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La hipocresía de Carlos Menem

La hipocresía de Carlos Menem

En 1968, el ex presidente Carlos Menem llevó a abortar a quien era su esposa, Zulema Yoma. Esa experiencia tuvo conocimiento público en los medios y mostró su doble moral: fue el mismo que, durante su mandato, instaló el Día del Niño por Nacer, que se celebra cada 25 de marzo. En una actitud que no sorprende, Menem, hoy senador nacional por el bloque Justicialista, se apresuró a decir que el 8 de agosto votará en contra del proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Desentendiéndose así de la clandestinidad que permeó su propia historia, olvidándose que él también abortó cuando negó, durante años, el reconocimiento de la paternidad a su hijo Carlos Nair Meza. Incluso el hermano del ex mandatario, Eduardo, participó del debate previo a la media sanción en Diputados y expuso en contra, aunque no hizo mención del hecho familiar que involucra a Carlos y a su ex cuñada.
Compartimos la nota de opinión que le publicó hoy a Menem el diario La Nación: 
 
“Continuando con la histórica posición internacional de nuestro país y con las enseñanzas de Eva Perón, mi gobierno fue enérgico en la defensa de la vida del ser humano desde el mismo momento de su concepción. Esta fue una clara convicción de nuestros padres fundadores y de nuestra legislación civil, respetada y sostenida aun por los gobiernos de orientación más profundamente laicista. Es la enseñanza que siempre se impartió en nuestros hogares, escuelas, iglesias y templos de todas las confesiones que se instalaron y desarrollaron en el suelo argentino al amparo de la más absoluta libertad de cultos garantizada por nuestra Constitución. La defensa de la vida desde la concepción acompañó también el desarrollo y la consolidación del federalismo, y así fue proclamada y garantizada en gran parte de las constituciones provinciales.
 
Es la Argentina profunda la que reclama el respeto por la vida de nacidos y no nacidos, que reclama solidaridad y ayuda integral para la mujer embarazada con problemas, tal como lo exige el artículo 75, inciso 23, de la Constitución nacional, en la reforma de 1994, que mi gobierno impulsó. La misma norma impone al Congreso asistir al “niño” (así lo califica jurídicamente) en situación de desamparo, desde el momento mismo del inicio del embarazo, protección que estaría muy lejos de brindarse (se trataría de una verdadera contradicción absoluta) de aprobarse el proyecto de aborto libre y eugenésico que hoy está analizando el Congreso.
 
La defensa de la vida desde la concepción y en todas las etapas de la vida es también mi convicción personal, explicitada al electorado tanto provincial como nacional, en las ocasiones en que le solicité, en mi provincia natal y en la Nación, el apoyo a la política de humanismo integral que el justicialismo llevó adelante conforme con las circunstancias en las que le tocó gobernar. Por la defensa integral de los derechos humanos , fundamentalmente el de la vida, estuve privado de mi libertad en condiciones de severo confinamiento, por grupos que, al usurpar el poder del Estado, demostraron su total desprecio por la vida humana.
 
Por tales condiciones impulsé la adhesión de nuestro país a la Convención sobre los Derechos del Niño. Tuve presente entonces el compromiso logrado en su discusión previa, para permitir su firma tanto por países abortistas y no abortistas, al dejar abierto (para las condiciones de adhesión de cada país) la fijación del término inicial de la consideración jurídica de “niño”. Por tal razón promoví la que es ley 23.849, según la cual la Argentina adhiere a la Convención declarando que se es “niño” desde la concepción. Esta es la condición de vigencia de la Convención según la cual ha adquirido nivel constitucional en los términos del artículo 73, inciso 22, de la Constitución reformada en 1994. Este ha sido también el contenido que me permití sugerir a los convencionales constituyentes para su inclusión en el texto constitucional.
 
Confío plenamente en la sincera reflexión de los que somos legisladores, a quienes nos toca la enorme responsabilidad de convertir o no en ley un régimen que pone en peligro la vida de infinidad de niños argentinos”.

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