compartidos entre todes”, añade. 


Una licencia escrita con los colores de la diversidad

Pamela Visciarelli se conoció con Mariana Blanco en una cancha de futsal. Se casaron en el 2011 gracias a la Ley de Matrimonio Igualitario y hoy son madres de dos hijas. Fueron pioneras en utilizar este derecho y creen que una nueva reglamentación para las licencias laborales es urgente ya que “todas las transformaciones sociales que logramos deben adecuarse en todos los ámbitos y abarcar a todos los tipos de familia”. 

Visciarelli recuerda fielmente lo que sucedió en el nacimiento de una de sus hijas, Juana.  Fue Mariana, la mamá gestante, la que pudo gozar de los días correspondientes. “Yo me tuve que tomar días de vacaciones para poder estar en ese momento con mi mujer y nuestra hija. Esto, a mi modo de ver, no es lo correcto, pero no tenía otra opción ya que lo que le correspondía al padre eran solo tres días”, relata.  

Ella también rememora que en esa época eran las primeras en hablar en estos términos, pero que actualmente las cosas son diferentes: “Otros compañeros en mi trabajo van a ser dos papás por gestación por sustitución y le van a reconocer a ambos los días por el nacimiento de su hijo. En su caso no hay mamá, no pueden darle tres días a cada uno. Las familias son diversas, las licencias deben serlo también”.

La perspectiva de género no solo se concreta en la forma de nombrar una ley o lanzando con bombos y platillos una propuesta. Pensar en la posibilidad de que, por ejemplo, las dos madres puedan amamantar para cumplir con los seis meses que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS) o que sean los varones quienes se encarguen de las tareas de cuidado y que se les contemple su informalidad con alguna compensación económica, es la única forma de crear una ley en términos de ampliación de derechos reales.

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Co-directora, tallerista y editora de Feminacida. Periodista egresada de ETER, Escuela de Comunicación y fotógrafa de la Escuela Nacional de Fotografía. Trabajó como editora en Revista Sudestada. Compiló, junto a Agustina Lanza, el libro Ahora que si nos ven. Fue productora en Radio Con Vos y formó parte del equipo de La Hoguera Violeta, programa de Radio La Retaguardia. Coordinó talleres de feminismo y espacios de educación popular en el barrio 31 y en el 21-24.

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