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Agnès Varda, una cineasta feminista

Mientras tomaba un café, Agnès Varda notó que las verduras que caían de los camiones eran recogidas por las personas que circulaban por el mercado antes de que los empleados barrieran el suelo. Esta observación inspiró su documental Les glaneurs et la glaneuse (Los espigadores y la espigadora). 

Desde su rol como documentalista, priorizó el vínculo con las personas filmadas, respetó sus deseos y opiniones sin sentirse superior a elles. Dedicó la película Deux ans après (Dos años después) a todes les participantes de su anterior documental, como una forma de darles el protagonismo que merecían como parte del proyecto. Esto demuestra la empatía que siempre caracterizó a Agnès Varda, una de las pioneras del cine feminista que supo retratar las emociones cotidianas bajo el lente de la cámara.

El origen

Nacida con el nombre de Arlette Varda, en homenaje a la ciudad de Arlés ubicada al sur de Francia, pasó su infancia en Bruselas, Bélgica, junto a sus padres y sus 5 hermanes.

Sofocades por la Segunda Guerra Mundial, el 10 de mayo de 1940, la familia emprendió un viaje apretado hacia el exilio. Su siguiente destino fue Sète, un pueblo pesquero ubicado junto al mar mediterráneo, que los acogió mientras Europa ardía en la guerra. 

En aquellos años las calles eran oscuras y las ventanas de los hogares estaban tapadas con papel de color azul. En las escuelas, las clases continuaban en el sótano mientras de fondo se escuchaban los bombardeos. Así transcurrieron los primeros años de vida de la cineasta que en una entrevista con TVE expresó: “Yo he vivido la guerra. Se comía el pan seco hasta que se acababa, comíamos los restos hasta que se terminaban”.

La pasión

A los 18 años, Arlette decidió que quería llamarse Agnès. Con muchas preguntas y ganas de conocer el mundo, cuando terminó la secundaria vendió secretamente algunos objetos y se compró un pasaje a Marsella sin consultarle a su familia. 

Por las noches asistía a las clases de fotografía de la Escuela Técnica de Fotografía y Cinematografía de París, lo que le abrió las puertas para su primer trabajo formal como fotógrafa en Las Galerías Lafayatte Hussman. Sin embargo, su verdadera pasión terminó siendo el cine.

Escuchando las anécdotas de las personas que vivieron en el pueblo de Sète, sintió que debía realizar una película. De esta manera nació La Pointe Courte (El punto corto), su primer film del año 1955 que relata dos historias: una sobre una pareja y otra sobre unos pescadores, ambas transcurrían en el barrio de La Pointe Courte. Así comenzó a trazarse la larga trayectoria de la cineasta Agnès Varda.

agnes varda feminista

La mirada

Comprometida con las causas sociales, Agnès apoyaba la lucha por los derechos de las mujeres y en la actualidad se la recuerda como una de las primeras cineastas feministas. En su documental Les Plages d’Agnès (Las playas de Agnès) manifestó: “Intenté vivir el feminismo con alegría, pero estaba muy enojada. Violación, violencia doméstica, mutilación genital, abortos en condiciones lamentables. Jóvenes yendo a abortar al hospital y médicos diciendo: ‘¡Sin anestesia, así aprenderás!’”. 

Prestaba su casa para que las mujeres se realizaran abortos de manera clandestina y formó parte del grupo que firmó El Manifiesto de las 343 publicado en la revista Nuevo Observador en 1971. El texto redactado por redactado por Simone de Beauvoir comenzaba de la siguiente manera:

“En Francia, cada año un millón de mujeres aborta en peligrosas condiciones, a causa de la clandestinidad a la cual se ven condenadas. Esta operación, efectuada bajo control médico, no presenta mayores riesgos. El destino de estos millones de mujeres es silenciado. En consecuencia yo declaro formar parte de ellas. Declaro haber abortado”.

Entre tantos otros hechos de la histórica lucha feminista de la cual Agnès formó parte, en el año 1972 se manifestó junto a su amiga Delphine Seyrig, actriz y activista feminista, a raíz del Proceso de Bobigny en el que se condenaba a una menor que había abortado tras ser abusada por su pareja. En medio de la protesta, la policía las empujó contra las vallas pero ellas no se callaron, aunque Agnès estaba embarazada y ponía su salud en riesgo. Esta misma escena (omitiendo algunos detalles) es replicada en su famosa película L’une chante, l’autre pas (Una canta, otra no) que junto a Sans toit ni loi (Sin techo ni ley) son piezas claves que la posicionan dentro del cine feminista.

Si hubiera que explicar cuál era la mirada de la directora sobre de las problemáticas que atañan a las mujeres, el cortometraje Notre corps, notre sexe (Nuestros cuerpos, nuestro sexo) realizado en 1975 condensa perfectamente su postura política. Agnès Varda escribió este guion a partir de las respuestas de algunas mujeres a una pregunta hecha por el programa televisivo F Comme Femme

“Cada vez que desvisten a una mujer para vender un producto, la desvestida soy yo, yo soy la expuesta, yo soy la despreciada, yo soy la deseada, yo soy la criticada, yo la comprada, yo la que piden por teléfono, yo soy la pagada con cheque o efectivo”. 

– Esta nota fue producida en el marco del Taller de Periodismo Feminista de Feminacida –

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