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¿Qué onda el cáncer de mama en las identidades no ...

¿Qué onda el cáncer de mama en las identidades no binarias?

Las campañas de concientización sobre el cáncer de mama tiñen de rosa las calles, la televisión y las redes sociales durante todo el mes de octubre. Generalmente, circula un único tipo de representación: el de una mujer cis género, joven, blanca y delgada que responde a un estándar de belleza hegemónico, realizándose un autoexamen mamario frente a un espejo. La consigna, durante años, ha sido clara: tocate las mamas.

No obstante, a la hora de analizar el tema desde todas sus aristas, ¿qué tan efectivo y necesario resulta ser el autoexamen mamario? ¿Por qué abundan campañas de mujeres cis excesivamente jóvenes que distan mucho de encontrarse en la franja etaria promedio en la que se padecería la enfermedad? ¿Qué pasa con las identidades que están por fuera del binarismo? ¿Cómo invisibilizan estos discursos la realidad de miles de personas que se autoperciben como mujeres trans, varones trans o no binaries? ¿Cómo opera el sistema de salud, desde su omisión, con esas identidades? ¿Hay cuerpos que importan más?

Según la Sociedad Argentina de Mastología (SAM) se calcula que en nuestro país, 1 de cada 8 mujeres cis que haya alcanzado la edad de 80 años habrá desarrollado la enfermedad en algún momento de su vida. Por eso, el eje de las campañas de sensibilización está fuertemente anclado en la detección temprana y en la importancia de los chequeos anuales.

Asimismo, señalan un incremento leve, pero sostenido del cáncer de mama en mujeres cis jóvenes menores a los 45 años de edad. Esto se debe principalmente al ritmo de vida diario, el estrés, los factores de riesgo sumado a los factores ambientales, a una alimentación inadecuada, al consumo de alcohol y de otras sustancias que aumentan considerablemente el impacto a nivel genético. Por ello, muchxs especialistas recomiendan realizar una mamografía de base a los 35 años. Sin embargo, lxs profesionales de la salud no tienen un criterio unánime, con lo cual hay ramas que la alientan y otras que la descartan y prefieren recomendar que se haga a partir de los 50 en adelante tal y como lo indica el Ministerio de Salud. Desde la SAM también advierten que en menor medida, el 1 por ciento de los cánceres de mama, puede llegar a producirse en varones cis.

“Todes tenemos glándulas mamarias, pero la enfermedad es más frecuente que se dé en las glándulas mamarias de las personas con genitalidad asignada a lo femenino”, afirma Carla Torrisi, médica ginecóloga y obstetra en diálogo con Feminacida. Entonces, ¿qué pasa con la población trans y no binarie? ¿Cómo irrumpe la enfermedad en ellxs? En ninguna asociación, fundación, organización o movimiento de nuestro país se recogen estos datos.

“Nosotres también nos enfermamos, también tenemos mamas”, afirma Nele Newen Falivene, activistx trans, no binarie y candidatx a concejal en el Frente de Todos en la localidad bonaerense de San Antonio de Areco. En conversación con este medio, continúa: “Recuerdo haber leído una noticia sobre una mujer trans que pudo amamantar a su bebé. Es decir, un cuerpo que antes había sido leído como hombre pudo dar la teta. Si esto es posible, el cáncer también. Pienso entonces en la importancia de recordar que el derecho a la información es un derecho humano de todas las personas, y el derecho a la salud también, a la atención médica, a los chequeos de rutina”.

“¿Qué pasa con las campañas? ¿Qué pasa con la medicina? Será que aún sigue siendo un privilegio cis y heterosexual. Será que nuestra salud no les importa, será que “somos una falla en el cis-tema”, continúa Nele, quién no puede dejar de pensar en Tehuel De La Torre mientras se manifiesta.

