Coger y comer sin culpa

“Qué triunfo brutal del patriarcado haber logrado que nos sintiéramos ajenas en nuestras propias pieles. Qué efectivo les resultó educarnos a las mujeres para existir solo ante las manos y las miradas de los hombres. No se me ocurre otra forma de dominación más eficiente y certera que esa: no ser hasta que somos para otro”, dice María del Mar Ramón en Coger y Comer sin culpa, editado este año por editorial Paidós. “Escribo que el placer es feminista porque creo fuertemente que nuestra manera pudorosa y silenciosa de habitar el mundo tiene que cambiar”, asegura la escritora.

María del Mar Ramón abre las puertas de su intimidad  e invita al público a emprender el viaje al propio deseo, abandonar la culpa y gozar. Aborda la sexualidad como un recorrido en primera persona. La potencia de la voz propia cobra fuerza, delinea los márgenes de lo deseado y  las experiencias cotidianas que sustraen a las mujeres la posibilidad de sentir placer. Mujeres que habitan distintos continentes, pero son parte del mismo universo. Abrirse camino a codazos a una existencia más gozosa es, en palabras de la autora, un trayecto necesario. “No creo que nuestras historias sean universales, pero nuestras historias importan en cuanto encontrarnos y narrarnos nos une con las demás”, afirma. 

“Para dar luz hay que prenderse fuego”

En sus primeras páginas una frase de Susy Shock alumbra sobre lo oscuro y convoca a caminar entre las sombras. Incendiarse no implica sólo asumir la lucha por la soberanía del propio cuerpo. Implica también encenderse  de disfrute, reencontrarlo, porque está en todxs y es nuestro derecho. Sin embargo, este sistema opresivo intenta la amnesia al propio deseo: la publicidad y sus estándares de belleza, los mandatos culturales y los actos heteronormativos en la intimidad logran que se olvide lo más importante, sentir placer.  Por si acaso eso ocurre, este libro resalta en un naranja inolvidable frases que harán salir de la meseta a más de unx. 

El  cuerpo, la paja, el sexo, las fotos, la violencia como un itinerario cartográfico sobre su vida, sus dolores y sus placeres, hacen de su experiencia una extención a las vivencias propias de lo que implica ser una mujer. Como sostiene Catalina Ruiz Navarro en uno de sus prólogos: “Estoy segura de que inspirará a muchas mujeres, jóvenes y viejas a emprender con orgullo sus propias revoluciones íntimas, motivadas por la búsqueda y la afirmación del placer”.

Un breve recorrido por sus capítulos

El cuerpo: En este capítulo sus vivencias y esfuerzos por encajar;  la abstinencia de harinas, y dietas de hambre abren varios interrogantes. ¿Cómo se siente una adolescente que pierde autonomía de su cuerpo por el sólo hecho de que todos pueden opinar sobre él? ¿Qué sienten lxs jóvenes hoy ante la extrema fiscalización y vigilancia de su imagen? ¿Por qué los felicitan cuando bajan de peso? ¿Alcanzan las nuevas narrativas sobre cuerpos no hegemónicos para que no sientan una presión extrema por verse deseables?

La paja: Aquí cobran fuerza  el pecado y la culpa luego de las primeras experiencias de sexualización en la infancia y adolescencia. “Es increíble el silencio rotundo que acompaña a las mujeres, su genitalidad y su autosatisfacción durante toda la vida”, asevera María del Mar. Su historia da forma a la censura oficiada por la cultura machista. “No dejo de sentirme frustrada por los años que perdí angustiada, pensándome sin deseo, sin disfrute, con culpa y asco de mis propios fluidos, sólo por vincular la sexualidad, toda la idea de sexualidad, al amor heterosexual”, relata. El mandato de la sexualidad disfrutada, el temor a comunicar cuando no es así, la importancia de la autoexploración y su carencia, por esperar a ese otrx que produzca satisfacción. “Es importante  desgenitalizar el placer sexual y quitarle la fuerza de obligación a los orgasmos”, asiente. Pero no todo deviene en arrepentimiento. En este capítulo el placer es protagonista y su encuentro es posible si se permiten otras formas de habitarlo.

El sexo: “A las mujeres de mi generación se nos enseñó que para coger era más importante estar enamorada que húmedas”, reflexiona la autora con un lenguaje muy directo la sobre lo que imperaba en el imaginario cuando ella era adolescente. Esta idea de priorizar el amor antes que el deseo, la importancia del disfrute y el consentimiento está presente en todo el apartado.

Las fotos: Desde las cámaras digitales que se compartían en familia hasta las selfies de los celulares, los autorretratos pueden ser una forma de erotizar el cuerpo, tomados de forma autónoma y libre. “Somos para nuestra propia mirada una versión de la que tenemos cierto conocimiento, decisión y curaduría”, confirma. Pero cuán injusto sigue siendo la circulación de imágenes femeninas en contraste con las masculinas, en cuanto a su difusión sin autorización.

La violencia: Finalizando el camino y con varias coordenadas señala la importancia de no forzar los procesos para denunciar. Describe como la culpa propia y la revictimización ajena imprimen las múltiples violencias. Y concluye: “La única manera de cuidarnos a las mujeres de los peligros del mundo es cambiándolo, no pensando en distintas formas de recluirnos y dejar de ocupar el espacio público, cuando muchas, muchísimas veces, la más cruda violencia está dentro de nuestras casas”.

Acerca de la autora 

María del Mar Ramón nació en Bogotá en 1992, vive en Buenos Aires desde el 2012. En 2019 publicó su primer libro Tirar y Vivir sin Culpa, el Placer es Feminista (Planeta Colombia). La edición en Argentina salió este año. Es  cofundadora de la organización Red de Mujeres, cocreadora del colectivo feminista colombiano Las Viejas Verdes y del proyecto internacional youtuber Beach Camp, coordina el proyecto Fanática de los Boliches y escribe con regularidad en medios de comunicación.

Este libro puede conseguirse en la Librería Sudestada.


Profesora en Comunicación Social UNLP- Licenciada en Comunicación Social UNLP. Comunicadora y docente feminista. Actualmente se desempeña en escuelas orientadas en comunicación.

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