La lucha por otra Historia

Por Noelia Bibian Vacaflor

En Argentina reconocemos el 1 de julio como día del Historiador. Más allá de los eventos que dan origen a esta fecha, no se puede ser esquiva con los debates que aporta el feminismo. Las mujeres y las disidencias hemos ingresado en esta profesión, como en tantas otras, a fuerza de luchas por nuestro serio reconocimiento.

La tarea de historiar, de dejar registro de nuestras experiencias y procesos sociales, de proponer criterios para historizar, no puede pensarse por fuera de los debates que nos atraviesan como trabajadoras de un campo de estudios tan particular. Y es que la Historia, con mayúscula, siempre ha sido la de los grandes hombres, la de las batallas, imperios y conquistas. La historia de ellos (history). Incluso, cuando “los de abajo” se incorporaron a la historia, se omitieron las experiencias particulares de las mujeres y disidencias.

Hoy, muchas Historiadoras damos cuenta del enorme esfuerzo realizado por incontables compañeras que evidenciaron el debate necesario. Cuestionaron el androcentrismo historiográfico y nos allanaron el camino para que hoy podamos reconstruir los presupuestos de los que parte la historiografía hegemónica y aquello que llega a la formación en las instituciones educativas.

No solo es necesario escribir nuestra historia (herstory). Es imprescindible una historia pensada desde una mirada integral, que visibilice las desigualdades y las relaciones de poder, que muestre los rostros y cuerpos concretos. Una historia que nos devuelva nuestros momentos de toma de conciencia frente a las opresiones, que recupere, sobretodo, nuestros antecedentes de luchas colectivas.

Como diría la pionera Gerda Lerner: “Allí donde no existe un precedente no se pueden concebir alternativas a las condiciones existentes. (…) La negación a las mujeres de su propia historia [y podríamos decir, la de la sociedad en su totalidad] ha reforzado que aceptasen la ideología del patriarcado (…)”. Ser historiadoras es formar parte de una práctica científica, pero aún más, es tener convicciones éticas/políticas de compromiso con nuestro presente.

*Profesora de Historia, especialista en Educación Sexual Integral y co-coordinadora de FEM-historia, centro de estudios interdisciplinario y de historiografía de género. 

Foto: Victoria Eger


NOTAS RELACIONADAS

NO HAY COMENTARIOS EN ESTA NOTA