Estela Pristupin es médica ginecóloga y está a cargo de la cuenta de Instagram “Gineco Inclusiva“. Consultada por este tema, señala: “En realidad, desde el vamos en las campañas no incluyen a un montón de gente, mucho menos a las disidencias. Son todas mujeres blancas, cis y muy jóvenes, eso me llama mucho la atención. Las viejas somos las que tenemos el cáncer de mama, porque tiene una relación muy fuerte con la edad, es una curva que es muy rara que se dé en personas jóvenes, y bastante común en personas mayores. Aparece generalmente en identidades feminizadas de más cincuenta, o más de sesenta. Puede haber mujeres más jóvenes, pero no es lo habitual. Es una representación estereotipada de una enfermedad que no es liviana y con respecto al papel de las disidencias estamos re contra atrás”.

Ricardo González es un varón trans oriundo de Venezuela, vive en Argentina hace seis años y empezó la transición hace tres años. Desde su experiencia cuenta: “Me hice la mastectomía el año pasado. Al empezar la transición las personas normalmente dejan de ir al ginecólogo porque tiende a ser un poquito más incómodo. Lo que le digo a mis amigues es que sigan yendo así se reducen las posibilidades de desarrollar un cáncer de cuello uterino o de mama. Detectarlo a tiempo puede ser la diferencia”.

“Recuerdo mi experiencia cuando fui a la consulta con el cirujano plástico que me hizo la mastectomía. La primera consulta fue un poquito estresante emocionalmente por el trato recibido, constantemente llamándome con los pronombres equivocados, aún sabiendo cual era mi consulta y porque estaba ahí, cual iba a ser la cirugía que me iba a hacer. Les profesionales de la salud tienen la responsabilidad de informarse de algunas cosas, a veces no hay interés, porque ciertamente la información está ahí”, aporta Ricardo.

Máximo Toledo es licenciado en trabajo social y docente, se autopercibe como trans no binario y, a propósito, comenta: “Las personas trans tenemos varios momentos que yo llamo de marginalidad política o legal. Si bien tenemos la ley, hay momentos donde no tenemos toda la documentación en el acceso y eso también a veces se vuelve dificultoso porque no en todos los lugares respetan el trato digno de la Ley de identidad de género o lo desconocen. Sumado a que las consultas ginecológicas, que de por sí ya implican un nivel de tensión para llegar a la consulta, porque es algo intimo e implica un doble peso por tener que ser une quien defienda ese trato digno. Eso también es bastante estresante”.  

¿La solución está en tus manos?

Si bien desde distintas instituciones y asociaciones civiles se aclara que el autoexamen se efectúa como un complemento exploratorio y bajo ningún punto de vista funciona como una herramienta de diagnóstico precoz ni reemplaza la consulta médica con unx mastologx, año tras año las campañas de concientización insisten en realizar esta práctica. Recientemente la Liga Argentina Contra el Cáncer de Mama (LALCEC) ha añadido en su última campaña que el autoexamen no alcanza.

Según Estela Pristupin está demostrado que el autoexamen de mama no sirve. “Por el contrario, aumenta las consultas y las biopsias”, asegura la ginecóloga y agrega: “A la larga se encuentran más cosas, pero esas cosas no son necesariamente cáncer de mama. ¿Qué pasó con eso? ¿Por qué hace 20 años que se sabe y se sigue promocionando? Es parte de la identidad de marca, es parte del ‘tocate, tocate, tocate’ y se deposita una carga que no deberíamos tener”.

En sintonía, Carla Torrisi coincide: “Hay un exceso de intervenciones que se hacen en mujeres cis jóvenes a partir de por ejemplo, estudios innecesarios. Por eso hay algo que llamamos en salud prevención cuaternaria y consiste en empezar a disminuir la cantidad de estos estudios innecesarios que lxs medicxs solicitamos. Es decir, el autoexamen mamario a veces tiende a aumentar la ansiedad, está bueno como una técnica de autoconocimiento, pero si te palpas un bultito, tenés que ir a unx médicx”.

La violencia no se reduce a la omisión en las campañas

“Dejar de acceder a la salud de manera integral es una forma de violencia bastante invisible. Si algo molesta no vuelvo. Y, si no vuelvo, los sistemas tampoco tienen registro de quienes no están accediendo. Esa obstrucción también es una forma de violencia porque terminamos sin acceder a la medicina de manera institucional y así vamos evitando las consultas”, expresa Máximo.

