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Mujer en asamblea defiende su tierra

Mujer en asamblea defiende su tierra

Desde hace años prima la presencia de mujeres en las asambleas socioambientales. Son ellas las que ven la explotación de sus territorios y buscan cambiar las realidades cotidianas. Este es el caso de la Asamblea de Nonogasta, para conocer más el por qué y a algunas protagonistas de esta lucha.

Por Natalia Alonso

“Me motivan mis hijos, la vida, el valor de la vida. Ver vecinos que mueren, niños que nacen con malformaciones, eso me dice ‘no estás equivocada, estamos defendiendo la verdad’”, dice Ruky. Se refiere a la lucha que da en la Asamblea El Retamo de Nonogasta, La Rioja, similar a las numerosas asambleas socioambientales en todo el país. Un patrón que se repite en estos grupos es la presencia mayoritaria de mujeres y el papel clave que desempeñan. El conocimiento de esos espacios permite ver que el ensañamiento es mayor con ellas debido a su género. Sin embargo, los roles impuestos por el sistema patriarcal y capitalista son los mismos de los que sacan fuerza.

Con la emergencia de conflictos ambientales en todo el territorio argentino, surgieron numerosas asambleas de vecinos y vecinas que se enfrentan al accionar de empresas contaminantes y extractivistas. El autor español Martínez Alier afirma que la marcada presencia de mujeres en estas resistencias se debe al rol tradicionalmente asignado a ellas con respecto a la reproducción social de la vida. Es decir, ser cuidadoras de los hijos y proveedoras de alimento y recursos de subsistencia al núcleo familiar. Por lo tanto, y como desarrolla la socióloga argentina María Comelli, no dudan en intervenir en la vida social cuando perciben que están en peligro los recursos naturales y las condiciones necesarias para la reproducción de la vida de su comunidad.

Clara y Yolanda en una manifestación frente a la curtiembre. Foto: Lucio Savignano

“Los juicios siempre caen sobre nuestros cuerpos. Y sobre nuestras conductas”, afirma a Feminacida Clara Olmedo, integrante de la Asamblea y socióloga. “En un corte de ruta se acercó un directivo de la curtiembre Curtume CBR y nos dijo ‘el cáncer no es por los químicos, es porque ahora todas están tomando la pastilla del día después’.” Clara nació en Nonogasta, fue madre adolescente, estudió en Buenos Aires y se doctoró en Nueva York. Volvió a sus raíces y ahora es profesora en la Universidad de Chilecito, ciudad vecina al pueblo. Siguiendo la misma línea, cuenta que en Nonogasta ocurren numerosos abortos espontáneos, en realidad inducidos por la contaminación. Y, sin embargo, se suelen indicar otras causas, muchas veces culpando a la mujer por su comportamiento durante el embarazo.

La Asamblea El Retamo denuncia desde 2012 el accionar de la curtiembre. Desde 2017 esta industria está en juicio por violar la Ley de Residuos Peligrosos y estudios de Prefectura Naval certifican que contamina. Deposita los efluentes de su producción en piletones cavados en el suelo, al aire libre, desde los noventa. Ruky Flores y su familia viven a 400 metros de estas piletas de tóxicos y conviven con los olores nauseabundos que emanan. Dos de sus hijos nacieron con falta de madurez en los intestinos. Reparte su tiempo entre ser maestra, madre y abuela, y cortar rutas, hacer pintadas, difundir el reclamo en las redes y planear estrategias de acción. Como maestra, años antes de la creación de la asamblea, dio a sus alumnos la tarea de describir el funcionamiento de la curtiembre para una feria de ciencias. Cuando vi sus trabajos no lo podía creer, me quedé pensando ‘¿y con mi familia estamos viviendo en este lugar?’ Siempre lo digo: mis alumnos me han enseñado todo”.

Yolanda junto a una estudiante de la UBA en una protesta frente a las puertas de la curtiembre. Foto: Lucio Savignano

Previo al 2012, hubo intentos de formar una asamblea, pero quedaron truncos. Atribuyen esto justamente a que era necesaria más participación de mujeres. “Alrededor del 2001 se había intentado formar un grupo, pero no prosperó porque eran pocas mujeres, no había fuerza“, dice Yolanda, otra integrante de la Asamblea, en diálogo con Feminacida. Ella llegó al pueblo desde Córdoba tras perderlo todo por la crisis del 2001, y a su hija en un accidente. Sigue eligiendo Nonogasta como lugar donde vivir y por el que luchar.

Los testimonios de estas mujeres dan cuenta del análisis que hace María Comelli: todos y todas dan la lucha, pero las mujeres están más predispuestas a actuar, a poner el cuerpo. Muchas de ellas llevan a sus hijos a los cortes de ruta para compatibilizar ambas tareas. A través de estas acciones politizan su vida cotidiana, quizá hasta rompen con el dualismo de lo público/doméstico. Y, al accionar desde el rol de cuidadoras en conflictos de la vida pública, con el binarismo de lo tradicionalmente femenino/masculino.

Ruky en su casa explicando su visión de la lucha. Foto: Lucía Ledesma

“Nos descalifican por ser mujeres – recalca Clara – nos llaman: las chuschudas (‘despeinadas’), las histéricas, las pobres mujeres. Dicen ‘¿qué hacen ahí en la ruta, por qué no se quedan en su casa cuidando a sus hijos?’ Pero se la damos vuelta: con Ruky somos amigas y nos decimos ‘Chuschu’ entre nosotras”. Esta vuelta de tuerca recuerda al origen del término “feminista”. En principio usado para referirse despectivamente a las mujeres que luchaban por sus derechos, luego apropiado por ellas. Y también resume la esencia de las mujeres en asamblea: tomar el mandato patriarcal y usarlo con fuerza en su contra, en defensa de sus territorios, sus comunidades y sus vidas.

Foto de portada: Lucio Savignano


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