¡APOYÁ NUESTRO TRABAJO!

Sumate a nuestra comunidad

¡APOYÁ NUESTRO TRABAJO!

Sumate a nuestra comunidad

READING

2001: tres libros para mantener viva la llama de l...

2001: tres libros para mantener viva la llama de la memoria

Al cumplirse un nuevo aniversario del “Argentinazo”, Feminacida recomienda una serie de libros para mantener viva la llama de ese fuego que supimos conseguir. ¿Es posible reconstruir la crisis a través de los ojos de las infancias? ¿Cuáles son las historias, los relatos, los recuerdos, que todavía resisten? ¿Cómo hablar con las niñeces de nuestra historia reciente?

Ilustración de portada: Corta la Brocha

El nuevo milenio, de Rocío Espina

El 19 de diciembre de 2001 Rocío tenía 10 años. Junto a su papá, se cruzó con “el formoseño”, el mozo del bar de la esquina de su casa. “Nos dijo que iba a hacerle el Topo Gigio a De La Rúa y yo volví toda emocionada a casa a buscar qué era eso. En abril de ese mismo año, Riquelme le había hecho ese gesto a Macri. Una imagen súper potente porque junta algo muy simbólico y popular que había sucedido y que él lo estaba llevando como una respuesta del pueblo al presidente”, relata Rocío, quien llevó esa escena a su primer libro, El nuevo milenio.

La novela gráfica El nuevo milenio es la ópera prima de la ilustradora Rocío Espina. Allí, la autora revisa a través de los recuerdos familiares de su niñez, la crisis del 2001 en la Argentina. Desde la mirada íntima de una nena aún en la escuela primaria, Rocío explora escenas cotidianas de su infancia dónde el contexto social se cuela en el relato. 



Desplegando una estética similar a la de un fanzine con collage y dibujos simples, en la novela se yuxtaponen imágenes de su propio álbum familiar y de la historia nacional. El nuevo milenio invita a recordar y reflexionar sobre la propia experiencia de quienes atravesaron el 2001. Y para quienes no, otorga claves de lectura para comprender de que se trataron esos tumultuosos meses.

Esa tal crisis, de Lucía Aita y Camila Mack

Anahí tiene 5 años en diciembre de 2001. Percibe que los sonidos cambian en la calle y las caras cambian en su casa. A su alrededor, todo habla de “la crisis”. Ella no sabe si esa tal crisis es una enfermedad mocosa, un monstruo que come presidentes, un señor malo que quiere cerrar la fábrica donde trabaja su papá o un montón de abuelas ansiosas con cucharones en la mano. Anahí quiere entender qué pasa, qué es eso que lo inunda todo.



“Cuando tenés 5 años, es difuso lo que es un país, qué lo define: ¿un gobierno, la geografía, las costumbres, la gente, sus recursos? Anahí estaba ocupada en otras cosas, siendo niña, pero de pronto a su alrededor crece la incertidumbre, la desesperanza, y ella presta atención. ¿Qué es lo que amenaza al país? ¿Cómo se entiende el hambre? Anahí escucha, pregunta, está llena de dudas. Pero detrás de su merienda con tortas fritas, de algo está segura: ella es el pueblo, y el pueblo no se va”, reza la contratapa de Esa tal crisis, editado por Muchas nueces. El texto es de Lucía Aíta y las ilustraciones están a cargo de Camila Mack.

2001: No me arrepiento de este amor, de Nadia Fink, Flor Vespignani, Pablo Fierro y Martín Azcurra

2001: No me arrepiento de este amor es una compilación que repone historias y devenires de aquella revuelta popular. “¿Cómo contamos el 2001? O, mejor dicho, ¿por qué queremos contar el 2001 después de 20 años?”, se preguntan sus compiladores y enseguida responden: “Porque aún nos interpela. Porque aprendimos que las historias se pueden contar de mil maneras. Esta es la nuestra. Traemos los relatos y los devenires de la rebelión para recuperar una polifonía de voces inabarcables: las que quedaron en el viento de las rutas con olor a goma quemada, las que transcurren en forma oral o quedan grabadas como un gesto que sigue latente, las que siguieron construyendo autonomías y solidaridades. Somos esas voces, esas emociones”.

Coeditado por Chirimbote y Editorial El Colectivo, las páginas funcionan como ríos subterráneos que corren por debajo de la historia. “La toma de una plaza, los brazos que revuelven el guiso de la olla popular, la emoción ante una fábrica recuperada, la mano tímida levantada en una asamblea, un beso bajo una bandera que flamea”, ejemplifican sus editores. Hay textos de Nadia Fink, Flor Vespignani, Pablo Fierro y Martín Azcurra. El arte es de Natalia Revale y Guillermo Chempes.



Un relato federal y feminista, porque allí estuvieron, también, mujeres, niñas, travas poniendo el cuerpo y el trabajo cotidiano cuando poco había y todo parecía posible. En el capítulo a de Flor Vespignani, hay una pregunta que impera: ¿Dónde estaban las mujeres desocupadas? Allí la autora marca a fuego la memoria de Luisa Canteros, militante lesbiana que abrió su casa a la comunidad para asambleas y reuniones del Movimiento de Trabajadores Desocupados de Lanús (MTD). “¿Realmente lo eran o seguían ocupadas en trabajos menos valorados y no reconocidos?”, desafía.

Si te gusta nuestro contenido y crees que hace falta más periodismo con mirada feminista, popular y de derechos humanos

sumate a nuestra comunidad y formá parte de está revolución.

¡Apoyá la autogestión!

RELATED POST

NO HAY COMENTARIOS EN ESTA NOTA