Para Nele, es fundamental que dejemos de naturalizar la invisibilización,  la violencia que ejercen las instituciones, los sistemas de salud, el Estado y la sociedad hetero-cis en su conjunto. “Mediante el borramiento de nuestras identidades, de todas estas otras maneras de habitar los cuerpos, las cuerpas, les cuerpes, sabemos que lo que no se nombra no existe, pero acá estamos para decirles lo contrario. Duele la invisibilización; así como duele que seamos siempre nosotres quienes tengamos que cuestionar estas cosas; duele como duelen las tetas cuando estamos por menstruar o cuando el útero nos sangra. Sí, las personas trans y no binaries también menstruamos, también nos duele el cuerpo, también nos enfermamos, también nos matan y también nos desaparecen”, manifiesta.

Hacia un abordaje del cáncer de mama integral, disidente e interseccional

“Usa mis pronombres, dime a la cara con una palabra que me reconoces, que existo, que no soy invisible. ¿Qué es tan difícil? ¿He hecho algo mal? Cada vez que me dices ella, se desvanece mi carne, y no la carne que ves, sino la que siento, la que es mía y solo mía”, narra lx cantante trans y activista Eme Eyzaguirre.

No están todas las voces, ni todxs lxs cuerpxs, ni mucho menos están incluidas todas las identidades. El cáncer de mama no es solo una enfermedad que afecta a las mujeres cis y es urgente que las campañas comiencen a visibilizar la realidad asimétrica que atraviesa a varones trans, mujeres trans y personas no binarias, más allá de las cintas rosadas.

Para la doctora Pristupin, la falla más grande en el sistema de atención de la salud está en la presunción de heterosexualidad de la gente que consulta. “La inclusión no es solo no dar por sentado tu orientación sexual o tu identidad de género. También es trabajar desde tu perspectiva. ¿Tu peso no es el que marcan las tablas? ¿Tenés alguna discapacidad? ¿Tu proyecto de vida no es convencional?”, invita la página web de consultas de la especialista.

“Más allá de lo que diga el historial médico o tu DNI, les mediques tienen que animarse a preguntar cuál es tu pronombre. Eso no es muy complicado, no se necesita mucho nivel de capacitación para aplicar ese protocolo de introducción para conocer a una persona”, suma Ricardo. En la misma línea, Máximo explica: “Por las modificaciones corporales que hacemos, muchas veces las personas trans de repente somos cuerpos que irrumpimos en la consulta con cicatrices, cirugías, con otras experiencias de lo que es habitar el cuerpo. No en todas las ocasiones se conoce y a veces por miradas, desconocimientos, preguntas que no tienen que ser preguntadas son pequeñas gotitas de estrés que  a veces nos van dejando afuera y terminamos, en el peor de los casos, sin acceder y por ende viendo vulnerado nuestro derecho a la salud”.

Según la doctora Torrisi, el problema con la prevención y la promoción del cáncer de mama tiene lugar cuando se mete la industria y el foco de la campaña que se difunde está mal. “Sí, hablemos del cáncer de mama, pero también hablemos de todos los controles, de todas las medidas de cuidado que se tienen que tomar en esta sociedad tan patriarcal, porque son enfermedades que podemos prevenir si encontramos lesiones a tiempo, mientras que hay otras cosas que no. El foco de las campañas debería ser ese: llegar a todas las identidades para que tengan sus controles anuales”.  

“Existimos, nos enfermamos y nos morimos como todes, o incluso aún más o mucho peor, por el abandono y la negligencia de quienes poseen el saber, de quienes tienen la obligación de brindarnos la información necesaria para el cuidado de nuestra salud. Es urgente ampliar el saber, democratizar el conocimiento y dejar de limitar las campañas y el acceso a la información que todes necesitamos para cuidarnos. Todes tenemos derecho a habitar la diversidad con conocimiento, en este caso para prevenir o detectar de manera temprana esto a lo que todes le tenemos miedo: el cáncer”, concluye Nele.  

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Anabela Morales eses Profesora en Comunicación Social (UNLP) y diplomada en Educación Sexual Integral en la Universidad de Buenos Aires. Co-creadora de Proyecto Marea Roja y Repensar la ESI. Forma parte de la ONG Faro Digital.

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